Las sombrillas y paraguas mojados dentro de un balde dan fe de la cantidad de lluvia que recibió Moravia, la tarde del jueves 31 de mayo. Aún faltan 60 minutos para las 7 p. m., hora oficial del ensayo del Café Chorale, pero las sopranos ya están sentadas con partitura en mano para afinar detalles de
Es trabajo extra: algunas, incluso, debieron correr para llegar a tiempo. Sin embargo, esta práctica es necesario cuando están a las vísperas de entregarles a los costarricenses un regalo musical: cuatro conciertos gratuitos en que interpretarán música compuesta a finales del siglo XX y en el siglo actual. Son obras que los entendidos llaman contemporáneas.
En la enorme sala de ensayos, la mayoría de las casi 50 sillas del coro están desocupadas; solo son necesarias las siete sopranos para llenar con sus voces el gran espacio. Al cerrar los ojos fácilmente se siente que sus voces tocan directamente la fibra, algunas con notas tan altas que cuesta resistirse a admirar la maravilla de instrumento que es la voz humana.
Estos recitales comenzarán el jueves, a las 7 p. m., en las instalaciones del Instituto México, en Los Yoses. Ahí interpretarán obras como:
Las composiciones son complejas, poseen gran actualidad y se interpretan cada vez más en países europeos de gran tradición coral, como Alemania e Inglaterra. Algunas de ellas se cantan en latín, inglés, italiano y español.
La idea de ofrecer un programa exclusivo de este tipo de obras surgió luego de escuchar a coros europeos con un repertorio similar, durante la gira que los ticos realizaron por el viejo continente en el 2011.
Las letras abordan temas sacros, poemas que hablan del amor y, en algunos casos, carecen de letra, ya que emplean un fonema o un sonido en toda la obra.
Como se trata de composiciones que se salen bastante de lo tradicional, el director sacará a relucir su labor pedagógica y le explicará al público los detalles más importantes de cada interpretación.
“Estamos hablando de una técnica (interpretativa) nueva, tenemos la necesidad de dar a conocer este repertorio. Además del público, deben llegar directores y cantantes para que comprendan más de estas obras”, aseguró Ramírez.
Para el jueves, ya todo el repertorio se había estudiado hasta la saciedad, por lo que esa noche era momento para pulir y perfeccionar, tarea en la que David Ramírez lleva a los participantes hasta sus límites.
No requiere ver a nadie para saber quién está desafinando o quién entró medio segundo tarde; parecerían detalles ínfimos, pero medio segundo podría ser la diferencia entre interpretar la obra con excelencia o una interpretación regular.
Por eso, con un chispazo de humor, él le dice a sus voces: “¿Cómo se arregla esta parte? Con la práctica más antigua: ¡Repitiendo y repitiendo!”. Así, regresa al principio, hasta quedar satisfecho.
El director del coro y profesor de dirección coral explicó que la complejidad de las obras contemporáneas radica en que poseen notas muy largas o bien unas muy cortas que se cantan a gran velocidad. Al tratar de separar lo que hacen las sopranos, los tenores, las
“Hay notas que se tienen que sostener hasta por un minuto; es muy importante la afinación, el ritmo, ese es el corazón de estas obras la afinación y el ritmo. Es esencial llegar siempre al tono correcto sin perdernos”, agregó Ramírez.
De esa exigencia a la que el director somete a sus cantantes el gran beneficiado es el público, con obras que se quedan en el alma.
Por instantes, durante el ensayo, los cantos de este ensamble de casi 50 voces transportaban a un momento de paz, bastaba con cerrar los ojos. Son las obras que uno debería escuchar cuando se viaja entre las presas matutinas de la capital.
Con estos cuatro recitales, el director espera que se despierte el interés en otras agrupaciones por interpretar este tipo de repertorio.
Ramírez considera que hasta la fecha, estos trabajos son casi desconocidos porque los coros, excepto el Sinfónico Nacional, se han quedado un poco en repertorios repetitivos, sin explorar ni investigar en otras posibilidades.
“Se ha hecho poco o nada este repertorio contemporáneo, siguen con obras de folclor, algunas fantásticas, pero que fueron para otro momento. La música, como la tecnología, va a nuevos horizontes”, explicó.
El Café Chorale posee en su trayectoria Premios Nacionales de Cultura, un Premio Áncora , varios primeros lugares en concursos europeos y giras a distintos países.
Ramírez afirma con confianza que conoce a sus cantantes, sabe de sus capacidades y, por eso, les exige y no dudó al decidir interpretar este repertorio contemporáneo.
“Me atrevo a hacer este programa por la base de cantantes que tenemos. Siempre buscamos ir para adelante, tratamos de ir creciendo como coro, ¡vamos para arriba!”, aseguró el director.
La labor por casi dos décadas no ha sido sencilla, se hace de forma voluntaria, solo por el placer de hacer buena música. Y a pesar de existir una mística muy grande, según su creador, se lucha, semana a semana, a causa de la exigencia que demanda estar en un coro.
No obstante, todo lo que cuesta trae su recompensa; eso lo saben todos quienes se sienten satisfechos y con fuerzas para continuar al ver que alcanzaron las metas, entre ellas interpretar repertorios de gran dificultad, o bien cuando reciben invitaciones para ofrecer conciertos en diversos países, aunque no todas puedan atenderlas por falta de recursos económicos.
“Para mí, lo más gratificante es saber que somos un grupo sólido y reconocido en el país”, finalizó.