El gentío tenía la mirada puesta en un segundo piso del lugar. Una tela negra en aquella especie de mezanine hacía las veces de pared, y todos lo daban por sentado: es el camerino y dentro está la finlandesa Apocalyptica.
Así que cuando Eicca Toppinen, Paavo Lötjönen, Perttu Kivilaakso y Mikko Sirén (batería) comenzaron a bajar por la escalera que conectaba el improvisado camerino con el escenario, un tremendo grito se apoderó del Pepper’s Club, ese lugar que está en el limite entre Zapote y Curridabat, y que, hace un tiempo es casa de la escena dura.
Se apagaron las luces, empezaron las ráfagas de “humo” y sonó una representante del 7th Symphony: la melancólica pero fuerte On the Rooftop with Quasimodo.
Esa apertura, con un tema escritor por Mikko Sirén, era un buen augurio: Apocalyptica empezaba con lo propio, algo que había empezado a hacer desde su segundo álbum, el Inquisition Symphony de 1998, una vez superado el hecho de que habían sido conocidos por reinterpretar, con mucha dignidad, a Metallica (Plays Metallica by Four Celloss, 1996).
Y así, después de seis años y un resto de la que fue la primera visita de Apocalyptica a Costa Rica –un día de octubre del 2005– el cuarteto se dejaba ver de nuevo, y en el marco del tour del 7th Symphony.
Apocalyptica abría la cita del jueves 26 de enero del 2012 con un bien estructurado desempeño en el escenario. Eicca Toppinen se mantenía al centro del escenario, mientras Paavo Lötjönen y Perttu Kivilaakso se cruzaban de extremo a extremo de la tarima.
Paavo, con una mirada casi desafiante, se dirigía al público e, inmediatamente, lograba puños alzados y hasta palmas.
Inteligente línea. Primero arriba, muy arriba; en el medio lo que lleva a dar golpes en el corazón (algo de melancolía y dolor), y luego otra vez hasta el techo. Así fue la estructura que aplicó Apocalyptica en el setlist de Costa Ria que, con ligeras variantes, fue similar a lo tocado en otros países.
Así que pasados los primeros 12 minutos de música de la apertura, Eicca Toppinen se acercó al micrófono y saludó con un “¡Costa Rica!”, que fue ovacionado y le entraron a Grace, también una composición de los Apocalyptica, y perteneciente al Worlds Collide (2007). Iban repasando su discografía de ocho álbumes publicados en casi 16 años de vida activa.
Vino entonces lo que muchos esperaban: Metallica según Apocalyptica, así que sonó Master of Puppets y el público hizo lo mismo que en el 2005: convertirse en el cantante y en el coro de Master of Puppets. Entraban en total conexión con los Apocalyptica quienes, chelo en mano, también la tarareaban.
Fue al terminar su referencia a Metallica cuando llegó el momento perfecto para que se integrara al espectáculo Tipe Johnson.
El ex-Leningrad Cowboys acompaña a Apocalyptica en el tour y se hizo cargo de I’m Not Jesus, también del Worlds Collide, y de Not Strong Enough. El tema, que ha sido uno de los sencillos exitosos del 7th Symphony en la voz de Brent Smith, fue cantado a todo pulmón por el Pepper’s Club.
Al corazón. Las luces se cruzaban, los Apocalyptica levantan con una sola mano sus chelos y, en medio de todo, llegó Quutamo, del Apocalyptica, editado en el 2005, para abrir la puerta al estado más emotivo del concierto, porque luego apareció Psalm 1, con Perttu Kivilaakso, siendo el único protagonista en el escenario.
Ya no apoyado en sus dos piernas y de pie; sino sentado, con el escenario a oscuras y una luz enfocada sobre él, el chelista hizo una ejecución emotiva, tanto que, más de alguien ejerció su derecho a escucharlo. Con un sonoro “¡shhhh!”, callaba el público a los que hablaba fuerte exigiendo el silencio necesario. No sería aquello un teatro pero era sinfónico el asunto.
El solo acabó y el público empezó a corear “¡Perttu, Perttu!”, y se sumaron Eicca y Paavo y, ellos también sentados, lanzaron Bittersweet, que fue adivinada por el público desde la primera nota.
No estaban ahí Ville Valo (de H.I.M.) ni Lauri Ylönen (de The Rasmus) para cantarla como en la versión del Apocalyptica, pero para eso estaba el fan tico reunido en el Pepper’s. Se la cantaron de pe a pa y aquel momento emotivo, a la mitad del show, se volvió aún más cuando llegó Nothing Else Matters, de Metallica. ¡Cómo cantó de fuerte y correctamente el Pepper’s Club!
Entró entonces Apocalyptica con Last Hope, famosa en su momento por la participación del Slayer Dave Lombardo, y llegó luego Life Burns! en la voz de Tipe Johnson. Para entonces, ya Eicca y Perrttu se habían descamisado.
Eicca hacía en Life Burns! las segundas voces y, entre todos, se enfrentaban en duelo con los chelos y movían sus cabezas en giros.
Ya la gente estaba eufórica y continuó así con lo que seguía que era duro: Seek & Destroy (de Metallica), en la cual Eicca se fue hasta la batería de Mikko Sirén, y con el arco del chelo tocó ferozmente los platillos. Vino luego Inquisition Symphony, la referencia de Apocalyptica a Sepultura.
Así se acababa el concierto pero el público pidió “¡otra, otra!”, y el cuarteto regresó con At the Gates of Manala, una composición de los cuatro Apocalyptica para el 7th Symphony. Tocaron también I Don’t Care, nuevamente con Tipe Johnson, y Enter Sandman, otra vez dejando claro su afecto y admiración por Metallica .
Daban por terminado el concierto por segunda vez... y no fue suficiente. La gente pedía más y más y más. Volvió Apocalyptica a ser gentil pero no a dar el brazo a torcer.
Aunque le pedía el público su versión de One, también de Metallica, los finlandeses cerraron con Hall of the Mountain King, una obra del compositor noruego, Edvard Grieg, y que la banda incluyó en el álbum Cult (2000), como una especie de tributo a sus raíces como músicos sinfónico, pero con corazón de metal.