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El concierto del boricua, organizado para celebrar los cien años de cantonato de San Carlos, estuvo amenazado por una intensa lluvia y una espesa niebla que hacía pensar que al
Sin embargo, hasta el agua cedió ante los encantos del artista y justo cuando se abrieron las puertas, para que los espectadores entraran al centro deportivo, el cielo se despejó y una brisa refrescó aquella noche de fiesta.
A eso de las 8:40 p. m., las luces del estadio se apagaron y el público completo se estremeció cuando la orquesta de Santa Rosa tocó un popurrí con algunos de sus éxitos.
La algarabía se hizo sentir cuando el artista salió a escena para cantar
Mientras el cantante apenas saludaba a los costarricenses, los organizadores permitieron el ingreso de las personas que estaban en la gradería a la gramilla
En ese instante, el recinto de los toros del norte se convirtió en un gran salón de baile, donde el público gozó y se puso en movimiento con temas como
Como buen caballero, Gilberto Santa Rosa no dejó pasar mucho tiempo para saludar a sus fanáticos. Ellos se deshicieron en miles de gritos eufóricos con sus primeras palabra s en escena .
“Estoy encantado de estar en San Carlos por primera vez, ¡felicidades en su aniversario!; diviértanse y pásenla bien. Esta es la segunda vez que canto fuera de la capital, ya, poco a poco, los voy conociendo más. Esta vez, vine poco tiempo, pero la próxima vez me quedo un poquito más”, dijo el cantante.
De inmediato, las luces bajaron su intensidad y los acordes románticos de
No todo fue melancolía, pues, casi de inmediato, la felicidad volvió con
Los sancarleños no cabían de la alegría con la presencia del artista. Con locura, unas muchachas le gritaban desde la gramilla: “ ¡Rico! ¡Te amo!”. Estas declaraciones le provocaron una carcajada al cantante, el cual les dijo: “Me las voy a llevar a todos mis conciertos”.
La fiesta siguió y la salsa no empachó a nadie. Al cierre de esta edición, el maestro deleitaba con