
Escuchando la música de Peregrino Gris, uno se puede imaginar parajes verdosos, bosques, frío, pero también los pimeros rayos de sol de la mañana, los que ahuyentan el rocío.
Este cuarteto está cumpliendo 15 años de ser referentes en la música celta dentro de Costa Rica. Han compuesto y grabado tres materiales de estudio y planean celebrar su trayectoria con un concierto especial este 16 de marzo, en el Teatro Lucho Barahona, San José.
Escuchar sus voces contando su historia no es nada distinto de escuchar su música: hay espacios para la reflexión, también nostalgia y mucha alegría.
Eduardo Oviedo, Rodrigo Oviedo, Randall Nájera y Orlando Ramírez tampoco desaprovechan una oportunidad para hacer un chiste.
Recuerdos. Cuando se juntan para ensayar, se puede captar esa esencia festiva y también la seriedad con la que abordan su trabajo.
Antes de que retomen el ensayo, tras mi llegada, Randal Nájera, el violinista y contrabajista, me advierte que usarán la gaita escocesa y que suena muy duro. Nájera tiene razón, pero el sonido no es ensordecedor ni molesta; es tan raro como hermoso.
Hacen pausas para conversar nuevas formas de tocar las canciones e incluso improvisan.
Esa gaita que sostiene Eduardo Oviedo en sus manos es el motivo por el que están celebrando quince años.
Oviedo dice que, por coincidencia, en un catálogo de un amigo percusionista se topó esa gaita, un instrumento que siempre le había interesado.
Él y su hermano Rodrigo Oviedo son músicos desde muy jovencitos y juntos tocan unos nueve instrumentos distintos.
Eduardo guardó el catálogo de la gaita y dice que ese papel con el instrumento lo llamaba. “Por dos años lo vi todos los días”, comenta Eduardo Oviedo riendo.
En varias ocasiones, lo hacía preguntándose si sería factible que llegara, si valía la pena... Finalmente se decidió y la mandó a traer sin la ayuda de Amazon, sin Aerocasillas, sin nada de eso que damos por sentado. La pidió por fax y luego cruzó los dedos.
Finalmente, la gaita llegó a mediados de los años 90 y ahí empezó su contacto con el instrumento y sus investigaciones.
Cuando, a finales de esa década, Internet se volvió de mayor acceso, Eduardo empezó a buscar métodos de gaita y acordeón de música irlandesa y celta.
Además, logró conseguir música para escuchar e imitar con sus instrumentos.

Eduardo y Rodrigo Oviedo eran parte de un grupo que se llamaba Azul Profundo, de música ecléctica. Tocaban baladas rock y, claro, algunas canciones con gaita, pero al affaire no duró. Si perduroan las ganas de componer canciones enfocados en lo que se podía lograr con la gaita.
Los hermanos Oviedo empezaron a hacer canciones y luego decidieron incluir a un violinista en la fórmula.
El domingo 11 de marzo de 2001 hicieron su primer ensayo con Rafael Howell. Se preparaban para su primer concierto, una presentación el 17 de marzo, Día de San Patricio –patrón de los irlandeses–, en el bar Sharkys, cerca del parque Morazán, San José.
La invitación la recibieron de una mujer irlandesa que, por un amigo en común con el grupo, supo que existía un grupo ideal para la fecha.
“Empezamos haciendo covers de cosas muy difíciles” recuerda Nájera sobre los inicios.
“Lo bueno es que yo no sabía que eran difíciles, entonces la tataba de tocar y salió bien”, dice Randall Nájera, mientras sus compañeros ríen.
Ese primer concierto, con Howell en el violín, lo tocaron sin amplificación, pero el público quedó impresionado. Incluso, un hombre se acercó con un tambor irlandés. Resultó ser Conell, hijo de la irlandesa, quien tocó con ellos otras dos presentaciones más. Uno de esas siguientes presentaciones fue en La Cajeta, Cartago, en como parte de la serie de conciertos de Mundoloco.
