Si yo fuera hombre, empezaría diciendo que lo mejor de Hooters son las chicas que allí atienden, especie de desdoblamiento carnal de un apetitoso menú pero, como mujer, no soy esa clase de hombre. Ante el panorama, elegí la observación científica y, principalmente, la degustación deportiva.
En este restaurante –cuya esencia se resume en dos palabras foráneas: sports bar – hay que tener en cuenta que la diversión y la seducción también están invitadas a la mesa. Por un lado, casi una veintena de televisores acompañan los procesos digestivos con partidos de todo tipo (desde goles locales hasta batazos de grandes ligas) al tiempo que casi una decena de Chicas Hooters –una docena de ellas, en días de tránsito pesado– se encargan de una novedosa forma de alimentación masiva: con shorts y ajustadas camisetas. Además, al ambiente hay que añadirle un par de mesas de billar y varias dianas de dardos.
El concepto de esta franquicia norteamericana con sede en 46 países, según Rodrigo Molina, su gerente local, consiste en ofrecer “comida de excelente calidad con un servicio personalizado”.
“Tratamos de no llamarlas saloneras”, dice Molina. “Las Chicas Hooters no solo sirven mesas, tienen que ser alegres y tener mucho carisma, siempre enfocadas al servicio al cliente, siempre apegadas a las buenas costumbres y a la moral. Somos como un trampolín para carreras de modelaje y artísticas, especialmente en Estados Unidos”.
En dos platos, la comida está al mismo nivel de importancia que las anfitrionas, tan variadas como el mismísimo menú, que ofrece desde las tradicionales alitas de pollo (con salsa ultrasecreta ) hasta patas de cangrejo, pasando por las ostras (al natural o al vapor), con sorprendentes ensaladas, camarones, pescados a la plancha, sandwiches vegetarianos (y otro millón de variables), todo tipo de hamburguesas, burritos y lomitos.
Hay que mencionar el menú ejecutivo (de lunes a viernes, de 12 m. a 3 p. m) pues, por ¢2.500 (más 23% de impuestos) uno se alimenta con postre y refresco incluido.
Nosotros probamos las alitas (extracto de la lujuria, con dedos incluidos), las patas de cangrejo y el Ceviche Hooters. De todos los platos ricos, seguro elegimos algunos de los más. Nuestra promesa es volver un domingo: los niños comen gratis.