
Paulo Freire, en sus Cartas a quien pretende enseñar, confesaba que ante la desigualdad que hundía en miseria al pueblo brasileño, le nació una legítima rabia, una justa ira y una indignación necesaria que lo hicieron enrumbar sus pasos hacia una lucha por transformar la realidad.
Y lo mismo le pasa a la periodista Hulda Miranda Picado, recientemente galardonada con el premio Pío Víquez por su trabajo como directora del programa Interferencia, de Radios UCR.
Miranda abre su vida desde las primeras fotos del álbum y mira en sus días de crianza en Río Claro de Golfito, aquel pueblo “muy caliente y con muchas carencias”, el retrato del vivo corazón de su periodismo: la rabia ante las injusticias.
Porque aquella niña que jugaba en la calle a altas horas de la noche, era testigo, mientras hacía queques de tierra con su mejor amiga, de que para muchos la tajada no es nada dulce.
Luego, en sus años como reportera, le tocó ver de frente cómo la inseguridad metió a los güilas y las ilusiones verjas adentro, y cómo se fue desmoronando de a pocos el queque, la calle y aquella Costa Rica que le dijo a la pequeña Hulda que sí podía ser periodista, como tanto soñaba.
Ahora, sabe que su historia sería muy distinta si empezara hoy. Que quizá no le hubiera bastado ni el apoyo de sus padres ni la “terquedad bien entendida” a la que se aferró para no desertar del Colegio Humanístico, cuando le parecía una inmensa isla de retos; o para salir de foránea a la UCR y años después forjarse una trayectoria en los Sucesos del periódico La Nación y las investigaciones del Semanario Universidad.
Pero esa misma terquedad es la que hoy, como una referente de su gremio, la lleva a insistir con Interferencia en ese periodismo que no calla y se niega a ver en silencio lo que, a su juicio, parece ser un moribundo Estado social de derecho.
“Yo crecí en un país cuyo estado social de derecho, con todo y sus limitantes, me permitió esto, me permitió educación, me permitió salud. Ahora mi bebé está en una lista de espera, por dicha no es una cosa muy grave; pero el que no te puedan dar ni una fecha para una cirugía… ¿Cuándo llegamos a ser ese país?. A mí me aterra que lo que nos queda de ese Estado social de derecho se termine de perder”, expresó.
“Me da miedo, pero más bien es la motivación del porqué hago periodismo. Cuando contás la historia de alguien y eso permite que la ciudadanía o las autoridades busquen resolverlo; entonces te obsesionás. Incluso, a veces que tal vez estaba un poquito bajoneada, cansada, y pensaba: ‘¿Por qué seguir haciendo esto?’, publicamos alguna historia y las personas me dan gracias. Ahí yo digo: ‘Ok, sí, quiero seguir haciendo esto’”, agregó.

Tras ganar por segunda vez el máximo galardón del periodismo nacional (el primero lo obtuvo en 2018 como parte del equipo del Semanario) Miranda, aunque con pudorosa reticencia, recibió a La Nación.
Dice ser quitada hasta para salir en los TikToks de su programa, pero accedió y desde uno de los angostos rincones de ese laberíntico edificio de las emisoras de la UCR, habló de sus perspectivas sobre Costa Rica, la prensa, el autoritarismo y otras angustias que revolotean en el horizonte.
—¿Por qué hace periodismo?
Encontré en el periodismo –porque ciertamente, podría hacer otra cosa– una manera de canalizar toda esa rabia que te dan las injusticias. Hay gente que asume causas para canalizar esos sentimientos; a mí el periodismo me permitió sentir que puedo hacer algo, siempre digo esto, aunque sea lo mínimo para que la vida de alguien esté mejor.
—¿Desde cuándo está completamente convencida de ello?
Creo que desde que empecé; pero es algo que día a día va creciendo. Cada vez me convenzo más cuando pasa algo. No llega solo el convencimiento, sino que empezás a asumir una responsabilidad de que tenés que hacer algo para que eso no crezca más.
