Una de las figuras más queridas de la TV y el cine de Costa Rica, con 30 años de carrera a sus espaldas, un récord fílmico histórico y en medio del momento personal más difícil de su vida, eligió emprender un regreso que resulta de todo menos cómodo.
Cualquiera en su lugar se habría frenado con tan solo oír los versos de Félix Grande: “Donde fuiste feliz alguna vez no debieras volver jamás”; con más razón, si el sitio del retorno es el mismo donde había sido recibido con desprecios cuando era un novato.
Pero él, sin complejos, siguió sus pasos mientras el mentado poema y aquel desafortunado recuerdo se perdieron por el rabo de su ojo. Entonces, sonriente, entró entusiasmado siguiendo su pasión, descubriendo que el tiempo no había hecho “sus destrozos”, como alarmaba el poeta, sino que lo llamaba a sentirse nuevo, vivo; artista en plena búsqueda.

“¡Qué manera!”, habría dicho impresionado Maikol Yordan, pero no es el caso; en esta nueva aventura, Mario Chacón se metió solo, sin el respaldo de La Media Docena ni de sus personajes.
Gracias a esto, tras siete años, se podrá ver nuevamente a Chacón en las tablas, ahora como protagonista de Bajo terapia, obra que se estrena este 24 de abril en Teatro Espressivo.
En su retorno a un montaje teatral (excluyendo a sus participaciones con el grupo cómico), las circunstancias tienen otro libreto a aquellas que se topó tras el telón hace unos 26 años, cuando con sus amigos del colegio desataron filas en el Melico tan grandes como la indignación del gremio.
¡Qué sacrilegio el de aquellos chamacos que de tablas a duras penas podrían saber la del 0 y 1!. O, por lo menos, ese era el tono de los cuestionamientos hacia La Media Docena que se mascullaban con recelo por los pasillos profundos del teatro costarricense en aquel momento.
Hoy, ese rechazo con el que topó, no es más que divertida anécdota y, a la postre, muchos de los críticos terminaron colaborando con su agrupación durante su exitoso paso por la televisión y el cine.
“Hubo al principio esa barrera con el teatro, pero ya después ambas partes compartimos y comprendimos que éramos complementarios. De hecho, Rodrigo (Durán, director de Bajo terapia) hace el papel del padre en el mundo de Maikol Yordan y Michelle Jones, que es mi esposa en la obra, también ha trabajado con nosotros en La Media Docena”, comentó Chacón.
“No me sentí ajeno o extraño al ambiente del teatro; más bien, superacuerpado. Les agradezco a todos que, teniendo esa formación, me hayan acogido en su grupo. He aprendido mucho de ellos y con mucho gusto he estado a la orden para lo que pueda aportar”, agregó.

Hoy día Chacón también es otro, y el hecho de que asume el reto como la estrella de la película más taquillera en Costa Rica (Maykol Yordan de viaje perdido, 2014), es solo el comienzo. Actualmente, gran parte de la vida del actor y humorista está atravesada por el cuido de su madre, quien convive con un difícil padecimiento crónico.
Por eso, cuando el director Rodrigo Durán llegó con la oferta, al tiempo que Mauricio Astorga lo contactó para otro papel en el teatro El Triciclo, Mario se sentó con ambos al tenor de café y sonrisas y, aunque agradecido, les dejó claras sus prioridades.
“Mi decisión se iba a basar básicamente en el cuido de mi mamá. Yo les dije: ‘Voy a escoger la que me permita mayor flexibilidad de horarios y demás. No es porque me guste más esta o esta’. Y a los dos les agradezco mucho; lo bonito era eso, que eran dos oportunidades que me atraían muchísimo”, reveló.
De ese modo, llegó a Bajo terapia, una obra que lo cautivó por su humor situacional y que le ha significado un proceso de enriquecimiento, del cual conversó con La Nación.
—No muchos le conocen esta faceta alejada del grupo. ¿Qué le aportan estos proyectos de teatro convencional, por llamarlo de alguna forma?
He aprendido mucho tanto de Rodrigo como director como de los compañeros del elenco, en el momento de la preparación, de la técnica, de los ejercicios. Son cosas que honestamente yo no practicaba, pero en este proceso las he ido aprendiendo. Ellos, con mucha paciencia, me han enseñado la parte más formal, digamos.
—¿Cómo ha sido su relación con el personaje que interpreta?
Me ha gustado mucho, bueno, la obra en general. Sobre todo eso de ser tan realista y que tenga sus tintes humorísticos pero situacionales, que no sea el llegar a contar un chiste y usted tiene que reírse aquí, sino que la gente misma, dependiendo de la situación que se vaya presentando, se vaya identificando.
“De mi personaje me gusta también esa parte de que es muy coloquial. En la forma de hablar, a la hora de relacionarse con su pareja, es supernatural. Y le agradezco también a Mima (Michelle Jones), que es mi esposa en la obra, porque creo que hemos formado un buen complemento”.

