
El talento, la elocuencia y el trabajo social llevaron a Julianne Rocke a coronarse el 19 de junio como Miss Teen California 2026. Sin embargo, detrás de los destellos de la corona se esconde un fuerte vínculo con Costa Rica, el cual llena de emociones a quienes conocen a la joven.
Aunque Julianne nació y creció en los Estados Unidos, su madre Marcela Rocke (anteriormente Castro) se encargó de que sus dos hijas (Julianne y Kelly) fueran criadas bajo ambas culturas y no solo eso; amando la tierra del gallo pinto y las playas hermosas.
Así es como Julie, como le dicen de cariño, habla un español casi perfecto, se enorgullece de sus raíces y ahora luchará por representar a su estado y al país en el certamen nacional Miss America Teen 2026.
En una entrevista exclusiva para La Nación, la soberana de la belleza y su madre hablaron sobre cómo la cultura costarricense se convirtió en su mayor fortaleza en los certámenes, sus planes profesionales y el profundo apego al país.
Dos décadas sembrando identidad
El camino hacia el amor por Costa Rica empezó a construirse hace exactamente 20 años. En ese entonces, su madre, doña Marcela, tomó la difícil decisión de dejar su vida en suelo tico tras casarse con un estadounidense.
Cuando nacieron sus hijas en Orange County, California, Marcela se propuso una misión: convertir su hogar en un pedacito de Costa Rica y por ello decretó una regla infalible que se mantiene hasta el día de hoy.
“Desde que ella nació, siempre le he hablado en español. La regla que tenemos en la casa es que yo hablo español y mi esposo en inglés. Lo hemos hecho así toda la vida. Por eso ellas no tienen acento y hablan muy bien los dos idiomas”, explica la madre.
Además, detalla que Julie y su otra hija asistieron a una escuela con un programa bilingüe en donde aprendieron a escribir y leer en español.
El vínculo con el país se fortaleció con visitas constantes desde que Julie era apenas una bebé: “Desde los cuatro meses viajan las dos. Me las llevaba para que las conociera la familia, las amistades y todo. Yo voy cada dos años a Costa Rica y me voy por mucho tiempo, un mes más o menos”, comentó Marcela.

Un refugio pura vida en medio de la prisa estadounidense
Para Julie, de 18 años, crecer entre dos mundos ha sido su mayor riqueza. Al contrastar el ritmo de vida de California con el de Costa Rica, la joven encuentra en la tierra de su madre un espacio de paz que define su propia personalidad.
“Lo que más me gusta es ver a mi familia y ver el país, porque es muy diferente a los Estados Unidos. Aquí hay mucha cultura de trabajo y estar en carreras todo el tiempo, pero en Costa Rica me gusta que se la lleva más en paz, pura vida”, confiesa la reina californiana.
Esa autenticidad latina, lejos de ser un obstáculo, se ha convertido en su amuleto en los certámenes de belleza estadounidenses.
“A la gente le encanta escuchar que yo soy costarricense, especialmente porque yo no parezco muy latina. Les gusta saber que hablo español. Recientemente estuve en una entrevista; se emocionaron al saber que soy mitad costarricense. Es un honor representar esto aquí en California y enseñarle a la gente sobre nuestra cultura”, afirma Julianne.
Incluso añora la gastronomía criolla, sus ojos brillan al hablar de sus platos favoritos: “Me encanta ir a Guanacaste, Tamarindo nos encanta. Y honestamente, me gusta toda la comida tica: el gallo pinto, el pollo... pero lo que más me gusta es la fruta, porque es muy fresca comparada con la de los Estados Unidos. Se me hace deliciosa”, comentó con evidente orgullo.

La corona se gana con la mente y el corazón
El deseo de Julie con las coronas no nació en los grandes escenarios estadounidenses, sino en el corazón de la propia comunidad costarricense en el extranjero cuando apenas era una niña.
Con tan solo cinco años, participó en un certamen organizado por la Confederación de Países Centroamericanos (Cofeca) en el marco de las celebraciones de la Independencia.
“Necesitaban a una niña que quisiera representar a la comunidad; Julie participó y a los cinco años tuvo su primer título como Miss Chiqui-Tica Costa Rica”, recuerda doña Marcela con nostalgia.

