Ocho años antes de que el filme
Nunca antes ni con su álbum debut,
Pero así es Hollywood. Su poder mediático es tal, que ocho años después de una intensa carrera, Lila Downs apareció como una supuesta novedad. Para muchos lo fue.
Hoy, con 16 años de carrera encima y seis discos más –además de un álbum nuevo en proceso–, la hija de Anita Sánchez, cantante que salió humilde de un pueblo mexicano, y de Allen Downs, un profesor estadounidense de cinematografía, es con quien muchos quieren cantar y coser su nombre.
Ha cantando en vivo con Caetano Veloso; hizo el tema
Lila Downs, que nació en Heroica Ciudad de Tlaxiaco, Oaxaca, (México) y creció en Minnessota (EE. UU.), canta en español, inglés, francés y otras lenguas.
Ha dedicado su voz y su fuerza a reivindicar sus raíces mexicanas y las de los pueblos indígenas mexicanos, como el mixteco, zapoteco, maya, purépecha y náhuatl.
También es una mujer de amplias visiones y, como crisol que es, de amplias sonoridades.
En
Su lucha social ha sido feroz, pero pacífica. Al lado de proyectos como la Fundación Dolores Huerta y su apoyo al Fondo de Becas Guadalupe Musalem, ha ido ayudando a reivindicar los derechos y las oportunidades de las mujeres y de los campesinos.
Con una vida dedicada a construir, Costa Rica no podía ser poco generosa con ella. Así que su debut en suelo tico, que será el 3 y 4 de setiembre, fueron declarados de interés cultural por el gobierno.
En una entrevista con ella,
En parte sí. Fue el resultado de una gira que estábamos haciendo en Europa y radio FIP nos ofreció hacer una grabación.
Sí, por mucho tiempo pero no se había podido. Lo que se entrega espiritualmente en un disco en vivo es diferente; en el estudio te sientes como bajo el microscopio. Por eso fue algo que quería hacer y también fue un reto.
(Ríe). Pues eso dicen algunos. Era un momento particular en mi vida. Fíjate que traté de tener un hijo y no pude hacerlo por mí misma y, ahora, acabamos de adoptar un bebé y estamos felices.
Sí, Benito. Y en ese momento (al no poder concebir), sentí que me habían quitado mi femineidad. Despertó algo en mí muy fuerte, como una loba que iba a pelear por eso. Y mi necesidad era poder expresar lo que había dentro de mí. Eso es lo que se manifiesta ahí.
Sí, es verdad y eso también es un prejuicio.
De sentirme linda de nuevo.
Sí. Es nutritivo para el corazón y para el alma.
Parece ser que no. La historia de mi madre es algo inusual. Una mujer que peleó mucho y se liberó muy jovencita; luchó para que yo fuera a la universidad. Que yo me educara era su mayor preocupación. Viniendo de una mujer que salió de su comunidad con los pies descalzos, fue un regalo de Dios que todavía va todos los días a cultivar su maicito y sus frijoles.
Claro, especialmente porque por mi apellido tenía la necesidad de explicar quién soy y de dónde vine y esos discos ayudaron a que yo, como la serpiente, tirara los cueros (mudara esas pieles) para revivir, cada vez, de una manera distinta. Ahora, me siento más plena, hay una paz interna más grande, pero eso no me impide pensar en que hay que luchar por las personas que tienen menos privilegios que yo.
No se hizo pensando en eso. Quería hacer algo con la sonoridad, la música de Nueva Orleans, el origen del
Creo que va a ir más por lo sagrado y lo religioso, porque yo cargo con eso también, con la religiosidad. Estoy trabajando en un disco para reconcebir el mariachi, con canciones tradicionales mexicanas y temas de mi propia inspiración. Se trata de los milagros de la vida y me inspiré en un arte novohispano, que se acentúa aquí en el México de los milagros o exvotos de un dibujito que se llevaba a la iglesia, en agradecimiento a un santo por haber concedido el milagro.
Sí, claro, pero también tiene que ver con los tiempos que estamos viviendo en mi país, estamos viviendo un momento difícil, doloroso, en el que hay dificultad para distinguir el bien y el mal. Y tengo mucha curiosidad en porqué el ser humano, cuando tiene tanto poder, cruza una línea extraña.
Creo que las mujeres podemos organizarnos y lograr muchos cambios. Estoy viendo que es posible; lo veo en la Fundación Guadalupe Musalem que tú mencionas, porque hemos logrado mandar a más de 50 niñas al bachillerato en la universidad, con profesionales asesorándolas y viendo por ellas para que sigan estudiando. Es un proceso en que tenemos claro que ellas volverán a su lugar de nacimiento o a su comunidad para ser parte importante de esa sociedad y van a organizar y a concientizar a su gente.
(Se ríe). A mí también. Siempre es duro que comparen el trabajo de uno con el de alguien más, pero si, encima, son dos personajes a los que uno admira mucho pues ¡qué más da! Es un cumplido.
Esa mujer me ha llevado de nuevo a la música, porque yo la había dejado. Así que le debo mucho y siento que ahora la música de Argentina tiene un lugar muy importante para mí y por eso, posiblemente más adelante, cante mucha más música del Cono Sur.
Hay una mujer, aquí de mi población en una comunidad indígena. Ella tiene una ollita en la que cocina sobre el fuego sobre un piso de tierra y ella nos invita, a todas los que queremos, a comer. Esa pequeña ollita produce la comida para todo un batallón de gente. No sé como lo hace, pero es como un milagro.
“Admiro a esas mujeres. A las mujeres trabajadoras que hacen las tortillas en mi país y siento que se merecen todo el honor, un tributo muy grande”.