![Javier Soto es el único habitante de un observatorio abandonado en Santa Cruz, un proyecto científico clave del siglo XX hoy marcado por el aislamiento y la historia familiar [Imagen con fines ilustrativos]](https://www.nacion.com/resizer/v2/T6T5UHTZWFDL7KW5VHWOAPEMUQ.png?smart=true&auth=f4bc750254142f2b4e34e620b0d4483c3e781bd05d4fd96bfec316fa4b906063&width=1920&height=1080)
Javier Soto tiene 35 años y es el único habitante de un antiguo observatorio astronómico abandonado en plena estepa patagónica, a un costado de la ruta 40. El edificio se ubica a 100 kilómetros de El Calafate y a 500 metros del río La Leona. Allí funcionó, hasta la década de 1970, un ambicioso proyecto científico para mapear el cielo del hemisferio sur.
La cúpula metálica del observatorio destaca en medio del paisaje árido. El viento constante y el paso del tiempo marcaron la estructura. Soto explica que muchos viajeros se detienen para conocer la historia del lugar, ya que no es común encontrar una construcción de este tipo en una zona casi deshabitada.
El joven nació en Puerto Deseado y vivió varios años en Trelew. En octubre del año pasado decidió dejar la vida urbana. Según relata, sintió la necesidad de aislarse y buscar un propósito personal. A esa decisión se sumó una situación familiar: la tierra donde vivió su tío durante más de dos décadas podía quedar sin cuidado. Un primo resguardaba el sitio y lo invitó a continuar con ese legado.
Desde su llegada, Soto vive solo en el interior de la antigua estación astronómica. El edificio carece de equipamiento técnico y permanece expuesto al clima extremo de la región. El viento hace crujir la estructura y refuerza la sensación de aislamiento. Soto señala que buscó alejarse de un modelo de vida que, a su criterio, exige trabajar más y obtener menos.
El propósito
El río La Leona corre cerca del observatorio. Sus aguas glaciales tienen una alta concentración de minerales. Soto las utiliza para cocinar y limpiar, pero no para beber. El agua potable la traslada desde El Calafate en bidones o la recibe de viajeros solidarios que conocen su situación.
Su objetivo principal es cuidar la tumba de su tío, el lonco mapuche Ramón Epulef. El sepulcro se encuentra en lo alto de un cerro cercano al río. Soto considera ese lugar como sagrado. Epulef llegó a la zona en 1998 y murió en 2023. Fue un reconocido domador y baqueano de la estepa patagónica. Su familia pertenecía al linaje Epulef, con territorios históricos en Chubut.
La historia del observatorio
El observatorio tiene su origen en 1934, cuando el ingeniero Félix Aguilar asumió la dirección del Observatorio de La Plata. En ese período, el cielo del hemisferio sur estaba poco estudiado. Aguilar impulsó la creación de una Estación Astronómica Austral y eligió el paraje La Leona por sus condiciones geográficas.
La construcción fue compleja. Los ladrillos se fabricaron y cocieron en el lugar. El transporte de materiales y alimentos resultó difícil. El clima impuso vientos intensos, hielo y nieve durante el invierno. En 1940 se aprobaron las obras y en 1946 el Estado cedió las tierras a la Universidad de La Plata. En 1951 el edificio principal quedó terminado, junto con caballerizas y una vivienda para astrónomos.
El proyecto original incluía una usina eléctrica y una bomba de agua, pero esas obras nunca se concretaron por falta de presupuesto. El agua se obtenía de fuentes cercanas y de la escasa lluvia de la región.
El telescopio y el abandono
La estación se inauguró en 1960, aunque con dificultades técnicas. El telescopio principal llegó desde Estados Unidos, prestado por el Observatorio Lick de la Universidad de California. El instrumento llevaba décadas sin uso. Tras la inauguración, fue desmontado y enviado a La Plata para su calibración.
Recién en diciembre de 1965 el Observatorio Austral Félix Aguilar comenzó a mapear el cielo. La cercanía al río y la frecuente nubosidad afectaron la calidad de las observaciones. Solo se registraban unas 80 noches claras al año, lo que redujo el ritmo de trabajo. El aislamiento también impactó en los astrónomos y sus familias, que carecían de atención médica, radio y transporte regular.
El complejo cerró en 1973. El telescopio regresó a La Plata y el edificio quedó abandonado.
La reconstrucción y el presente
El clima extremo y el vandalismo deterioraron las construcciones. La casa del astrónomo y otras dependencias se transformaron en ruinas. Ramón Epulef reconstruyó el lugar a partir de 1998 y volvió habitable la vivienda principal. Allí crió animales y vivió con su familia. Fue la única persona que mantuvo en pie la cúpula y su interior.
En 2009 se presentó un proyecto para declarar el observatorio Monumento Histórico Nacional, pero no hubo avances. Tras la muerte de Epulef, la familia continuó con el cuidado del predio. El gobierno de Santa Cruz había otorgado al lonco la usucapión de las tierras luego de más de 20 años de posesión.
Soto afirma que defiende un patrimonio relevante para la historia de la astronomía argentina y los derechos de su tío. Abre las tranqueras todos los días para recibir turistas. Sin embargo, en octubre pasado sufrió el incendio de la antigua casa de los astrónomos, un hecho que denunció ante las autoridades.
Hoy se comunica con el exterior mediante una antena Starlink y utiliza paneles solares para cargar su celular por algunas horas. Dos perros lo acompañan en la soledad del paisaje. Soto asegura que el aislamiento le permite conectarse con la naturaleza y valorar la oscuridad y el silencio de la estepa.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