—Siendo una figura tan reconocida, con personajes tan identificados por el público, ¿hay alguna dificultad para desligarse de todo eso al crear una nueva interpretación?
Hay algunos tintes que uno tal vez quiera esconder y no lo está logrando. Por ejemplo, Rodrigo me ha hecho algunas observaciones, como: ‘Tratá de no hacer esto porque se me parece un toquecito a algo que hace Maikol’. Son detallitos que uno tal vez no está consciente en ese momento.
“Pero para eso está el director, para señalárselo. He procurado no hacerlo y, bueno, siento que lo he logrado, porque han sido poquitas las observaciones de ese tipo que me ha hecho. Siempre existe eso, pero también, al ser unos personajes así tan tan coloquiales, creo que se distancian bastante de uno de ficción”.
—¿Lo renueva artísticamente someterse a estos procesos y a esas correcciones que usted detalla?
Totalmente. Ha sido un flashback lindísimo, como a los orígenes de La Media Docena en el teatro. Ya después pasamos a televisión y al cine y habíamos dejado de hacer esa parte, pero son amores que no se olvidan. De hecho, a mí me han preguntado qué me gusta más entre el cine, el teatro y la televisión, y yo digo que el teatro, por el contacto cercano con el público y la reacción inmediata.
“Porque uno hace los trabajos audiovisuales con la esperanza de que hagan gracia, que gusten, que queden bonitos, pero en el teatro es una única oportunidad la que hay; o sale, o sale. Es hacer ahí mismo el intento de hacer pasar un buen rato al público. Y esa retroalimentación que uno obtiene es algo mágico”.
—Ser cuidador también implica una parte desgastante. ¿Bajo terapia le ha servido también de catarsis?

Llegó a esa etapa de la vida, en la que me encuentro ahora, de retribuir a los papás todo lo que a uno le han dado. Mi mamá ha estado ahí con un padecimiento que requiere mucha atención. Gracias a Dios, mi papá está muy bien y él es parte también del cuido de ella, pero no deja de ser mucha presión.
“Bajo terapia ha sido la válvula que va liberando presión de la parte personal. Me ha servido muchísimo para despejar la mente, para compartir con más personas, para enfocarme en otras cosas. Me ha hecho terapia también con la pérdida de Bongo, el perrito mío que se me fue en diciembre y ha sido fatal para mí”.
—En medio de todo este momento y con una carrera tan consolidada, ¿qué lo mueve a seguir con esa inquietud de crear y unirse a retos artísticos que se pensaría que usted no necesita?
Uno tiene que hacer lo que le motive y haga feliz. Más allá de la compensación económica —que está bien—, por lo menos personalmente lo que más valoro es hacer lo que me gusta y esto del teatro para mí es apasionante. Es un proceso donde nunca se deja de aprender. Más ahora, con este equipo tan profesional, me ha llenado mucho, me ha despejado y ayudado.
“Y lo más bonito y que más me motiva, como desde los inicios con La Media Docena, es tener el privilegio y la bendición de poder dedicarse a algo que pueda aportarle a la gente”.
