
En el Estadio Nacional, decenas de miles de fanáticos esperaban con ansias a Bad Bunny, cuando dos niños costarricenses conjuraron la gran sorpresa del concierto.
Durante los espectáculos del artista en suelo tico, realizados el 5 y 6 de diciembre del 2025, se instaló una gran pantalla destinada a que desde cualquier lugar se pudiera apreciar en vivo y a todo color al ídolo puertorriqueño.
Con lo que nadie contaba, es que allí dos ‘carajillos’ ticos se robarían el show, protagonizando el video introductorio que precedió la salida al escenario del Conejo Malo.
En la producción, sentados en una acera, como tantos costarricenses han pasado sus tardes de infancia, ambos compartían su tristeza por creer que Benito (nombre de pila del reguetonero) nunca vendría al país.
Es entonces que a la menor se le ocurre invocar la llegada del boricua con unas “palabras mágicas”. Con su voz preadolescente, flow urbano y memoria infalible, entonan el rap acapella con que inicia la canción La mudanza.
“Benito, hijo de Benito; le decían Tito. El mayor de tres, trabajando desde chamaquito…”, pronunciaron a modo de hechizo, y tras llegar al final de aquella retahíla se desvanecieron para dar paso al cantante.
El furor no quedó solo en esa presentación, sino que se magnificó en redes sociales, gracias a varios usuarios que grabaron el audiovisual nacional, dirigido por el cineasta Miguel Gómez.
¿Quiénes son esos chiquitos?, fue la pregunta de muchos en cada TikTok y Reel que mostraba esa escena; la cual, por cierto, había quedado en la incógnita todo este tiempo.
La Nación conversó con Mariangel Delgado Villegas, la menor de 14 años y estrella del cortometraje, junto a Raydell, el otro protagonista, quien por motivos personales declinó la entrevista.
La menor de tres que superó el bullying y las ‘tortas’
Delgado es vecino de Heredia, actúa desde los 8, ama el arte, ya actuó en una película, es la menor de tres hermanas y es la “gota que derramó el vaso”, en palabras de su madre, al recordar alguna que otra cana que le sacó con sus travesuras.
Además, Mariangel, a su corta edad, carga con grandes sueños y una historia de vida marcada por su perseverancia para sortear dificultades y mejorar día a día.
Años antes de que viajara por todas las redes sociales, convertida en rapera espontánea, y de que miles quisieran saber de ella, a Delgado le tocó enfrentar el bullying de compañeros y hasta maestras.
“De mí se burlaron un montón porque decían: ‘¿Qué va a estar haciendo usted actriz? Nada que ver’. Las profesoras me decían: ‘Usted no puede con eso’. Y sí, lo he logrado. La gente que crece con esos malos comentarios; se inspira a crecer más”, relató.
Pero esa no fue la primera vicisitud en su camino, pues sus primeros años escolares fueron más que retadores, pues le tocó pasar por tres centros educativos, debido a incidentes de comportamiento.
Aunque incluso fue presidenta de su escuela y se involucraba en todas las actividades, la joven actriz también era hiperactiva y ya era un hecho que cada día llegaría a casa con una notita dirigida a sus papás.
“Un día la fui a recoger al Cen-Cinai y me dice la niña: ‘Vea a esa chiquita’. Y yo le dije: ‘Uy, qué pecado, toda mordida’. Entonces, me va contando: ‘Sí, no ve que la mordió Mariangel’... Era especial para eso. También le daba por mojar con la manguera a la gente que pasaba al frente de la casa y una de esas que mojó, resulta que ahora es su profesora en el colegio”, narró entre congojas y risas su madre, Gabriela Villegas.
Sin embargo, hoy Mariangel no solo destaca por su trayectoria artística, sino que es una estudiante aplicada, gracias a la decisión que tomaron sus padres desde años atrás.
La actuación, el conjuro que hizo de Mariangel ‘otra persona’
Cuando Gabriela comenzó a enterarse de los conflictos escolares, lejos de reprimir con mal carácter a su hija, la inquietó profundamente el pensar que algo estaba pasando y se cuestionó qué necesidad estaría siendo desatendida.
“A veces los papás no entienden que no es que los hijos están mal, solo están mal ubicados. Porque sí, claramente tiene que estudiar, pero la cabeza de ella funciona diferente, el mundo de ella, los sueños de ella funcionan diferente, entonces todo va de la mano”, explicó.
“El problema es el sistema educativo que tenemos, que muchas veces reprime el arte. En mis tiempos, mi papá me decía que no, que esa carrera (actuación) no, porque me iba a morir de hambre”, agregó.
Al mismo tiempo, Mariangel topó en la TV con un anuncio que se volvió en epifanía de su destino. Para entonces, una niña, Delgado vio con asombro el comercial de champú y sentenció que ella quería ser como la mujer que aparecía en su televisor.
Cuando Delgado le mencionó sus deseos de incursionar en la actuación, su madre pensó que sería una más de todas las inquietudes que mostraba. Tras darle algunas largas al asunto, semanas después sorprendió a la menor matriculándola en clases teatrales.
Al poder canalizar su energía con la vocación artística como válvula de escape, también su temperamento calmó y sus habilidades sociales mejoraron en gran medida.
