Se suponía que Molotov sería la bomba que caería sobre Parque Viva y que remataría un fin de semana cargado de música y sabor a lúpulo.

Sin embargo, la noche de este domingo, la tarima de la cuarta edición del Oktober Beer Fest fue dominada por Los Amigos Invisibles.
Tras la cancelación de último momento por parte de la banda mexicana, aduciendo un "impedimento de salida por un tema de índole fiscal en México D.F.", los intérpretes de Mentiras aceptaron convertirse en el trago final del festival cervecero.
"Siempre estamos agradecidos de que alguien nos invite a tocar", comentó a Viva José Rafael el Catire Torres, el bajista de la agrupación.

Según dijo, se encontraban en medio de una gira en Miami cuando fueron contactados por la producción del Oktober Fest para ofrecerles el concierto de cierre del evento.
"Fue nada más un avión más, un hotel más", agregó el vocalista Julio Briceño.
La banda llegó a Costa Rica a dos días del lanzamiento de Dame el mambo , su nuevo sencillo, que en palabras de Briceño, trata sobre "la búsqueda de la finalidad y el sentido de la vida".
La canción formará parte del disco El paradise , que en febrero próximo se convertirá en el octavo álbum de estudio de la agrupación.
Sin embargo, los músicos eran conscientes de que su regreso a Costa Rica, tras cuatro años de ausencia, era producto de un cambio de planes. Antes de empezar la entrevista ofrecida a este medio en su camerino, se mostraron preocupados sobre cómo había recibido la noticia el público.
"Traigo un casco de fútbol americano, por si acaso", bromeó el Catire.
Entre los asistentes a esta edición del Oktober Beer Fest se encontraban Conny Castillo e Ivis Guillén, una pareja de hondureños que atravesaron parte del istmo en carro solo para escuchar a Molotov en vivo: ella por primera vez y él, por segunda.
"Nos sentimos engañados, estafados", aseguró Guillén.

La fiesta no murió. Si bien los Amigos Invisibles tienen entre su currículo un Grammy Latino por su álbum Commercial, se podría decir que en Costa Rica sus temas no son tan reconocidos como lo son los hits de Molotov.
Prueba de ello fue que al ritmo de su fusión de disco, acid jazz y funk, Los Amigos Invisibles hipnotizaron al público del festival, pero pocos lograron corear las letras de sus canciones.
Algunos saltaban como si del concierto de sus vidas se tratara, otros dejaban que el ritmo se apoderara de sus cadera y un más ondeaba con orgullo una bandera de venezuela en la primera fila.
Así fue como a Briceño se le cumplió el deseo lanzado desde el camerino, antes de subir al escenario: "Queremos que la pasen chévere".
Pese al inesperado cambio de planes, las caras largas eran inexistentes. La ingesta de licor, el ambiente festivo y la música de los venezolanos se confabularon para encargarse de que, al morir la noche, la ausencia de Molotov fuera pasada por alto.
Eso sí, cuando por fin sonaron las notas del éxito Mentiras, las voces hicieron resonar el Centro Kölbi, en Parque Viva. Quienes se encontraban en pasillos y bares corrieron a toda prisa hacia el escenario para sumarse a la fiesta y registrar el momento en sus celulares.