”A veces es como nadar contracorriente, pero creo que sería muy difícil hacerme la que ya no me interesa lo que pase con este lugar, que además es en el que habito y en el que ahora también quiero que viva mi hijo”.
—Años atrás, usted vivió de cerca antecedentes de los ataques a la prensa que hoy proliferan en el país, como la demanda de Juan Diego Castro contra el programa de sátira Suave un toque. ¿Esa época les dejó enseñanzas?
Coincido en que ya había señales; lo que tengo dudas es de si realmente nos dejó lecciones, porque siento que si hubiésemos tenido lecciones aprendidas, tal vez nos hubiésemos preparado mejor o hubiésemos tomado acciones para prevenir lo que pasó después.
”Lo que pasó con Suave un toque es gravísimo y sobre todo el caso de Marlon Mora. Marlon es un periodista que sigue con un juicio pendiente e incluso con sus bienes congelados; me parece que el Poder Judicial no le ha dado justicia. Me parece que cada vez va a haber más intentos, ya no solo de desprestigiar discursivamente, sino de meterte con tus bienes, instrumentalizar a la justicia, y eso tiene un efecto”
—El abogado y excandidato presidencial Juan Diego Castro también la atacó a usted en varias ocasiones.

La cobertura que hicimos en el Semanario Universidad y que le molestó mucho, expuso muchas de sus contradicciones, por ejemplo, con nombramientos o con algunos aspectos de su vida personal, y en ese momento la población lo recibía en el sentido de que tal vez esta persona no tenía las condiciones para ser presidente. Pero ahora yo siento que sale cada cosa y mucha gente lo obvia.
”No sé qué nos ha pasado. Bueno, sí sé, insisto, se han profundizado muchos problemas país, muchas desigualdades, y de ahí algunas cosas se minimizan frente a alguien que te ofrece resolverte todo con una varita mágica, aunque al final eso no pase. Ese es el tema de los discursos populistas, que prometen y prometen, pero en realidad no hay resultados”.
—Usted señala que actualmente “sale cada cosa y mucha gente lo obvia”. ¿Le preocupa eso?
Me preocupa la normalización de esas conductas. Sí me preocupa que se minimice, que no haya consecuencias para las personas que cometen actos irregulares o ilegales, porque el mensaje al final es que ya no nos importa como sociedad qué características de idoneidad, de integridad, de honestidad tengan las personas que ocupen puestos de poder.
—Aunque suene contradictorio, la valentía para denunciar que ustedes han tenido también conlleva miedos. ¿Los ha sufrido? ¿Cree que aumentó durante el gobierno de Rodrigo Chaves?
Creo que sí, honestamente. Estoy en un lugar, en la Universidad de Costa Rica, con una amplísima libertad editorial, lo que lo convierte en un buen lugar para trabajar y para procesar esas situaciones y esos miedos. Pero sí me da miedo, sobre todo porque conversamos mucho con colegas de la región, por ejemplo, salvadoreños.
”Ellos nos insisten: ‘Como ustedes, nosotros también pensábamos que eso era muy difícil que nos pasara, irnos al exilio, que se cerraran medios, que nos decomisaran bienes, que nos abrieran causas penales falsas’. Me da miedo y es más bien la motivación del porqué hago periodismo: para no llegar ahí.
Es decir, la cooptación del Poder Judicial que está en proceso y que ya ha sido anunciada. Cuando un gobernante dice: ‘Nos falta el Poder Judicial’, pues es que querés concentrar todos los poderes del país. ¿Y qué querés hacer con eso? ¿Cómo queda la prensa después con eso?. Entonces, por supuesto que me da miedo; me aterra”.
—Por años, gran parte de la población ha repudiado los regímenes de Nicaragua y Venezuela, pero hoy parece incapaz de identificar esas mismas prácticas en Costa Rica…

Pienso que el deterioro educativo ha sido tal en el país que para muchas personas es hasta difícil hacer una lectura clara de esa realidad política de la región. Porque la gente dice: ‘Sí, es que Nicaragua, qué barbaridad. Esos son de izquierda’. Y entonces encasillan todo lo que sea de izquierda. Yo obviamente no milito en partidos políticos, pero creo que sería muy bueno si en la escuela y en el cole se vuelva a leer Mamita Yunai y Gentes y gentecillas, volver a leer a Calufa.
