El grupo de danza independiente Átropos, creado hace siete años con el propósito de contribuir en la diversidad escénica de Costa Rica, invitó a la coreógrafa Marcela Aguilar a montar el espectáculo titulado
El tema principal de la creación es el recuerdo de situaciones importantes de los protagonistas. Esto sucede a partir de que tres mujeres se reúnen alrededor de un enfermo, en una sala de hospital. Este hombre, encarnado por el actor Álvaro Marenco, podría ser el abuelo, el hermano, el padre, un amigo o un examante. Estas féminas, interpretadas por Evelyn Chapellín, María Elena Cerdas e Ivonne Durán, llegan al lecho de muerte y, a partir de ahí, comienzan a revivir episodios medulares de diferentes épocas de sus vidas.
Para crear la dramaturgia de la coreografía Aguilar y Luis Rábago, director teatral mexicano, junto a los miembros del grupo, tomaron elementos del teatro y la danza, los cuales fueron salpicados por el humor. En el manejo espacial, se ve un permanente contrapunto, que permitió apreciar, adecuadamente, las imágenes que se desprendían del video y las variaciones de movimiento. El tratamiento natural y poco estilizado de este último recurso hace pensar que los ejecutantes eran personas comunes.
Esta puesta en escena contó con la participación de varios artistas como los jóvenes Lucía López y Pablo Rábago quienes fueron los responsables del diseño y creación audio visual, un elemento que comparte protagonismo en el montaje. Por su parte, Elizabeth Brealey creó un vestuario de color blanco muy versátil, que se complementó bien con la concepción austera y funcional de la escenografía
Asimismo, Luis Rábago contribuyó con el guion y el diseño escenográfico, en el cual también intervino Aguilar.
Para la ambientación musical, el cuarteto tuvo una banda sonora creada a partir de piezas populares de las décadas de los años 60 y 70, algunas cantadas en español y otras en inglés.
En general, el espectáculo se desarrolló con limpieza. Se agradece la capacidad de síntesis, ya que su duración no excedió más de una hora. Tampoco hubo repetición de acciones ni situaciones desgastadas.
En el ámbito de la interpretación, el actor y las bailarinas se desempeñaron acorde con las exigencias de la coreógrafa; sus movimientos se vieron naturales y lúdicos. No obstante, en Ivonne Durán logré apreciar mayor fluidez y proyección en los movimientos y los parlamentos que ejecutó.
El video fue muy creativo y no compitió con la danza; ambos elementos se complementaron para mantener coherencia estilística. Sin embargo, las imágenes correspondientes a la canción