Ser niño de nuevo, vivir las emociones como si fueran la primera vez. Gozar, bailar y disfrutar. Reír y divertirse como si no hubiera preocupaciones. Así celebró la banda argentina Los Caligaris en Costa Rica sus 25 años de trayectoria. Ese fue su deseo y lo cumplieron a cabalidad. Hasta queque hubo acompañado por el tradicional Cumpleaños feliz (con cha-cha-chá incluido).
Los argentinos trajeron a nuestro país su espectáculo Veinticirco, show con el que recorren varios países festejando ese cuarto de siglo en el que han bailado y cantado a más no poder. Por supuesto que Costa Rica tenía que ser invitada a la celebración; por ello, la noche de este jueves 27 de octubre el club Pepper, en Zapote, se convirtió por unas horas en una carpa de circo con tremenda fiesta.
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Al agasajo se sumaron los ticos de República Fortuna, Los Ajenos, Toledo y hasta el exfutbolista y trompetista Alonso Solís. También anduvo por ahí Geova, cantante de El Guato y entre el público estaban disfrutando Hugo Villa de Mentados y Sando, de Percance.
Caligaris es sinónimo de diversión. Desde que subieron a la tarima aquello fue un jolgorio, un vacilón con la seriedad que implica la música, porque hay que decirlo claramente: ¡Qué clase de artistas son!
Además de canciones hubo malabares, actos de equilibrio, caras pintadas, narices rojas, pelucas de colores y alegría, muchísima alegría. Arriba en el escenario y abajo entre la audiencia, todos se apuntaron a volverse a sentir como niños.
Al grito de ¡Oé, oé, oé, oeeé..., Cali, Cali!, el público llamó a los músicos para que entraran a tarima. Eran las 10 de la noche, no importaba que fuera jueves. Todos estaban como si fueran apenas las 5 de la tarde.
La locura llegó, precisamente con ese éxito que emociona: Todos locos. “No somos muchos, no somos pocos. Pero estamos todos locos”, decía la canción como un manifiesto de lo que estaba sucediendo en la velada.
El festejo siguió con música muy movida. Caligaris hizo un repaso por su carrera con temas como Frijoles, Añejo W, La abundancia, Sencillez, Estanciera, Con vos y Que corran.
Otro momento de gran sentimiento fue cuando en Kilómetros, la banda invitó a los artistas que los acompañaron en la noche. Ahí subieron República Fortuna, Los Ajenos, Alonso Solís y Geova del Guato y así cerraron la fiesta cantando la pieza.
¡Qué bandotas!
Caligaris explotó una noche que empezó intensa desde la presentación de República Fortuna y Los Ajenos, que fueron los encargados de poner a calentar el agua para que hirviera cuando llegaran los argentinos.
República Fortuna inició su concierto a eso de las 7:30 p. m. Con una serie de éxitos, los ticos pusieron a bailar al público con ese sabor que tiene el ska, esas ganas de dar vueltas y brinquitos.
Trago amargo, Recuerdo lejano y Ay amor fueron parte del arranque de la República en el escenario. En esta tercera canción llegó una de las sorpresas de la noche: Martín Pampiglione, vocalista de Caligaris, se sumó a la pieza que hace más de tres años ticos y argentinos grabaron juntos.
Cuando fue el turno de Los Ajenos, el público bajó un poquito las revoluciones; hubo un sector reacio a enfiestarse con los de Mireya y Pamela Chu, Los Ajenos lo dieron todo en escena y la gente se dejó contagiar por la algarabía.
Y lo lograron porque el que no se sabe la coreografía al ritmo de “¿Qué quiere Mireya? La niña más bella” no está en nada. Fue impresionante ver a los asistentes apuntados con Luisga a bailar el éxito.
Los Ajenos en escena también son arrolladores. Se apoyan de vestuario, de confeti, de ráfagas de fuego y de un sonido también impetuoso.
Casi sombreados entre el público estaban Toledo y Dj P. Los hermanos fueron invitados especiales de Caligaris al show y Los Ajenos no podían dejar pasar la oportunidad de que el cantante los acompañara No me interesa, ese fue otro bombazo de la noche.
Punto y aparte. Toledo es un grande, no importa frente a qué audiencia sea. Apenas subió a tarima, emocionó.
En medio de un público ávido de fiesta y de baile, destacó algo muy llamativo: había una buena cantidad de niños en Pepper disfrutando con todas las ganas del espectáculo.
Eso es lo bonito de la música, no hay barreras, no hay límites. En una fiesta como la que armaron Los Caligaris en Costa Rica quedó demostrado.
