
Parafraseando el título de uno de sus principales éxitos, antenoche, el grillo saltó como nunca antes y el mar reventó olas con todas sus fuerzas ante las 2.000 personas que abarrotaron el Club 212.
Cerca del límite entre San Joaquín de Flores y Río Segundo de Alajuela, los guatemaltecos de Alux Nahual demostraron por qué el concierto que compartieron con los ticos de Malpaís se llamó
En este lugar, no hubo fronteras. La música se unió para sacar cientos de sonrisas y provocar que la velada realmente valiera la pena.
Desde las 9:20 p. m., el grupo de casa había ya abandonado el escenario en una actividad programada para iniciar a las 8 p. m.
De inmediato, más de cinco personas invadieron la escena para efectuar pruebas de sonido y cambiar, tan pronto como pudieran, los instrumentos que utilizaron los visitantes, quienes realmente parecieron locales.
La verdad que la espera se hizo eterna, al punto de que a la distancia, uno de los presentes gritó “partido, partido”. A las 9:58 p. m., las luces del club se apagaron, señal inequívoca de que los chapines llegarían en cuestión de segundos.
Quizá como la paciencia no es virtud de los ticos, poco a poco, los aplausos se mezclaron con un cúmulo de silbidos desesperados, pues los minutos parecían horas. Eran ya las 10:10 p. m. –en momentos en que el público gritaba “Alux, Alux, Alux...”– cuando, uno a uno, sus integrantes salieron a escena.
“¿Y dónde está Álvaro?”, exclamó una seguidora ubicada en uno de los dos sectores vip, a los lados del escenario y a menos de tres metros distancia de la agrupación.
Precisamente, Álvaro Aguilar (el vocalista) se mantenía detrás de la cortina para saltar al escenario, igual que un grillo, en una entrada triunfal.
Él comenzó a interpretar “
“Alto al fuego, cese al fuego” resultó en un bullicioso coro de explosión y tranquilidad de todos.
De seguro, los de Alux Nahual se sorprendieron de ver a dos niños en primera fila, junto a la baranda de seguridad, pegados al coro y moviendo la cabeza hacia adelante y atrás, como todo unos expertos.
A cinco metros de los pequeños, en primera fila, se dejaba ver un cartel que decía “con todas mis fuerzas” y cerca de ahí, dos muchachas cuyas sonrisas no se apagaron en toda la noche.
Tenían más de tres horas de pie, expectantes de sus ídolos que no cantaban en suelo tico desde hace tres años, en un recordado espectáculo en Torre Geko.
El público se distinguía por su variedad. Ya decían los guatemaltecos de que querían ver a muchos jóvenes en el concierto, esos que han seguido su música por la influencia de sus padres, tíos, hermanos mayores y abuelos.
A la distancia, ya fuera entre quienes estaban de pie (la mayoría) o los del segundo piso en las locaciones vip, las cabelleras canosas se mezclaban con quienes no superan aún los 30 años.
La tónica la marcaron varias parejas que no soltaron sus manos en ningún momento, ya que de seguro, el repertorio incluiría las mejores baladas de Alux y no sería oportuno desaprovechar el momento.
Las diferencias de edad entre los seguidores no hizo mella en el entusiasmo, ni en el de un extranjero que abrazaba a una explosiva
“Ya era hora”, expresó un fanático, lo que dio pie al segundo tema de la noche,
La banda insignia del
Sus seguidores acataron la orden y corearon la pieza, con todas sus fuerzas, a tal punto de que, por momentos, no fue necesario que Álvaro los guiara.
De seguido, el repertorio dejó escuchar
A él le correspondería abrir el tono romántico con
El amor no se alejó del lugar y más bien se extendió con
Con
El repertorio continuó con
Uno de los momentos más emotivos ocurrió cuando Álvaro pidió ayuda para tocar un sencillo “dedicado al género femenino”.
Así, la gente supo de una vez que se venía
La lista de complacencias contempló
Los músicos abandonaron el escenario para volver y cantar
Y lo mejor estaba por venir. Ya el sábado se despedía y el domingo asomaba su nariz en la emocionante noche herediana.
La hora no fue razón para que los fanáticos no disfrutaran una de las canciones más pedidas de la noche:
El cierre no pudo ser mejor. Álvaro se dirigió al teclado e inició la despedida definitiva con la “cortavenas” y profunda letra de
Eran ya las 12:15 p. m. y el concierto comenzaba a ser una historia dominical para contar, al tiempo de que muchos