“Todo esto la ha hecho mejor persona, mejor estudiante, porque yo a veces le digo: ‘María, a usted me la cambiaron’. Ella no es la misma persona que yo recuerdo que me daban quejas todos los días”, confesó su mamá.
“Cuando pasó lo de Bad Bunny, uno leía muchos comentarios de gente diciendo: ‘Si así se supieran las tablas…’. Primero, no sé si es que no conocen a qué se dedica un actor. Y segundo, ¿cómo hablan sin conocer a esa persona? No es porque sea la mamá, pero sé lo excelente estudiante que es”, afirmó.
Ya convencida y encantada con el mundo actoral, ingresó a una agencia y empezó el camino de intentos, fallos y oportunidades, que finalmente la llevaron a deslumbrar en el concierto del artista más reconocido de esta época.
Hasta ahora, Delgado ha sido parte de numerosos comerciales para varias marcas y en 2022 debutó en el cine interpretando a Fiyi, la portera de Morgan y los Superbichillos.
“Ver a un hijo, aunque sea cantando un acto cívico, ya emociona. Pero cuando yo la vi por primera vez en el cine sentí una alegría que no le puedo explicar. Estaba con el papá de ella ahí en el cine. Uno quiere llorar, quiere reír… quiere de todo”, narró la madre.
“También uno dice: ‘Gracias a Dios y al esfuerzo de ella’. Porque llevar una carrera así junto con el estudio es durísimo. Aunque era chivísima, igual no dejaba de ser un sacrificio. Pero sí, fue superemocionante, es algo que yo decía: ‘Ya puedo morir tranquila’ (risa)”, detalló.
Actuar para Bad Bunny, un orgullo entre misterio
El año pasado, Mariangel fue en compañía de su madre a hacer uno de los tantos casting en los que buscaba un chance. Eso sí, sin saber de qué trataba, porque si algo caracteriza al Conejo Malo es que se mueve entre madrigueras de confidencialidad y misterio.
Fue hasta pocos días antes de la grabación, ya contratada, que sospechó por dónde iba el asunto.
“Me dieron el guion y me puse a pensar: ‘Qué raro, eso es una canción de Bad Bunny’. Me lo aprendí y todo. Al día siguiente ya fuimos a hacer un ensayo del diálogo y vestuario. Luego hicimos la grabación y cuando yo me di cuenta de todo quedé demasiado sorprendida”, detalló la intérprete.
Su logro quedó en un impasse por meses, pues ni siquiera sus papás pudieron ver el resultado final y nadie de su familia lo sabía. La primera en presenciarlo fue su hermana mayor, quien asistió al concierto.
“Todos en mi familia estaban superfelices y mi hermana, la más contenta. Ella me felicitaba: ‘Ay, Mariangel, qué feliz estoy, de verdad, no me lo creía’. Porque imagínese, ella sin saber y me vio ahí”, contó Mariangel.
Luego, le tocó el turno del asombro y el orgullo a sus padres, cuando toparon con los videos en redes sociales.
“Yo no sabía cómo iba a quedar, no sabía absolutamente nada. Yo estuve en las grabaciones, pero de largo. Es más, yo no tengo ni siquiera fotos de esos momentos porque nada, era cero teléfono, cero todo”, comentó Villegas, madre de la artista.
Para Mariangel fue revivir la emoción que había contenido por tanto tiempo. Si ya la había impactado el saber que estaría en el video del concierto, ver el enorme impacto que generó su actuación terminó de conmoverla.
“Fue increíble porque yo dije: ‘Wow, estoy en un montón de teléfonos’. Es que increíble, un montón de gente me vio. Eran millones de personas y para mí eso es increíble. Lloré, otra vez lloré”, reveló con una enorme sonrisa.
Semanas después del éxito y a meses de la grabación, Delgado todavía es capaz de rapear los versos de La mudanza, sin equivocarse en ni una sola letra.
Y así como esa canción narra la ruta de circunstancias, esfuerzos y coincidencias que están detrás de Bad Bunny; Mariangel Delgado, aun con el camino que le queda por recorrer, puede pedir “un aplauso pa’ mami y papi” y por qué no, para ella misma.
Hace una década, el reguetonero era solo Benito Martínez Ocasio, un cajero de supermercado, y Mariangel estaba mordiendo a una niña en un Cen-Cinai. Hoy, esos dos hechos no son más que anécdotas que enriquecen las historias de dos artistas que, en sus escalas, no han dejado de crecer.
“A mí no me importó el bullying. Con que tuviera el apoyo de mis papás y la ayuda de Dios, yo dije: ‘Puedo con todo eso’. Yo sabía quién era y yo sabía que yo lo iba a lograr”, declaró con alegría la actriz.
Actualmente, Delgado compagina el estudio y el arte con igual compromiso. La actriz disfruta de cada casting, la escojan o no, se emociona por la compra de útiles que hará antes de entrar a noveno y, sobre todo, se aferra con todo a sus ilusiones.
“México es también muy abierto al arte. Ahí hay muchas oportunidades, apoyan mucho eso. Yo me quiero ir a vivir a México”, dice con el mismo convencimiento con el que le anunció a su madre que quería hacer lo mismo que la “muchacha del anuncio de champú”.
