Fernanda Matarrita Chaves. Hace 4 días
La agrupación Morat emocionó intensamente al público costarricense en su actuación de la noche de este sábado, Foto : Adrian Soto
La agrupación Morat emocionó intensamente al público costarricense en su actuación de la noche de este sábado, Foto : Adrian Soto

La noche de este 30 de diciembre, muchos papás y sus hijos fueron más que ese lazo sanguíneo en el Estadio Nacional: ellos se convirtieron en amigos que cantaron, brincaron y bailaron al ritmo de Morat.

En el recinto se vieron muchas caras juveniles y pocas más mayores: eso sí, todos gozaron. Los más chicos o menores de edad, llegaron, en muchos casos, junto a sus papás, quienes siguieron el ritmo del enérgico y alegre recital.

Poco después de las 8 p. m. Simón Vargas, Juan Pablo Villamil, Juan Pablo Isaza y Martín Vargas saltaron a escena camuflados por un denso humo azul. Los gritos en el estadio se potenciaron cuando los miembros de la boyband latina se vieron con mayor nitidez. Justo en ese momento la algarabía se intensificó cuando se dispararon coloridas serpentinas que anunciaban que la noche se viviría con intensidad.

Las primeras canciones emocionaron por igual a los asistentes, sus gritos siempre se escucharon parejos sin importar que las melodías fueran más románticas. Entre los primeros temas sonaron Amor con hielo, Cuando nadie ve, Acuérdate de mí y Punto y aparte.

Ver a Morat resulta agradable. Ninguno de los cuatro artistas tiene más protagonismo: todos cantan, tocan instrumentos y aportan en su show. Son cercanos con el público y ello beneficia la gran acogida que les brindan.

Esta es la tercera vez que la banda de pop latino Morat visita Costa Rica, ahora con su tour Balas perdidas. Esta presentación fue tan especial que parecía la primera. Los colombianos dicen sentirse como en casa.

Juan Pablo Isaza saludó a los ticos y agradeció tanto cariño: “La energía que se respira en Costa Rica no es normal. El pura vida nos carga, se siente. Estamos felices de estar aquí”; dijo hablando por él y sus compañeros.

Y es que Costa Rica les es tan familiar que incluso es un buen lugar para irse de compras, aunque sea de emergencia porque la maleta no llegó. Eso fue lo que le ocurrió a Juan Pablo Villamil, quien tuvo que ir de compras forzadas a un centro comercial para poder encontrar su atuendo de esta noche. En la travesía topó con tiendas repletas de compradores que aprovecharon “un fin de semana de ofertas” que derivó del llamado Black Friday. De este detalle se dieron cuenta solamente quienes le reconocieron.

Morat hizo que sus fieles seguidores se mantuvieran en pie durante todo el espectáculo. Foto: Adrian Soto
Morat hizo que sus fieles seguidores se mantuvieran en pie durante todo el espectáculo. Foto: Adrian Soto
Entrega de todas las edades

Todas las localidades para este concierto contaron con asiento, sin embargo, pocos los usaron. Las casi dos horas de show fueron de entrega completa por parte del público y los músicos. Los asistentes se mantuvieron de pie y tuvieron tiempo para grabar, tomar fotos, hacer coreografías basadas en la letra de las canciones, pero sobre todo, de disfrutar mucho.

Las manos puestas en el pecho, del lado del corazón, y ojos cerrados mostraban el momento de inspiración que vivían muchos fanáticos.

Una niña que realmente vivió este concierto de principio a fin fue Montserrat Rodríguez, de 10 años y vecina de Moravia. Ella llegó acompañada por su hermana María Laura Rodríguez (14) y su mamá, Victoria Scott. La madre asistió no por ser la más fan, sino por acompañar a sus hijas, eso sí, disfrutó del espectáculo y grabó todo lo que pudo para después repasar la gran noche.

Montserrat bailó y cantó con energías intactas. La niña hizo coreografías de todas las canciones. Se acopló a todos los ritmos y se sabía cada letra. Las personas a su alrededor la veían con admiración, pues nada la detuvo durante la fresca y clara noche.

“Estoy feliz. Es una gran experiencia. Es la segunda vez que los veo en concierto. Pero esta ha sido especial”, dijo la niña.

En la misma fila en la que estaba Montserrat, en la localidad Besos en Guerra (cada entrada costó 50.000), Taina Escolero, de 59 años, disfrutaba cuanto podía.

Los ojos también se posaban sobre esta mujer, porque aunque un 90% de la asistencia fue de personas con apariencia juvenil, esta señora dejó bien claro que la edad no incide en disfrutar.

“Cualquiera puede bailar a la edad que sea . Los años no me quitan la posibilidad de disfrutar. Vine con una amiga y mañana vamos a ver a Yatra (el cantante urbano se presentará este 1° de diciembre en Parque Viva”, comentó.

Los chicos de Morat fueron un estallido de sentimientos en el escenario. Foto: Adrian Soto
Los chicos de Morat fueron un estallido de sentimientos en el escenario. Foto: Adrian Soto

Montserrat y Taina llegaron separadas, pero la euforia de la noche, al igual que los otros devotos que no pararon en todo el recital, las unió.

Morat tocó una veintena de temas entre ellos Mi suerte, Presiento, A dónde vamos (su nuevo sencillo), Mi vida entera, Mil tormentas, No se va, Cómo te atreves, La correcta, Aprender a quererte y Besos en guerra. Todas fueron coreadas por igual.

Apertura de lujo.

Desde las 6 p. m., los asistentes más puntuales pudieron disfrutar de la música de los nacionales de Chillax quienes compartieron una amena vibra con sus espectadores y fueron recompensados por su música con aplausos.

Cerca de las 7 p. m., a escena llegó el mexicano Jorge Blanco, quien se dio a conocer en la serie Violetta ,de Disney Channel.

Jorge fue ovacionado por los costarricenses y él respondió con un completo show en el que cantó y bailó por igual. En su presentación hubo música en español e inglés; y fue desde la balada hasta el rock. Blanco se fue con la promesa de volver, pero la próxima a su propio concierto.