”Decir, un momento, ¿cómo se desarrolló este país, esas garantías, esas condiciones sociales? No por ponerle una bandera, sino por entender que el problema es el autoritarismo, que al final no tiene un bando o ideología de izquierda o derecha. Pero, ¿cuál lectura crítica le vas a pedir a la gente si no estamos ni dándole lo básico?”.
—El premio Pío Víquez le fue otorgado a Interferencia por varios reportajes sobre casos de agresión sexual, ¿cómo se dio el trabajar sobre esta línea y cómo atraviesa esa labor su experiencia como mujer?
Cuando se da el caso de Óscar Arias y la denuncia de la activista antibélica, ella nos busca como medio por referencias del trabajo riguroso que hacíamos. Eso trajo una cadena de coberturas, en que otras personas que habían tenido historias similares sintieran que, no solo el medio, sino quizás mi trabajo, era un espacio seguro para contar su historia.
”Cuando Claudia Pol y sus compañeros me buscan, yo digo: ‘Si ella está lista para contarlo, obviamente que yo estoy lista para escucharla’. Y aun así siempre es muy duro. Nunca deja de ser abrumador que una persona de pronto te esté diciendo algo y se ponga a llorar y vos decís: ‘¿Cuál es una reacción correcta?’. Me parece que, en medio de todo lo difícil que es para estas personas, para mí como periodista y para Interferencia como medio, ha sido gratificante que se nos vea como un espacio seguro y que haya credibilidad”.
—Siempre ha existido quienes ponen en tela de duda los testimonios de víctimas, pero ¿considera que la llegada de Chaves a la presidencia, siendo sancionado en el Banco Mundial por hostigamiento sexual, de algún modo valida aún más esto? ¿Cómo ha percibido la recepción de estas denuncias?
Que una persona con un proceso en el Banco Mundial, que determinó que hubo hostigamiento sexual, termine siendo presidente, envalentona a otras personas con conductas similares y el ejemplo más claro es el proceso de Fabricio Alvarado. El mensaje ahora para las personas denunciantes, más allá del resultado, es: ‘Usted no merece ni siquiera que terminemos este proceso’.
”Ciertamente, sí creo que la llegada de Rodrigo Chávez a la presidencia envalentonó agresores y legitimó formas de impunidad, pero también creo que del otro lado hay víctimas y movimientos feministas diciendo: ‘No lo vamos a permitir’. Y quisiera pensar que también hay prensa independiente que dice: ‘Nuestro deber es darle espacio a las denunciantes’”.
—¿Qué le pasó por la mente y el cuerpo al ganar un Pío Víquez?
Fue un momento de alegría, más por la reacción de la gente del gremio, y en eso me siento muy agradecida. Fue bonito, pero tampoco puedo decir que fue el sueño de mi vida. Más que alegrarnos por el reconocimiento, asumimos un gran compromiso; esto más bien nos sube la barra.
—¿Cómo se planeó la pancarta y el mensaje que mostraron en la premiación? (La pancarta decía: “La prensa independiente no calla aunque el agresor sexual sea entrenador, profesor, sacerdote, diputado o presidente”).

Lo construimos en equipo. Obviamente, tenemos una realidad nacional, pues nuestros trabajos estaban relacionados con un profesor, un entrenador y un sacerdote acusados por agresiones sexuales. Y el mensaje principal era que la prensa no calla, porque tristemente mucha prensa se está callando, en este y en otros temas. Por miedo, por conveniencia, ya cada quien sabrá, pero sí lo estamos viviendo.
—Actualmente hay prensa que parece callar y da indicios de que se ha plegado, ¿qué opinión le merece eso?
