"Carta para papito: Te quiero mucho. Solo le pido a Dios que el 24 estés con nosotros en la casa. Te extraño mucho cada día que no estás."
Ese es el único deseo de Isabel López Cordero, quien ayer madrugó para visitar a su padre, César López, preso desde hace dos años en el Centro Penitenciario La Reforma, en San Rafael de Alajuela. La niña escribió esas palabras a principios de diciembre. Su papá las guarda como el mayor tesoro en su vieja billetera.
Para muchos, no habrá tamales, árbol ni pasito en Navidad. Esperarán la medianoche en una fría celda; otros, lejos de sus hijos, en un asilo de ancianos. También habrá a quienes los sorprenderá en la calle porque no tienen un techo.
Tan cruda es la realidad para cinco familias en Escazú, quienes desde el 14 de diciembre debieron desalojar sus humildes viviendas porque el Ministerio de Salud las declaró inhabitables. Con unos manteados, se protegen de las heladas noches.
Aún así, los niños esperan recibir un regalito a la intemperie, bajo el destarlado árbol de ciprés. "Quiero un muñeco que se orina", pide al Niño Dios Silvia Elena Padilla -de 9 años-. Su madre, Elizabeth Guevara, sentada cerca de dos bloques de cemento que usa para cocinar, la consuela: "Este año el Niñito está muy pobre."
Junto con Silvia viven otras 20 personas. La mayoría de los niños sufren fuertes resfríos, duermen hacinados y hasta han perdido algunas pertenencias.
"¡Que Navidad más triste! Hay momentos en que pierdo el control. El sábado, cuando llovió, todo se mojó. Se me están perdiendo las poquitas cosas que tengo", dice llorando Elizabeth.
Pagaban ¢8.000 por mes en los aposentos de donde fueron desalojados y ahora andan en busca de una casa con un precio similar. Si usted sabe de alguna, puede llamar al teléfono 289-6966 para ayudarlos.
Tristemente solos
Pero no es solamente la carencia de bienes materiales la que agobia a muchos de nuestros semejantes.
Quizá la soledad es la prueba más difícil en estas fechas. Elida Arce -de 71 años- vive en el Hogar de Ancianos de Heredia. De sus ocho hijos, ayer ninguno la había visitado. "Trabajan mucho, no tienen tiempo para visitarme", comenta la viejita.
La misma suerte correrá Constantino Masís, de 74 años, quien por primera vez recibirá la Nochebuena en un salón lleno de catres en el mismo asilo. Es viudo y solo tiene una hija con la que no tiene mucho contacto. "Para mí Navidad es amor, paz, unión entre todos, pero esos sentimientos se han perdido", considera.
En la cárcel, sobre un gastado colchón, César López también está un poco triste. "En estos días me pongo así. Es horrible estar enllavado sin poder darle un beso a nadie a la medianoche.