Andrés Díaz P.. 28 septiembre, 2018

“¡Qué pereza ver la serie del caballo que habla!”, fue lo primero que pensé cuando una amiga me obligó a ver el primer episodio de la serie animada de Netflix Bojack Horseman. Era un diciembre del 2015 y el piloto no fue para nada impresionante, de hecho, se queda corto con el resto de la producción creada por Raphael Matthew Bob-Waksberg.

Fue hasta el quinto capítulo de la primera temporada que entendí que estaba viendo una serie que no solo cuenta con un gran sentido del humor sino que además es muy humana, quizá demasiado. Es más, quizá esto no sea una comedia sino un drama profundo con amortiguadores cómicos–comic relief– recurrentes.

La historia se centra en la vida de Bojack, un caballo humanoide que durante los 90 fue una estrella de un famoso programa de televisión llamado Horsing Around, el cual guarda similitudes con series como Paso a paso y Construyendo la casa.

Sin embargo, 20 años después de su salto a la fama, Bojack no ha hecho nada más por su vida y, más bien se ha convertido en una solitaria celebridad de Hollywood, quien, además, sufre de alcoholismo, depresión y es demasiado egocéntrico para buscar ayuda.

Bojack es un protagonista roto con un puño de malas actitudes, las cuales lo convierten en un personaje creíble y con el cual el espectador puede simpatizar, incluso sentir hasta lástima por su porvenir. Uno de los grandes aciertos de Waskberg es que traza las razones por las que Bojack Horseman tiene problemas, desde recurrentes abusos de sustancias hasta su terrible relación con sus padres. El pasado no justifica ninguna mala acción del presente, pero por lo menos explica el cómo llegamos hasta aquí.

Este caballo está rodeado de un positivo y carismático perro – Mr. Peanutbutter– , una gata sureña que ascendió de lo más bajo para ser una competitiva agente en el mundo del espectáculo– Princess Carolyn–; una guionista de ascendencia vietnamita que asegura que hace lo posible para no recibir ni una pizca de afecto–Diana– y un joven alocado cuya mente ni lengua tienen freno– Todd Chavez –.

Una de las fortalezas de la serie es el elenco de las voces protagonizado por Will Arnett (Arrested Development), Alison Brie ( GLOW), Aaron Paul (Breaking Bad) y Amy Sedaris (Strangers with Candy)

La nueva temporada.

La quinta temporada puede ser hasta ahora la más oscura de toda la saga del caballo y sus compañeros. La producción hace un gran trabajo para mostrar situaciones cotidianas en un ambiente totalmente absurdo como lo es Hollywood. En esta temporada hay muchos paralelismos con el movimiento #MeToo y el terremoto que causó en la gran cúpula del entretenimiento.

Esta nueva entrega también tiene otros méritos: ya era tiempo de que se explorará en la vida de otros personajes importantes. Aquí vemos cómo la relación de Princess Carolyn con su madre y la pérdida de un bebe la convirtieron en un ser insensible, pero frágil en su interior; de igual forma, comprendemos que Mr. Peanutbutter es el verdadero causante de sus propios fracasos maritales

Dos episodios destacan por su propuesta narrativa y la crudeza de su contenido. En Free Churro, el sexto de la temporada, se ve a Bojack hacer un memorable monólogo catártico sobre la relación con su madre: el dramatismo es permanente gracias a que la escena se desarrolla en el funeral de su mamá. La serie hace una gran reflexión existencial sobre la vida y la muerte. Sobre lo que significa perder a un ser querido y no volverlo a ver nunca más.

Por su lado, Head in the Clouds, el décimo de la temporada, se preocupa por enumerar las incongruencias del movimiento #MeToo y les suma una dura crítica al mundo del espectáculo que suele ocultar las conductas nocivas. Finalmente, el episodio adquiere otra dimensión al mostrar a Bojack como un agresor.

Al final, solo nos queda una interrogante: ¿Está este caballo que habla más allá de la redención? La respuesta la decidirá cada uno.