
A la primera gota no la pudo parar nadie. Alrededor de las 10:30 a. m. de este sábado, la lluvia comenzó a caer sobre San José y ya no hubo quién la pudiera detener hasta bien entrada la tarde.
Sin embargo, la precipitación y el frío no pudieron truncar el desarrollo del primer Festival Gastronómico Chino de la capital.
Organizado por la Municipalidad de San José, con la colaboración del Banco Cathay, la festividad sirvió para celebrar la cultura y, sobre todo, la comida, de la numerosa comunidad China en la ciudad, así como para inyectar de vida y actividad al actual Barrio Chino josefino.
La comida fue la columna vertebral del festival, pero en torno a esta se ofreció una agenda variada y sustanciosa que incluyó, entre otras cosas y distribuidas a todo lo largo del bulevar de calle 9, exhibición de árboles bonsái, muestras de productos típicos de China y una exhibición de arte infantil.
Un barrio con oferta. Puede que no exista proyecto urbano más polémico en la historia reciente de San José que su Barrio Chino.
Inaugurado por el alcalde –electo entonces, reelecto ahora– Johnny Araya en diciembre del 2012, todavía genera críticas, chota y furia en diversos sectores, que todavía defienden que el espacio, que se extiende entre la avenida segunda y la avenida 14, usurpa la memoria del Paseo de los Estudiantes y que ha tenido un impacto comercial y urbanístico negativo en el casco central de San José.
Sin embargo, durante la mañana de este sábado hubo un flujo constante de personas, ataviadas con abrigos y cubiertas con sombrillas, que no dudaron en enfrentarse a la inclemencia del clima con tal de poder degustar distintos platillos.
A la familia Valerio, por ejemplo, poco les importó mojarse o, mejor, cubrirse por completo en una capa plástica para protegerse; todo con tal de apreciar las recetas del restaurante Cuchara oriental, que contó con sillas y mesas cubiertas con un toldo para que los comensales pudieran apreciar los platos con calma.

“Ha estado un poco aguado; es una lástima que cayera un aguacero, porque se nota que había muchas cosas preparadas, pero la comida está deliciosa”, comentó Efraín Valerio, quien visitó desde Heredia junto con su esposa Mirna Calderón. “Vinimos específicamente al festival”, agregaron Pablo Valerio y Norma Aymerich, quienes trabajan en las cercanías del barrio y agregaron que, de convertirse la festividad en una actividad permanente, se convertirían en visitantes asiduos.
Esa, de hecho, es la intención. Esta primera edición del festival sirvió como una especie de ensayo para un proyecto mayor: la creación de un Paseo Gastronómico permanente en la zona, similar al que ya existe en Barrio Escalante.
“A pesar de la lluvia, el público no se ha marchado”, comentó Sugey Coto, promotora cultural de la Municipalidad de San José. “A las personas les ha gustado la oferta. Como productores y organizadores, esto nos demuestra que la propuesta fue asertiva y acertada, de acuerdo con la respuesta del público”.
Coto agregó que la intención de la Municipalidad es seguir efectuando festivales, no solo de corte gastronómico, sino que celebren efemérides propias de la cultura china.
“Esto sigue siendo el Paseo de los Estudiantes, pero es un lugar donde se generó una propuesta interesante que enriquece nuestra cultura. Es nuestro derecho tener acceso a culturas distintas, porque nos enriquece como personas y genera un importante desarrollo humano”, comentó Coto, quien agregó que no ve necesario que compitan el Paseo de los Estudiantes y el Barrio Chino: “Somos ambas cosas”.

Culturas amigas. No existe mejor puente entre culturas distintas que la comida, y el más fuerte entre Costa Rica y China es el arroz cantonés.
Recién comenzaba el festival cuando la lluvia comenzó a arreciar y unas 30 personas se aglutinaron en torno a uno de los toldos de comida, donde un cocinero demostraba la forma precisa de preparar un cantonés. Horas más tarde, a eso del mediodía, un pasacalle combinó una cimarrona y mascarada criolla con una danza del dragón.

Ambas actividades forman la postal perfecta de un festival que fortalece más que nunca el abrazo entre la cultura costarricense y la del gigante asiático, además de mostrar uno de los lados más interesantes de San José.
