Jessica Rojas Ch.. 20 julio
El cantante puertorriqueño Daddy Yankee no tuvo dificultades en seducir a los ticos. Foto: Mayela López
El cantante puertorriqueño Daddy Yankee no tuvo dificultades en seducir a los ticos. Foto: Mayela López

Todo empezó Con calma, pero solo duró unos pocos segundos. Cuando Daddy Yankee comenzó a cantar su más reciente éxito, todo se volvió una locura. El Estadio Ricardo Saprissa fue la noche del sábado el centro de las sacudidas de las caderas que se movían a gusto del Big Boss.

Pasaron 12 años desde la última vez que el público costarricense vio en vivo al Cangri; en aquel momento, el pequeño Santiago Van Browne Palma ni siquiera había nacido, pero el chico de ocho años fue uno de los miles de fanáticos que se rindieron ante la energía y el reinado que Daddy Yankee ha forjado en más de 30 años de trayectoria.

“Me gusta un montón porque lo pone a uno a bailar mucho”, dijo Santiago, quien disfrutaba del concierto, como lo hicieron muchos niños, junto a su mamá Mariela Palma.

Esa es una de las tantas cualidades del puertorriqueño: la diversidad de seguidores que conquista con sus canciones pegajosas, pero no esto no es algo antojadizo. Daddy Yankee es, hoy por hoy, el nombre más importante del reguetón en el mundo; es indiscutible.

Desde hace 15 años, su nombre ha sonado constante y fuerte en la música latinoamericana. ¿Por qué? La respuesta es sencilla y a la vez complicada: porque es EL pionero del reguetón, esa música que incomoda a muchos, pero que fascina a millones también.

El cantante puertorriqueño Daddy Yankee fue fuego puro. Lo dejó claro con su espectáculo en el Estadio Ricardo Saprissa. Foto: Mayela López
El cantante puertorriqueño Daddy Yankee fue fuego puro. Lo dejó claro con su espectáculo en el Estadio Ricardo Saprissa. Foto: Mayela López

Así lo confirmaron las miles de almas que estuvieron el recinto tibaseño y que fueron testigos fieles de las varias razones por las cuales el puertorriqueño Raymond Ayala es un ícono viviente de la música, de la fiesta y del perreo intenso.

Sí, fue inevitable contagiarse de las emociones en el show del boricua en nuestro país. Desde los más pequeñitos hasta quienes se veían más serios en las graderías del estadio fueron seducidos por cada una de las canciones exitosas del Cangri. No fue fácil resistirse ante una selección de temas que (todos) han sido bombazos globales porque eso es justamente lo que le dio la corona a Daddy Yankee: la internacionalización del reguetón que logró en el 2004 gracias a su disco Barrio Fino.

Que si La gasolina, que si Con calma, que el Shaky Shaky, que también Dura; son las más recordadas en la memoria colectiva haciendo un breve repaso, sí, pero también hay otro montón de piezas y en cuanto sonaron sus primeras notas revivieron los recuerdos y, sobre todo, provocaron el sandungueo, entre ellas La despedida, Rompe y Lo que pasó, pasó.

Vestido completamente de blanco, Daddy Yankee se mostró carismático y divertido durante su presencia en escena. Ese tal vez sea otro de los secretos del artista sólido que ha mantenido a flote su carrera, ya sea con sonadas colaboraciones o con sus temas en solitario. Aunque pueden pasar momentos de silencio creativo, no deja de estar en el ojo público porque produce, seduce y la pega.

Hay que alabar la calidad del protagonista de la velada reguetonera que, desde horas de la tarde, comenzó con la participación de varios artistas costarricenses, quienes aprovecharon la tarima del Saprissa para calentar los ánimos con sus propuestas originales: Los Ajenos, Pacho & Gia, Banton, Toledo, Dani Maro y los DJ Gupy, Rury y José Fuentes fueron los invitados nacionales.