Así, sin proponérselo, Peregrino Gris formó parte de un movimiento de grupos de world music, una tendencia que busca recuperar y difundir la música “étnica” del mundo. Su casa de conciertos fue Mundoloco (organizados por Bernal Monestel).
Había grupos como Amounsulu de música basada en el sitar de la India y arábica, así como Amarillo, Cyan y Magenta, que en en aquel entonces era un cuarteto de jóvenes prodigios tocando jazz con variadas influencias.
De estos, solo el último perdura, aunque con una alineación distinta. Perduran también Peregrino Gris, claro.
Camino. Con el tiempo Conell “se desapareció” y Rafael Howell se fue a Estados Unidos a estudiar. Entonces, entraron Randall Nájera en violín y Carlos Quesada en percusión, la alineación de Peregrino Gris que grabó el primer disco.
De ese primer disco hicieron mil copias y, solo en la primer semana, lograron vender 400 en cuatro conciertos. Esas primeras mil copias se vendieron por completo en cuestión de tres meses.
A la fecha, el grupo ha grabado tres discos. Peregrino Gris (2003), Confrontación (2005) y Antes de la lluvia (2013).
Ellos atribuyen algo de ese éxito a que, al inicio del nuevo milenio, las películas de El señor de los anillos se pusieron de moda y eso despertó un interés en el público por la música y la estética celta.
También consideran que su música, que además de lo celta toma de otros géneros como jazz , el folk y ambient , ofrece variedad y algo especial.
“En las ocasiones en las que hemos ido a Galicia, nos hemos dado cuenta de que sonamos diferente: hay un aporte con nuestra música original que tiene ciertas cosas que no tienen las que se hicieron en Europa”,dice Rodrigo.
Legado. El público, que al inicio se quedaba estático de la impresión, ahora los conoce. Y cuando antes los conciertos estaban llenos de caras de sorpresa, ahora se llenan de bailarines que improvisan.
“Como en el 2008, yo tuve un grupo de alumnos de violín que estan ‘con fiebre’ con el tema y para esa época, había como ocho grupos de música celta”, cuenta Randall Nájera.
La mayoría de esos grupos no se mantienen activos, pero el grupo dice estar dispuesto a apoyar cualquier iniciativa que refiera a la cultura celta.
Por ejemplo, han ayudado a organizar el Festival Intercéltico, para que las personas de Costa Rica puedan ver los mejores grupos de música celta de otros países.
Ellos narran que en su carrera han sido cuestionados por oyentes y colegas músicos por hacer algo que se supone no tiene nada que ver con la historia de Costa Rica, algo que ellos niegan.
La música celta tiene su parte de historia en Costa Rica, comentó Randall Nájera, ya que llegó al país en 1950 con los cuáqueros.
“Los ritmos guanacastecos vienen de las jotas del norte de España, el área (de donde sale) lo que ahora se conoce como la música celta de ellos”, dice Nájera.
“Al fin y al cabo somos una esponja y Costa Rica es un lugar ‘multicultural y pluriétnico’, como dicen ahora; somos una mezcla, por lo que me preocupa cuando la gente se cuestiona por qué hacemos esto, mientras ellos escuchan rock ”, subraya Nájera.
Todos coinciden en que la naturaleza social de la música celta –interpretada en reuniones de amigos en casas o bares– es lo que más les atrae de esta música.
Creen que si más personas la conociera, esto serviría para hacer como en los países europeos: amigos y vecinos podrían reunirse a combatir el individualismo, a hacer comunidad.
Ahora, mientras ensayan para su concierto de aniversario junto a Orlando Ramírez, –baterista que los acompaña hace año y medio–, dicen que quieren hacer un nuevo disco.
Saben que la gente ya no compra tantos discos y que ahora los llaman menos para hacer conciertos, pero también tienen claro que con pocos recursos pueden lograr muchas cosas. Y vender discos nunca fue el objetivo.
“Si hacemos un nuevo disco, no queremos repetirnos (...). Siempre vamos a querer ofrecer lo mejor a la gente”, finaliza Rodrigo Oviedo.
