Música

Jalamelule: de la cumbia al 'dancehall'

Errol Barrantes y Alejandro Ramírez comenzaron a mezclar música de géneros tan variados entre sí como la cumbia y el reguetón. La fórmula, que se sale de las normas, encanta hasta al menos bailarín

Errol Barrantes y Alejandro Ramírez comenzaron a mezclar música de géneros tan variados entre sí como la cumbia y el reguetón. La fórmula, que se sale de las normas, encanta hasta al menos bailarín.

Viernes Santo por la tarde. El éxodo de vacacionistas tenía a San José en una soledad insoportable. Un grupo de amigos que no pudo salir de paseo se reunió para pasarla bien en torno a una computadora con un mega de Internet suministrado por cable módem. Era el año 2002.

La casualidad y las ganas de entretenimiento fueron las excusas para que dos artistas se conocieran y comenzaran a la postre un proyecto musical que acaba de cumplir 10 años de existir.

Jalamelule es el nombre de ese proyecto, de este dúo de DJ que se salen de lo que la norma podría dictar. Impredecible, así es como se puede definir el trabajo que realizan Errol Barrantes y Alejandro Ramírez con sus mezcladoras.

Esa búsqueda de lo diferente, de hacer lo que les gusta y de programarlo para que suene en los parlantes, es el norte que ha marcado al dúo desde sus comienzos como DJ allá por el año 2008. Ese camino es el que hoy los lleva a grandes escenarios nacionales e internacionales para poner a bailar a miles con éxitos del ayer y del hoy, de géneros tan variados como el moombahton, el pop, la cumbia y hasta el reguetón.

Errol y Alejandro, tan diferentes entre sí, están unidos por la pasión de volver feliz a cualquiera que se acerque a sus famosas fiestas o que los escuche en sus conciertos. La historia la cuentan mejor ellos.

La ciudad de San José, específicamente el centro, barrio La California y los alrededores del Parque Morazán son los hitos más importantes en los comienzos de Jalamelule. ¿Por qué? Sus primeros pasos los dieron en bares josefinos. “Comenzamos por hacer proyectos en conjunto de artes visuales, de performance; con todo eso fuimos fortaleciendo la relación”, relató Barrantes.

Ya como amigos, Ale y Errol visitaban muy seguido Area City, un local en La California, ese fue el primer lugar donde los compas se tiraron al agua. “Nos juntábamos los amigos ahí todos los días, éramos como una silla más del local. El dueño siempre nos notaba ahí y un día nos propuso ‘mandarnos’. Errol siempre fue muy metido en cosas de computadoras, de maquinitas y todo eso, era muy fresa. Se había comprado una controladora pequeñita, súper ‘chafa’, que nos servía por lo menos para oír la canción que íbamos a poner después”, recordó Alejandro entre risas.

La complicidad fluyó. No solo compartían ciertos gustos musicales sino también su afán por ser rebeldes, algo que en la actualidad llevan como una bandera a la hora de programar los sets musicales. “Recuerdo que la complicidad desde ese momento fue muy vacilona. En el Área –que era un lugar donde se escuchaba música más under, alternativa, inglesa o hasta new wave– poníamos lo que queríamos, nos regañaban. En ese momento nosotros íbamos como para un baile del cole con Big Boy, Red Rat y esas cosas, como si estuviéramos en una tarde juvenil”, complementó Errol.

La primera vez en Área fue un martes, no se acuerdan bien de la fecha, pero sí del día porque durante varias semanas la fórmula –que en principio a más de uno le paró el pelo– gustó. Comenzaron a experimentar con géneros, con artistas, con sonidos, con mezclas. El resultado fue una propuesta ecléctica que ponía en los parlantes a Yuri mezclada con Daft Punk, luego algo de dancehall y al final un poco de cumbia.

“Era una cosa como de feeling, como de que íbamos viendo qué iba a pegar, qué cosas eran las que iban a prender a la gente, a ponerla a bailar. Creo que esa es una de las ventajas con las que trabajamos desde el principio: nuestro punto fuerte es que sabemos leer muy bien al público”, explicó Alejandro.

Después del pegue en Área, donde los acompañaban los amigos, llegó la invitación para una fiesta de cumpleaños que se celebraría en el bar Bahamas, también en La Cali. Para esa ocasión, otro compa les pidió que le pusieran la música para el baile, ellos aceptaron pero fueron más allá y se animaron a hacer montajes visuales para ponerle más color a su espectáculo. Bahamas era un barcito pequeño donde los grupos de clientes se reunían para hacer sus eventos privados, hasta que Errol y Ale llegaron a reventar la fiesta.

Tras el éxito de aquella presentación, el dueño del lugar les pidió que siguieran poniendo música los viernes. El pago era ¢10.000 por noche para los dos y las cervezas que se quisieran tomar. Negociazo.

Los artistas recuerdan que en ese tiempo el desarrollo fue muy orgánico y ellos como que no querían que la cosa se pusiera seria, entonces evitaron el tema de ponerse un nombre para que siguiera siendo natural, hasta que llegó de la manera más divertida y fácil.