Me resulta decepcionante. Siento que hay medios que todavía sus circunstancias les permitirían plantarse más frente al poder, sobre todo cuando ese poder se está ejerciendo en busca de un deterioro del sistema democrático. Me pregunto si se dan cuenta de que eso es cavar su propia tumba también. Si el país que conocemos, como lo hemos conocido, deja de serlo, esas personas, esos medios o esos empresarios no van a estar bien. Los ejemplos ahí están.
”Creo que hay límites y creo que conozco cuáles son mis límites. Creo que sé a qué estaría dispuesta y a qué no por un ingreso, porque si tocara dedicarme a otra cosa con tal de no vender ciertos principios, creo que lo haría”.
—Desde sus principios, ¿preferiría dedicarse a otra cosa antes que hacer porrismo periodístico?
Sí, y sobre todo sabiendo el riesgo que está detrás. Si yo haciendo eso contribuyo a que se profundice esa deriva democrática, no me apunto, yo no quiero. Yo prefiero, no sé, no cocino muy rico, pero dedicarme a otra cosa, ponerme una sodita o algo. Porque, y volviendo al tema, cuando la historia se cuente, yo no quiero estar ahí.
”Hay colegas que han tenido que dejar a su familia, su casa, todo... ¿Por qué yo querría que nosotros vivamos algo así? Algunos piensan que es exagerado, pero yo creo que podemos llegar allí; quizá no mañana, pero puede pasar. Entonces, si ser prensa acomodada o porrista contribuye a eso, yo no quiero estar ahí”.
—¿Piensa en que pueda existir una Costa Rica sin prensa, o con la prensa en el exilio?
De forma muy remota. Me pasa más cuando hablo con colegas, que me dicen que no nos confiemos. No es como que lo esté pensando todo el tiempo, pero tampoco quiero ser de las que por ingenuidad más bien crea que eso nunca podría pasar y baje la guardia.
—Errores de la prensa, como otras instituciones, han causado un descontento válido en muchos sectores. Sin embargo, ese descontento se utiliza para manipular y desacreditar las irregularidades que denuncian los medios. ¿Tiene esperanza de que eso se pueda revertir?
Esperanza, sí, pero creo que es mucho trabajo también de la prensa independiente y de las mismas instituciones el tema de la alfabetización mediática. Está bien que la gente cuestione la prensa tradicional, pero me sorprende que sus alternativas de información sean en plataformas con personas completamente afines a un grupo político, que incluso terminan de diputados. Esa falsa dicotomía que se creó es de lo que más daño le ha hecho a este país y al consumo informativo.
—Y también los algoritmos hacen difíciles de penetrar a las espirales de desinformación...
Es el gran reto que también tenemos quienes por muchos años hemos hecho periodismo bajo el concepto tradicional. Qué difícil, porque por del otro lado sí están creando esos formatos, sí están alimentando esos sesgos. No hay ninguna forma de contrarrestar porque no estamos ni en las escuelas ni en ningún lado; mientras que, más bien, hay quienes, creo que adrede, buscan debilitar la educación del país.
”¿Qué hacés frente a eso? La gente dice: ‘Ya no me informo con tal, ahora sigo a Juan 1234’. ¿Y Juan 1234 quién es? No sé, pero es asesor en Casa Presidencial… Me sorprende, pero eso tiene una explicación en la amplia desigualdad que por años se ha alimentado en este país y en ese debilitamiento de la educación costarricense”.
—¿Le duele que si Hulda Miranda hubiera nacido hoy le sería mucho más difícil llegar a donde usted está?
Me duele, yo creo que sí hubiese tenido menos oportunidades. Mi sobrino no sale a esas horas a jugar con los amigos del barrio porque es peligroso. O sea, definitivamente no hubiese tenido las mismas condiciones, incluso de ir a la escuela solita. Quién sabe si hubiese tenido, no sé, que trabajar más mientras estudiaba o si mis papás hubieran tenido las condiciones para apoyarme más para estudiar la carrera que yo quería estudiar. No sé, lo pongo en duda, la verdad. Parece difícil.
