Farándula

Crítica de cine: <em>A ojos cerrados</em>

Conozco a Hernán Ji-ménez desde hace tiempo, sé de su talento demostrado en distintos cortos y en teatro, igualmente manifestado como pionero de la stand-up comedy en Costa Rica. Por eso, no me extraña la buena calidad de su primer largometraje titulado A ojos cerrados (2010), ejercicio pleno de una fórmula evocadora de sentimientos. Lo mejor del cine costarricense hasta ahora.

La película bordea el melodrama, pero lo evita de una sola manera: haciéndonos sentir la desventura interior de los personajes, su dolor ante la muerte de uno de ellos, la ruptura de la concordia humana, para luego, con la suavidad del agua en una laguna, volver a llevarnos hacia una nueva armonía.

El filme se mira a ojos abiertos con su escritura visual cálida, con imágenes muy bien logradas y con un guion que parte de una historia sin estorbos narrativos y que se cohesiona con su lírica complejidad sentimental. El buen trabajo en la sala de montaje nos da un carácter episódico del relato (expuesto con esfumados o pantalla en negro); sin embargo, el filme se amalgama desde las emociones de sus personajes, más que de los propios acontecimientos.

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