Seguro, desde afuera pocos se imaginan lo interminable de su interior.
Pero Nare, la palabra coreana que significa que cada día nace una nueva esperanza y un futuro, bien se ajusta a la posibilidad de encontrar un espacio confortable donde in stalarse, y lo mejor de todo, un plato que colme sus expectativas y sus esperanzas.
Hablar de este prolijo restaurante es hablar de cantidades mayores. Los 500 comensales que caben pueden escoger entre 10 espacios diferentes para ubicarse. Las opciones están entre un sobrio salón central, una sala VIP con terraza, una cafetería casual o un bar atractivo con karaoke, Dj y escenario para música en vivo. Todo en una cadencia de marrones, amarillos, naranjas y blancos, que combinan las paredes con la mueblería y el piso de madera con la mantelería.
Pero si la inclinación es por los exteriores, los jardines frescos y repletos de verdura y madera fragante, son la opción ineludible. Empezando el aire libre, un escenario con mesas y parasoles ofrece la posibilidad de que se los remueva para instalar una banda musical, armar un toldo gigante y activar las luces coloridas y los generadores de humo para empezar la parte más animada de cualquier celebración privada. Pero el irse más hacia los extremos, es contactarse con extractos de naturaleza viva. Un riachuelo bordea la extensión de Nare, y varios bambúes se tambalean con el viento y los aromas de la comida que está por servirse.
El duelo de sabores
A menos que se esté acostumbrado a pedir lo de siempre, un menú de restaurante asiático con frecuencia representa un desafío para el amante de nuevas experiencias gourmet de Oriente. Aunque si, como en Nare, la carta divide sus platos en dos tipos de cocina, coreana y japonesa, si los platos llevan sus nombres en coreano y japonés, y si esos platos suman un total de 179 posibilidades, sin contar postres ni bebidas; el tiempo para decidir el almuerzo o cena, posiblemente impacientará al mesero. Pero esa es la oportunidad que ofrece este restaurante.
Luego de esa travesía, la decisión más oportuna fue probar algo de las dos gastronomías.
Para iniciar y calentar la ventosa noche, una cristalina, ardiente y gigantesca sopa Solong Tang con fideos transparentes de arroz, algas y trozos de lomo cocidos, avanzó por el flanco de la tradición coreana. Mientras tanto, por el costado japonés, un isobeage, es decir, rollitos con arroz y centro de salmón, fritos en tempura, asomaron con la belleza de su creación. Por cierto, no puedo olvidar que de la casa llegaron dos sopas miso coreanas en sus clásicos tazones negros con tapa.
Sin haber acabado con las entradas, el mesero asomó con cinco platos que comformaban solamente la totalidad del fuerte coreano. Se trataba del tradicional lomo Nare al grill, que acompañado de arroz blanco, ensalada, tres tipos de salsas, y una pequeña mezcla de verduras picantes, fue servido en ese punto para que la salsa espesa de la carne terminara de concentrarse en mi presencia. Pero concentración fue la que necesité yo para empezar a saborear el enorme lomo, que a pesar de mi esfuerzo, me doblegó en la mitad.
La aparición del fuerte japonés fue más fastuosa. El maki California rolly el sashimi neguiri con tres tipos de pescado -crudos obviamente-, llegaron en cantidad y en presentación inesperadas. En otras palabras, rebasaron las expectativas.
A la vuelta de unas cuantas trinchadas, los recipientes para llevar lo sobrado ?no las sobras, porque eso suena a poquedad?, se asentaron en la mesa con el reflejo de nuestros rostros satisfechos en el papel aluminio.
Parece ser que la clave está en aventurarse a ordenar cualquier delicia de extravagante nombre sin temer a lo desconocido, combinar la tradición y abundancia coreana con la precisión y belleza japonesa, y quedarse tranquilo porque al menos, con el estómago a medias, no se va a salir.
Cómo, cuándo, dónde...:
¿Qué? Restaurante Nare
¿Dónde? 600 m al sur del cruce San Rafael en Escazú, carretera al centro de Escazú.
Horario: De lunes a domingo, del medio día hasta las 11 p. m.
Precios: (más impuestos), ensaladas: de ¢860 a ¢3075; sopas: de ¢800 a ¢5.500; platos fuertes: carne, pollo, cerdo, mariscos y pescado: entre ¢3.000 y ¢8.000. Hay platos para dos entre ¢11.000 y ¢13000, y para cuatro personas a ¢22.000. Una cena para dos personas, con entradas y platos fuertes, sin bebidas alcohólicas, puede bordear los ¢17.000.
Téléfono: 288-0793
Parqueo: Hay un espacioso parqueo propio del restaurante.