De haber podido, lo habríamos hecho en grupo pero, esa noche, éramos solo dos; de todos modos, un número perfecto para enfrentar cualquier tentación de la carne.
La noche, en realidad, no lo era mucho cuando llegamos y en el aire lluvioso aún podía respirarse algo de luz. La tarde estaba en ese último limbo antes del negro total, pero el gran salón ya brillaba con sus propios recursos. Decenas de mesas, iluminadas suavemente y vestidas de blanco impecable, esperaban a los clientes adormiladas por la música, mientras que las paredes desbordaban detalles de color bonaerense, con fotos del legítimo barrio tanguero de San Telmo, entre otros utensilios y antigüedades.
Junto a la entrada, la imponente parrilla hecha a la medida permanecía inmaculada, con todo el fulgor cromado de sus cuchillos. Era evidente que su posición estratégica sirve para incitar aún más la curiosidad y el apetito de los clientes, que pueden asomarse allí como quien se asoma al pozo de los más ardientes deseos.
Dejamos la terraza exterior para otro día y tomamos posiciones al fondo, en una mesa para cuatro. La bendición de la imagen de Gardel ?en la cabecera de la mesa? surtió efecto casi inmediatamente pues el mesero se presentó con una canastilla de panes recién horneados (de queso, cebolla y algo más) y un par de aderezos caseros para acompañarlos; ambos deliciosos (uno cremoso y otro con berenjena).
Alentados por el apetito, descubrimos que en el San Telmo hay un panadero argentino que se encarga de nuestro pan de cada día, además de todas las pastas y los postres; pero no solo eso: en el restaurante también fabrican las empanadas y el chorizo.
Cuando el joven regresó con las bebidas ?un par de jugos de fresa?, muchas cosas habían pasado: ya habíamos examinado el menú, los panes habían sufrido cambios sustanciales y el hambre rondaba la mesa como si se tratase de un ser vivo.
Misterios reservados
Sin poder privarnos de las empanadas y mucho menos del chorizo casero, acudimos en su auxilio, con todo el deseo de guardarlos en nuestro seno.
La decisión final tuvimos que debatirla entre ensaladas, sopas y entradas grilladas, aunque finalmente se impusieron las especialidades hechas en casa.
De ambas, el chorizo estuvo espectacular y, más aún, su fenomenal, atrevido e inolvidable chimichurri, que goteó sabor en cada uno de nuestros mordiscos.
Los platos fuertes también nos pusieron en una situación embarazosa, pues con ellos todo podía (y quería) suceder. Carnes solas, parrilladas entera, pastas, pollos y nada por escrito, tales eran nuestros deseos. Al final nos decidimos por unos Ravioles Verdes (rellenos de espinaca) con salsa de hongos y un Lomo San Telmo, relleno con queso mozzarella, tocineta y perejil italiano.
Como anticipo de la dicha, el mesero dejó ?nuevamente? un regalo sobre la mesa: un enorme y convincente bollo de pan de campo, con su tabla y su cuchillo listos para proceder. Sin embargo, con la mesa servida de pies a cabeza, no hubo forma de rebanarle una migaja.
Lo que resta por contar, se puede decir en dos platos. Los ravioles: enormes, gustosos, tiernos y con legítimo sabor casero. La carne: enorme, jugosa, suave y llena de aromas provocadores.
El encuentro terminó al filo de las 10 de la noche, con los postres más saboreados de la Historia: un panqueque de dulce de leche y un San Telmo, mezcla de suspiro, crema, fresas y chocolate. La moraleja de todo esto es: cualquier descripción es inútil; cualquier repetición, imprescindible.
Qué, cómo y cuándo...
¿Qué? Parrillada argentina San Telmo Grill.
¿Dónde? Multicentro Paco, carretera vieja a Santa Ana. Cruce con Guachipelín, San Rafael de Escazú.
Horario: De lunes a jueves, de 12 mediodía a 3:30 p. m. y de 6 a 11 p. m. Viernes, de 12 mediodía a 3:30 p. m. y de 6 p. m. a 12 medianoche. Sábados, de 12 mediodía a 12 medianoche. Domingos, de 12 mediodía a 10 p. m.
Precios: Jugo de fruta natural: ¢800, empanadas de carne (entrada): ¢1660, chorizo (entrada): ¢920, Ravioles verdes con salsa de hongos: ¢2.440, Lomo San Telmo relleno: ¢5.940, Panqueque de dulce de leche: ¢1.490, Postre San Telmo: ¢1980, té: ¢400 y capuccino: ¢600. A estos precios se les debe añadir el 23% de impuestos.
Teléfonos: 288-5035 y 288-5181.
Tarjetas: todas.
Parqueo: el del Centro Comercial, para unos 150 autos.