Aquel viernes, el pasado, el corazón podía haber estado dividido. O pensar en parafrasear a Pablo Neruda diciendo: “Podría escribir los versos más tristes esta noche”, o sonreír por estar frente a la amplitud de la obra de alguien que partió... ese es Fidel Gamboa.
Es que un tejido de nostalgia, felicidad, gratitud, sorpresa para algunos, duelo y tremenda y confesa gratitud por la herencia sonora que dejó el Malpaís, cobijó al Teatro Nacional en el que fue un tributo para Fidel Gamboa, quien partió el 29 de agosto pasado.
“Solo quería decirle a Fidel: muchas gracias por esta música”. Fue tan puntual y a la vez tan completo lo que dijo José Manuel Rojas, del Quinteto Miravalles, segundos antes de empezar su actuación, que su frase lo cobijó todo.
Fue así como se dio el
Con
La número siete, la que cerró en calidad de estreno mundial, fue
El Teatro Nacional aplaudió con fuerza a los Éditus.
Con el escenario ya vacío, acomodaron silenciosamente atriles y las sillas necesarias. Venía el Quinteto Miravalles.
Flauta y flautín; oboe y corno inglés y francés; clarinete y fagot ahí reunidos para, tras las emotivas y precisas palabras de José Manuel Rojas, entrar al
Guanacasteco, por su estética, y lúdica, por sus imágenes, fue aquel son emotivamente, abordado por el Quinteto Miravalles.
Desde la luneta hasta la gradería, el Teatro Nacional rompió en aplausos. Sonaban cálidos.
Una ocarina dulcemente cantarina y, desde una especie de plano tambor de telas con algo adentro, un acogedor sonido hacía imaginar olas y viento. Comenzaba la
La obra la había compuesto Fidel Gamboa para cuatro trombones y orquesta, y luego la adaptó para ser abordada por un cuarteto de marimbas. Ahí estaba el Ensamble haciéndola suya, después casi tres años de haber sido estrenada.
Acabado el sonoro aplauso, que fue el premio para la ejecución del Ensamble y para el talento de Fidel, apareció
Aquello era pura alegría, había algo de son, algo para bailar.
Llegó el momento del intermedio y cumplido este, el escenario de Teatro Nacional quedó repleto de músicos porque el era el turno de la Orquesta Sinfónica.
Fue
Se dejaba oír
De seguido vino el estreno mundial del tributo de Adrián Goizueta a Fidel Gamboa:
Al final, cuando quedaban solo algunas notas fue proyectada en el fondo del escenario una fotografía de quien era el gran recordado. El texto decía: “Fidel Gamboa 1961-2011”, y el Teatro Nacional rompió en aplausos y se puso de pie.