Para la reina de belleza, verse vestida con los trajes típicos y compartir con la comunidad tica desde tan pequeña fue una experiencia entrañable que encendió su pasión por las pasarelas y el servicio social.
“Hice mucha labor comunitaria con los ticos y me gustó tanto que, años después, decidí buscar la oportunidad en la organización de Miss América”, relata la hoy Miss California Teen.
Sin embargo, el salto al circuito oficial estadounidense requirió de años de trabajo.
“Hace cinco años entré a la organización de Miss América. Me tomó tres años ganar mi primer título local y, después de tres años más compitiendo en Miss California Teen, este fue el año que gané. Tengo mucha gente que me ha ayudado a llegar a este punto; no fue algo que pasó de la noche a la mañana; tomó muchos años de trabajo y esfuerzo”, reflexiona Julie.
A diferencia de lo que muchos creen, ella derriba el mito de que los certámenes son solo pasarela y maquillaje. En la franquicia de Miss América, el verdadero filtro ocurre a puerta cerrada.
“Se centra en hacer una entrevista privada de siete a un máximo de ocho minutos con el jurado antes de la competencia en el escenario. Ahí nos hablan sobre temas políticos, qué queremos hacer como la nueva reina, cosas sobre la labor social y quiénes somos nosotras. La entrevista es donde realmente se gana la competencia, porque es donde ellos escuchan hablar sobre lo que a uno le importa”, asegura la joven, quien además compite en la categoría de talento bailando flamenco.
Miss America Teen se realizará la primera semana de setiembre, por lo que la joven tiene dos meses para prepararse rumbo al gran evento donde se enfrentará a 51 candidatas: una por cada estado, Puerto Rico y Washington D. C. como capital.
“Es mucho más trabajo de lo que la gente piensa. Hacemos clases de modelaje, pero lo que más hacemos es prepararnos mentalmente. La mentalidad en este certamen es lo más importante; si uno está pensando cosas negativas o no tiene confianza en sí misma, no va a ganar la corona. Hay que tener el pensamiento de una ganadora”, expresa con seguridad.
El certamen evaluará su pasarela en ropa deportiva, traje de gala y, como es tradición, su respuesta ante una pregunta crucial. Por otro lado, una de las particularidades más destacadas de la organización Miss America es su enfoque en el empoderamiento femenino a través de los estudios.
“Esta organización es para ayudar a las mujeres a desarrollarse en la universidad. Nos dan dinero para los estudios; yo ya he ganado $11.000 para usar en la universidad. Es para empoderar a las mujeres para que puedan tener una educación y ayudar a su comunidad”, explica Julie.
A sus 18 años, la joven ya sabe exactamente en qué invertirá esos fondos. Este año iniciará sus estudios superiores en la California State University, Fullerton, ubicada a solo ocho minutos de su casa. ¿La carrera elegida? Una que comparte con quienes la entrevistaron.
“Voy a estudiar periodismo en la universidad... ¡y me encantaría tener el trabajo que usted tiene!”, confesó entre risas en la entrevista con La Nación.
“Me gusta la televisión de entretenimiento. En esto de los certámenes siempre estamos en las redes sociales y presentándonos en la tele, así que siento que me ha dado mucha experiencia para obtener este trabajo en el futuro”.
Además de las aulas, Julie lidera una plataforma social: “Mi proyecto se centra en ayudar a los niños a hacerse líderes y desarrollar líderes en la comunidad. He hablado con más de 2.500 estudiantes sobre lo que pueden hacer por sus comunidades y cómo se pueden desarrollar”, afirmó.

Una comunidad vibrante y el sueño de la doble nacionalidad
El éxito de Julianne es también el reflejo de una comunidad costarricense sumamente activa en suelo californiano, liderada por figuras como su madre, quien trabaja arduamente para mantener vivas las tradiciones.
“California es tan grande que los ticos están regados por todos lados. No hay tantos en comparación con otras nacionalidades como mexicanos o nicaragüenses, pero hay una comunidad significativa. Justamente donde vivo yo, en Orange County, está el único restaurante costarricense de prácticamente toda California, cerca de Disneylandia. Nuestra ubicación ha facilitado que estemos cerca de los eventos en que participan los ticos”, explica doña Marcela.
Ella colabora activamente con Cofeca. “Hacemos muchos eventos, por ejemplo, pícnics con pura comida de Costa Rica; pronto vamos a hacer chifrijos y gallos para recaudar dinero para hacer una carroza para las fiestas patrias en setiembre. También hacemos un turno tico el 2 de agosto y celebramos el Día del Costarricense a finales de agosto. Gracias a Dios, topamos con suerte de que hay muchas actividades alrededor”, comenta la señora.
El único cabo suelto en esta historia es un trámite legal que la pandemia y la distancia habían postergado, pero que está muy cerca de resolverse: la doble nacionalidad de Julie.
“Justamente estaba esperando que ella cumpliera los 18 años para ir a Costa Rica y hacer el trámite allá, pero ganó el certamen y debimos postergar un viaje que teníamos en julio. Ahora haremos el trámite acá (en Estados Unidos)”, detalla Marcela.
Con los papeles en regla y un futuro brillante por delante, Julie mira al horizonte con ambición.

Ante la pregunta obligada de si le gustaría participar en el futuro en franquicias como Miss Universo representando a Costa Rica, la respuesta de la actual Miss California Teen deja la puerta abierta.
“Sería un honor muy grande. Ahorita estoy más enfocada en la universidad y tengo mucho por recorrer este año como Miss California Teen; pero sí, sería un honor muy grande, especialmente como Miss Costa Rica, porque soy mitad costarricense y puedo representar al país tanto en español como en inglés. Sería una experiencia muy bonita”, finalizó la joven.
Ahora Julie y su madre viven con entusiasmo la corona que las llevará a diversos eventos previo a la gran final nacional, pero siempre llevando en alto la bandera costarricense.