Decimos que hay que alabar a Daddy Yankee porque su excelencia artística y su talento comprobado estuvieron presentes desde que puso un pie sobre el escenario. El montaje del show correspondió justamente en la calidad; en Costa Rica vimos exactamente lo mismo que el rapero de 42 años ha presentado en escenarios de Europa y Estados Unidos.

Juegos de pirotecnia, fuego en el escenario, humo, luces inteligentes, un sonido envolvente, un DJ cómplice y un grupo de excelentes bailarines fue lo que presentó el boricua en nuestro país.

Un gran encuentro
El reguetonero volvió al país como parte de su gira
El reguetonero volvió al país como parte de su gira "Con Calma". Foto: Mayela López

Con una seguidilla de éxitos fue como llegó el Big Boss al concierto. El repertorio que presentó en el Saprissa fue un repaso por su carrera.

A la lista de piezas ya mencionadas se sumaron Llamado de emergencia, Tu príncipe y Somos de calle.

Para cuando llegó Dura, la locura crecía y crecía. Las emociones siempre fueron en ascenso y es que el boricua no para de derrochar energía a pesar de que, relativamente, baila muy poco debido a una lesión que tiene en una pierna desde hace muchos años. Sin embargo, su entrega en tarima y la complicidad con sus bailarines son tan grandes que poco hace falta verlo a él sandungueándose.

Destacable, en este punto, la bailarina morena de cabello rubio que, aprovechando el argot, la botó durante la movida Shaky Shaky. Se robó por completo el show.

Demostrando una vez más su talento, tras el bombazo que fue Shaky Shaky, Daddy hizo gala de su capacidad para rapear; hay que recordar que antes de reguetonero, comenzó en su barrio como rapero.

Daddy Yankee aprovechó para elogiar la belleza de las mujeres costarricenses y también al país por su paz. El boricua reconoció la buena imagen de Costa Rica ante el mundo y aseguró que en suelo tico se siente como en su natal Puerto Rico.

Justamente, como invitada especial de su querida isla, antes de que él subiera a tarima, la Miss Universo 2006, la puertorriqueña Zuleyka Rivera hizo una breve presentación de baile. En ese momento, la modelo aprovechó para pedir desde esa trinchera, la salida de Ricardo Roselló, gobernador de Puerto Rico.

En Puerto Rico se vive una situación social tensa con manifestaciones de puertorriqueños, entre ellos artistas como Ricky Martin, Bad Bunny, Residente y el propio Daddy Yankee, quienes piden la renuncia del gobernador.

Intenso
El cantante se hizo acompañar de bailarinas que encendieron la noche, como es costumbre. Foto: Mayela López
El cantante se hizo acompañar de bailarinas que encendieron la noche, como es costumbre. Foto: Mayela López

Con cerca de una hora de presentación, Daddy Yankee iba dejando para el adiós lo más fuerte.

Se guardó para el cierre piezas como Machucando, pero era obvio que dejara para el final Gasolina, su carta de presentación para el mundo.

Este fue uno de los momentos más fuertes de la velada. La introducción del más grande de sus éxitos tenía que ser por todo lo alto. Imposible no emocionarse por una canción que se escuchaba y escucha aún por todos los rincones, en todas las radios.

Otra inyección de adrenalina llegó directo a las venas cuando sonó la inconfundible introducción de Despacito. El público hizo la voz de Fonsi mientras Daddy Yankee hizo lo propio. La canción, tan premiada y querida, fue parte de la locura del espectáculo completo que ofreció el boricua.

Rendidos ante el rey, así fue como miles de personas disfrutaron una noche intensa cargada da de perreo, de sandungeo boricua y del talento innegable del gran Daddy Yankee.

Cerró con las impresionantes Limbo y Lovumba en medio de la adrenalina de un público vuelto absolutamente loco por su espectacular show.

Quedó claro que Daddy Yankee seguirá siendo el rey.