En las alturas de San Antonio de Escazú se encuentra, desde hace un mes, un restaurante que le da rienda suelta a su afinidad con la comida hecha a la parrilla y donde los alimentos "bañados" en grasa no tienen cabida.
Se trata del Bar y Restaurante La Paila de Bruja, un local que se esmera en brindar un buen servicio y, por supuesto, ofrecer una amplia variedad de platos para todos los gustos.
Típico y variado. Aprovechándose de una casa con más de 100 años de antigüedad hecha con paredes de adobe y techo de tejas, los propietarios de La Paila -como ellos mismos le llaman- se esmeraron en convertirlo en un restaurante que además de la buena comida diera calidez a los visitantes para que estos se sintieran como en su propia casa.
Desde que se toma asiento, ya sea con poca o mucha hambre, una mirada al menú le sacará de dudas sobre lo que quiere degustar y, más bien, la boca se le hará agua ante tanta y tanta tentación al paladar.
El día de nuestra visita, y de paso el regreso de la tranquilidad de nuestro antojo, disfrutamos de una punta de lomo a la jalapeña, que consiste en un generoso y suave corte de carne de res asada acompañada de ensalada, una orden de arroz y la salsa blanca y picante de la casa, que le da la particularidad de su sabor. La mesera nos instó a comer la carne a ¾ de cocimiento y resultó ser todo un acierto.
Pero de lo que realmente presumen en La Paila es de los mejillones a la parrilla y del pescado meunier . Los primeros son asados y servidos en mantequilla, queso parmesano y perejil. Sin duda alguna es un plato que no dura mucho tiempo en la mesa por su buena presentación y sabor.
El pescado meunier es un poco más sofisticado en su preparación, pero causa el mismo buen efecto en el paladar. Este producto marino tiene su base de preparación en las alcaparras y el limón.
Una opción para grupos de amigos es el super sampler , un plato cargado de aros de cebolla, calamares, dedos de pollo, pescado, queso y yuca frita, chorizo, puntas de lomo, chicharrones, alas de pollo... ¿algo más?.
De las pocas cosas "no asadas" que ofrece La Paila nos inclinamos por la sopa, la cual varía durante el día conforme la oferta acabe. En nuestro turno probamos la sopa negra, que acompañamos con una orden de arroz y unas tortillas. El menú también se hace acompañar de las sopas de mariscos, pollo y mondongo.
Nos quedaron muchos platos por degustar, entre ellos las costillas de cerdo en salsa agridulce con piña , pero lo cierto es que el restaurante escazuceño La Paila de Bruja literalmente nos "embrujó" tanto por su deliciosa comida como por el ambiente de antaño en que se desarrolla el buen comer .