“Había una vez un uruguayo a quien le cambió la vida cuando, en el 2005, le llegó a las manos un premio Óscar por su canción
La verdad, es que Jorge Drexler tenía más de 13 años de carrera activa y ocho materiales publicados –entre discos y DVD– antes de que Hollywood, la meca del cine comercial, se diera cuenta de quién era.
De haber tenido una mente más abierta, quizá los organizadores de la gala de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas hubieran tomado otra decisión. Mas la que tomaron fue que, por no ser Drexler lo suficientemente famoso, no podía cantar su propia canción –que estaba nominada– en el espectáculo de la gala.
Aquella noche la cantó el actor Antonio Banderas, acompañado del guitarrista Carlos Santana. Como
Estaba claro: este uruguayo se las traía. Y lo reafirmó con sus siguientes tres discos:
Compagina cero con la palabra “éxito”; no escucha cantos de sirena (esos sonidos que suelen perder a los marineros), y tiene el ánimo puesto en ampliar el camino para el genero de la canción con la misma fuerza y constancia que emplea el que abre una zafra.
El 28 de noviembre, Jorge Drexler debutará en Costa Rica. Lo acompañará su banda completa e incluso sus propios técnicos y luminotécnico. Ayer, tuvo una entrevista telefónica con
Ir a tocar a un sitio depende muy poco de la voluntad de uno. Depende de fechas, de la voluntad local, de un montón de otras coincidencias.
“Y sí, demoré mucho en otros sitios. Desde que saqué el primer disco, en 1992, y hasta el 2000 me mantuve por años tocando solo en Uruguay y en España por la razón de que vivía en esos lugares. De golpe hace años, aun antes del Óscar, se empezó a abrir. Fui a Chile, Brasil, México y se fue abriendo el horizonte. Al final,
“Siempre he tenido mucha curiosidad con Costa Rica, un país con las decisiones que toma en diferentes áreas muy interesantes como la no militarización, y la protección a la ecología”.
Esta apertura no ha sido tan veloz. Yo la he visto muy gradual. Tuvo un escalón en el 2005 por el Óscar pero fue, sobre todo, mediático y duró poco la euforia. Es como una tormenta de verano: viene y rápido se va. Y cuando pasa, y no tenés de donde agarrarte, es un problema. Pero yo tenía ya siete discos antes de que eso pasara y ya había tocado en Chile, Brasil, México, Italia y Estados Unidos.
“Lo que pasa es que el proyecto va creciendo. A Costa Rica voy con una banda completa y hasta con un técnico de luces. Un
Más que un
“Los discos que hago son para aprender yo del mundo, para comunicarme, para manejar cosas personales y para tratar de hacer del género canción una disciplina artística que pueda conocer nuevos horizontes.
“Después del Óscar yo seguí haciendo mis discos como los hacía antes. No escuché cantos de sirena, ideas de irme a vivir a otro lado, de hacer otro tipo de música. No me interesó seguir mi vida por lo mediático. La única forma de saber que las cosas van a salir bien es hacer lo que me gusta”.
Es buena pregunta. Es una actividad muy removedora, muy terapéutica, me cura mucho de lo que tenga. Y como es muy removedora, no es una actividad placentera espontáneamente, como sí lo es tocar en vivo. Tocar en vivo es pura alegría, es una celebración, es como un viaje de fin de curso con ocho amigos con los que puedes hacer planes de si vamos a Jacó a hacer surf, o nos vamos al Caribe, o a avistar aves.
“Componer es una ruleta. Entras ahí y no sabes qué vas a encontrar; si lo que vas a encontrar te haráreír o llorar; no sabes si no vas a encontrar nada y vas a estar mal
por días, o si vas a encontrar muchas cosas que te van a cambiar la percepción que tienes de tu propia música. Componer es concentrarme en lo que yo siento, sin escuchar el ruido de lo que hay alrededor”.
Componer exige disciplina y soy poco disciplinado. Imagínate que tengo como año y medio sin componer. Me da mucha pereza porque no sé con lo que me voy a encontrar. Nunca quiero entrar a componer; entro cuando ya estoy desesperado porque tengo algo adentro que me va a explotar si no lo digo.
Una canción, aunque sea muy triste, siempre trae un fondo de alegría y esperanza. El problema es que si te lo tomas en serio, desarmas tu estructura para empezar de cero en cada canción. Es como entrar en una pared de roca que nunca has picado, que es lo que me gusta: empezar de cero, me gusta ese vértigo de la hoja en blanco.
“El riesgo es que puedes no hallar nada; a veces pasas dos días con la hoja en blanco. Cada vez que compongo, me vuelvo inseguro, y cuando aparece algo... ¿cómo decirlo? Te pones eufórico con los cuatro versos que encontraste. Es un proceso maníaco-depresivo. La verdad, no soy muy buena compañía cuando compongo.”
Te voy a confesar algo: en ese disco hablo de la angustia. De todos los discos de mi vida, ese es el más terapéutico que he hecho. Pertenece a un período de mi vida de mucho desasosiego y escribí ese disco totalmente diferente a como escribí los demás. Lo escribí en una libretita de mano y en movimiento.
“Escribía y escribía y escribía, porque escribir me aliviaba esa angustia. Y cuando empecé el disco, tenía unos 70 vectores de canción. No sé escribir sin involucrarme emocionalmente. Soy increíblemente tímido y reservado, pero no puedo dejar de escribir sobre lo que me emociona”.
Fue esencial.
en el blanco. Decidí entonces que en el disco siguiente no me interesaba registrar un
No, no me quita el sueño. Sí, es un espaldarazo. Pero es un espaldarazo en otros círculos. Mi relación con las canciones la describo en círculos concéntricos.
“Uno es el círculo mediático, que es esto que estamos haciendo tú y yo: hablando de mi trabajo y comunicándoselo a terceros. El segundo círculo es el laboral; esto es un trabajo para mí. El tercero es el círculo artístico: la canción es mi disciplina personal y, de manera artesanal, es una búsqueda de la belleza.
“Y está el círculo personal. En este, la canción es una aventura personal porque no es solo la búsqueda de la belleza, sino la búsqueda interior que hago yo a través de la comunicación con los demás y del aislamiento de mirar para adentro. Es, realmente, un espejo.
“Cuando te dan un premio mediático, como pasó con el Óscar, opera en el círculo exterior y, como una mancha de tinta, entra en el laboral, porque te dan más trabajo. Te da un poco de confianza como escritor, y algo de alegría como persona. Sin embargo, solo son gotas las que llegan a los círculos de más adentro. Eso sí; no escribo mejores ni peores canciones si tengo un premio. Claro, es mejor que le den a uno un espaldarazo que un latigazo”.