El lunes 7 de marzo, en los alrededores del Aeropuerto Juan Santamaría, unas 100 personas esperaban la llegada del Ed Force One, gigantesco avión Boeing 747-404 de Iron Maiden.
Las llegadas del grupo se han vuelto una especie de calentamiento para los conciertos y como es costumbre, personas de todo el Valle Central se acercaron a los alrededores del aeropuerto.
No tener una foto de cerca con el grupo fue lo de menos. Unas 50 personas estaban en el extremo este de la pista, en una isleta, esperando el descenso.
A la 1:30 p.m., el avión descendió justamente por ese extremo y la mayoría de los fanáticos soltaron gritos de emoción.
Allí estaban Alex Robles y su grupo de amigos, todos provenientes de Santa Ana.
“Mis amigos han ido a todos los conciertos; yo no, porque era muy chamaquillo, pero siempre los he escuchado”, comentó Robles. Él dijo aún no tener entrada para el concierto, pero confió en que hoy lo solucionaría.
Después del aterrizaje, algunos optaron por correr a conseguir una mejor vista meintras el avión se acomodaba en Base 2.
Entre los que se movieron hacia el costado norte, estaba un grupo de amigos de Cartago que esperaban el avión desde antes de mediodía.
“Ver ese avión de cuatro turbinas fue algo increíble y saber que Bruce (cantante del grupo) lo maneja es otro nivel”, dijo Victor Valerín, de 19 años.
Valerín fue al segundo concierto del grupo en marzo del 2009 y dijo que madrugaría este martes para conseguir un buen campo en gramilla.
Lo acompañaban sus amigos Eric Mata, de 17, que no ha ido nunca a un concierto de Iron Maiden y José Ignacio Guillén de 19, y Gabriel Vives de 19.
Otros optaron por ver la llegada del avión desde el bar La Candela, al costado norte de la pista.
Los más optimistas, se ubicaron en la salida de buses, cerca del espacio de llegadas internacionales, esperando topar con algún miembro de la banda.
Allí había unos 30 fanáticos que se mantuvieron en la zona hasta las 2:45 p. m.
“El recibimiento que les estamos dando es especial para ellos”, comentó José Ignacio Guillén, uno de los vecinos de Cartago.
“Es la tercera vez (que vienen) y ellos no repiten tanto. En Costa Rica hay algo especial que ellos no encuentran en otro lado”, agregó.