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El legendario músico venezolano fue recibido como un héroe del ritmo por las miles de personas que colmaron ayer la tarima, por la que también pasaron Servando y Florentino y los nacionales de la orquesta Son Mayor.
Sin embargo, el dueño de los grandes aplausos fue el incansable salsero, quien demostró que si hay algo que le sobra es sabor, ya que no dejó de bailar durante las dos horas que duró su presentación.
No hubo mucho que esperar para ser testigos de una cátedra tropical, ya que empezó con uno de sus temas más conocidos:
De inmediato, la gente empezó a bailar al ritmo de su música y a gritar y levantar sus manos para tratar de alcanzarlo.
El segundo tema fue
Invitó a su hijo a la pasarela que salía del escenario, lo que provocó gritos entre las mujeres, mientras el muchacho hacía sensuales movimientos en el escenario.
Para ellos, también hubo un regalo visual con la presencia de su hija que bailó y desató gritos por su baile del vientre.
“¡Viva Puntarenas, oeé, oeeé, ticos, ticos!”, saludó al público y se los ganó de inmediato.
Una de las sorpresas de la tarde fue cuando invitó a un joven de entre la multitud a subir al escenario y le cedió el micrófono. Para sorpresa de muchos, incluido el propio D’León, el joven resultó ser muy talentoso y hasta improvisaron juntos algunas estrofas de un tema.
Lo que no todos sabían, incluido el venezolano, es que el joven era Juan Carlos Aparicio, integrante del conjunto Madera Nueva.
El costarricense, conocido como
Aparicio habló con
“Lo más lindo de todo es el calor humano que se sintió. Cuando el público ve a un tico representándolo, lo apoyan a uno y eso no tiene precio”, dijo el joven de ojos azules.
D’León retomó el control del concierto y siguió deleitando a la gente con canciones infaltables en su amplio repertorio como
Esta situación se repitió al menos una cinco veces más, mientras, D’León guiaba, desde el escenario, a los oficiales para encontrar a los revoltosos.
“Es ese, el de gorra negra... ya se la quitó... Sí, ese mismo”, decía el venezolano. “Puntarenas se respeta, a los peleones hay que llevárselos para la reja”, afirmación que le valió la aprobación de la gente.
El desfile por sus éxitos siguió hasta que la luz solar abandonó la playa, pero no fue hasta que Oscar D’León dejó el escenario, tras besar una bandera de Costa Rica, que la noche se tornó fría. Era él quien provocaba calor.