
Como cantó Miguel Ríos: “directo al corazón”. Para él, “como el primer amor”; para su compatriota, Ricardo Gallén, la frase sería: “como la primera vez”.
Sí, el concertista y maestro Ricardo Gallén conmovió en su debut en Centroamérica, el miércoles pasado en el Teatro Nacional al protagonizar el concierto de inauguración del XVII Festival Internacional de Guitarra de Costa Rica 2010.
Se esbozaban sonrisas mientras se veían sus dedos veloces desde Asturias (Leyenda) , de Isaac Albéniz (1860-1909), obra con la que abrió, hasta cuando sereno dio con Passacaglia , Fandango y Zapateado , tres piezas españolas de Joaquín Rodrigo (1901-1999), que siguieron luego.
Aquella noche el Teatro Nacional era solo para él. Reinaba el silencio. Si a una mosca se le hubiese ocurrido aparecer, hubiese sido tan evidente como un elefante, porque se escuchaba hasta el crujir de las butacas con el movimiento del público.
Aquellos sonidos no lastimaban la concentración de Gallén, quien al término de cada ejecución recibía lo que era justo y necesario: feroces aplausos que él agradeció de pie.
Como de 1820. Cumplido un intermedio regresó Ricardo Gallén al escenario con una belleza: una reproducción de una guitarra de 1820.
Con ella, de delicado labrado, abordó la Suite en Do Menor BWV 997, de Johann Sebastian Bach.
De pie y tan fuerte le aplaudió el teatro, que regreso no una, sino tres veces . Así, fuera de programa, tocó Manha de Carnaval , de Luiz Bonfá; al clamor del aplauso reapareció con algo menos académico, The Moon's a Harsh Mistress , de Jimmy Webb –por lo menos a una persona le bajaron las lágrimas–. Se marchó y fue tal el furor del público que regresó con el Preludio BWV 998 , de Bach. Noche inolvidable.