-¿Cómo nos vamos a llamar?

-¡Ay! ‘Jalamelule’, como decía mi abuelo.

“Nos quedamos viendo, soltamos la risa y todo tuvo sentido. No queríamos ser DJ, no queríamos ponernos nombre porque había gente que estaba haciendo cosas y querían sonar cool solo porque tenían nombre, sin ofender a nadie”, afirmó Errol.

La expresión que seguido decía don Clemente Salas, abuelo de Alejandro, fue la elegida para bautizarlos. Una vez más se confirmaban las ganas de los amigos a romper paradigmas, a no ser más de lo mismo.

Bahamas se fue haciendo pequeño. Errol y Alejandro tocaron ahí durante vario tiempo, hacían de todo, hasta inventaron fiestas temáticas como en las que su público iba vestido con ropa deportiva y hacían sesiones de aeróbicos mientras ellos ponían, por ejemplo , Cuando calienta el sol.

De Bahamas saltaron a el bar El Morazán, pasaron después al Steinvorth, donde tuvieron su época más fuerte.

En resumen, San José engendró y apadrinó a dos muchachillos que quisieron poner música para el vacilón y que ahora ven cómo su pasión los lleva a grandes escenarios.

Lo que distingue a Jalamelule de los demás proyectos de DJ en el país es la relectura que le dan los artistas a temas diferentes pero extrañamente parecidos. Su labor la hacen bien, tanto que entre mix y mix no se siente el golpe de géneros y, por el contrario, el público sigue bailando una pieza tras otra sin discriminar.

“Es divertido poner algo que estuvo de moda hace más de 20 años, por ejemplo. Nos emociona mucho eso de buscar darle vuelta a la cosa, incluso ahora que se supone que ya somos Dj””, dijo Errol.

Esa picardía que ponen en sus presentaciones, la sorpresa que provocan en el público que los ha seguido desde Area hasta el Steinvorth durante sus conciertos, es lo que los hace favoritos de muchos; hasta de esos que hacían muecas de desaprobación cuando sonaba algo así como un reguetón cumbianchero en las mezclas.

Como los cambios en la música son constantes, ellos se mantienen actualizados. Estudian lo que está de moda, lo que estuvo y también ensayan lo que estará en el oído público. Concuerdan en que cada uno tiene sus predilecciones y aunque tratan de “no majarse la manguera”, a veces Errol se tira con una cumbia y Ale se anima a mezclar dancehall. Eso sí, están totalmente de acuerdo en que ninguno pone bachata.

“No es algo natural en nosotros, por más que sea el éxito del momento”, explicó Ale.

“Nos pasó con el reguetón al principio. Recuerdo que en el 2004 había tenido una aproximación gracias a un disco quemado que me regaló Chemi Rosado con lo que sonaba en Puerto Rico en ese momento. Nosotros nos quitábamos de eso porque no era lo que andábamos buscando, pero pasó un tiempo y volví a encontrar el disco, lo pusimos porque era lo viejo, lo que nos parecía bueno y le abrimos la puerta”, recordó Errol.

10 años de trabajo no se resumen fácilmente, pero los amigos concuerdan en que madurar (en edad, porque el espíritu sigue tan joven como cuando empezaron) les ayudó a llegar a buen puerto.

“Empezamos en una cosita pequeña, pero hemos tenido también la oportunidad de tocar frente a 10 mil personas. Nos ha tocado abrirle a grandes que admirábamos como Toy Selectah o Dave Nada”, aseguró Errol.

“Primero que todo esto nos ha dado para vivir. No mucha gente puede decir que vive de la fiesta que provoca la música. Hemos cumplido metas personales y artísticas que también nos han llevado adelante con otros proyectos personales”, agregó Alejandro.

De la fiesta, de lo orgánico, pasaron a ponerse serios en temas de administración. Errol es quien lleva la batuta en las contrataciones, números, organización; Alejandro deja que su amigo y cómplice lo haga porque le tiene total confianza.

Jalamelule se sale del canasto, buscan entretener haciendo y compartiendo lo que les gusta, lo que les parece perfecto para la fiesta.

Ese tal vez es el gran secreto de una década detrás de las tornamesas, en escenarios pequeños o grandes como lo fue su pasada presentación como espectáculo de apertura de Los Ángeles Azules en Parque Viva. Quieren seguir con su línea, esa que es totalmente inesperada para la audiencia, pero que la calienta al borde de poner a jóvenes y más grandes a bailar. Porque aquí se baila de todo.

Viernes 15: La Fira (centro comercial Vía Lindora) 11 p. m.

Sábado 16: Mercado La California Non Plus Ultra 2.0 (Festival de Djs). 10 p. m.

Domingo 17: Bar Boulevard (Heredia). 2:30 p. m.

Viernes 22: La Concha de la Lora (barrio La California). 10 p. m.

Jueves 28: Home Finest Lounge & Terrace (Vía Lindora) 10 p. m.

Sábado 30: Antik Restaurant+Bar-Casa Matute. 10 p. m.

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