
La respuesta a la pregunta que da título a esta entrega tiene que ser rotundamente afirmativa. Si no es así, entonces, tendríamos en el país a una insaciable fanaticada del reggae roots y ska. Sin embargo la respuesta tiene que ser afirmativa, insisto, pues en poco menos de un año llegaron a nuestro país los grandes grupos representantes del sonido reggae y sus derivados, incluyendo el ska, quizás el de mayor oferta.
Con solo citar algunos nombres cualquier amante de estos géneros entiende que hemos escuchado a los iconos en la historia de esta música: The Wailers, Black Uhuru, Steel Pulse y ahora Skatalites. Esta última agrupación influyó en el estilo de todos sus predecesores incluyendo al gurú Marley. En lo personal, el paquete me quedaría completo si agrego a los ingleses de UB40. Y, por supuesto, Peter Tosh. Sin embargo al día de hoy me doy por satisfecho.
Bien que mal y, por lo general, más bien que mal, los esfuerzos de los empresarios interesados por traer al país estos grupos ha provocado resultados visibles en las producciones locales.
A estas alturas del partido, para nadie es un secreto que el reggae roots y el ska se cuentan entre los géneros dominantes en la escena musical nacional.
La presentación de Skatalites convocó a cinco de los más queridos grupos de esta onda en el país, entre ellos Los Kaites y Un Rojo. Alcance a escuchar a Sonámbulo. Provocadores de un movimiento de baile casi tribal, a través del cual nuestros jóvenes han encontrado una forma, digamos, casi deportiva de celebrar su reunión. Sus canciones no tuvieron como mejor aliado la acústica del lugar.
Sin embargo a la agrupación Scooter 79, cosa curiosa, el sonido sí les favoreció teniendo el mismo equipo y también el mismo técnico de sonido. Me inclino a pensar que se trata de un asunto de arreglo musical. Si el arreglo es limpio, el sonido tiene grandes posibilidades de salir airoso.
En esta secuencia de grupos nacionales, quienes salieron antes de los invitados de honor fueron los muchachos de Social Club. Su propuesta fue instrumental. Audaz en los arreglos. Poseen conocimientos del jazz y su versión de Night in Tunisia, del maestro Gillespie, fue todo un regalo a los oídos de quien escribe. La fusión entre ska y jazz puede llegar a obtener resultados casi geniales de seguir transitando por donde lo están haciendo, en la inmensa avenida de nuestra música local.
El concierto del grupo Skatalies reviste gran importancia para los compositores e intérpretes locales. Skatalites es el génesis de todo un movimiento que ha llegado a los rincones más insólitos del planeta. El ska ha servido de ligamen en una generación que necesita decir las cosas que siente, sea su enojo y su ira, sean sus alegrías y sus ilusiones, pero de una manera divertida y no traumática.
Los célebres jamaiquinos fueron una lección maestra de sentimiento musical y de comportamiento escénico. Ellos son puente entre un repertorio tradicional afrocaribeño y el nuevo cancionero. Aunque su actual sonido contiene elementos obvios de contemporaneidad, el grupo Skatalites contiene el savoir faire de una época ya perdida en la memoria cotidiana.
Dos de sus integrantes pertenecen a la primera formación (1964); por tanto, es mucha historia viva en escena. Este detalle es impactante cuando se observa a la audiencia compuesta básicamente de jóvenes veinteañeros. ¿Satisfechos? Mejor creer que sí.