Silencioso, dibujado en una pared, Zeus (dios de los dioses en la mitología griega) observa a los comensales que saborean despacito o raudo un lomito de cordero, sazonado con las mejores especias o un plato de camarones jumbo a la parrilla.
Porque, si hay algo que usted puede deleitar a boca llena bajo la atenta mirada de Zeus son las carnes y mariscos en la casa de Jimmy el griego, el nuevo restaurante que ancló en la zona de Pavas.
Jimmy el griego es parte de una franquicia internacional con restaurantes en Europa, y que a su llegada a Costa Rica quiere ganarse el paladar de los ticos con comida sabrosa, buen servicio y precios cómodos. Claro, sin olvidar un ambiente agradable a la retina, sin importar si es verde, azul, negra, café o miel.
Para hacer su estancia placentera - ya sea corta o larga, eso depende de su apetito-, Jimmy tiene una casa acogedora, con mesas y sillas bien distribuidas, iluminación adecuada y una decoración que remite, innegablemente, a Grecia.
Lástima que los carros que transitan a toda velocidad frente al local restan un poco de tranquilidad, aunque la comida bien compensa ese puntillo negro.
Vamos por partes. Desde el primer platillo se siente, se huele y se saborea a mediterráneo, a los dioses, a Atenas, la capital de Grecia.
Antes de meterle el diente al menú relájese y saboree un delicioso y suave aperitivo, infaltable en los hogares griegos llamado ouso.
Ahora sí. Ya con el paladar a tono usted puede elegir entre una entrada fría o caliente. El menú , bondadoso en opciones escritas en español, inglés y griego: vegetales en escabeche, aceitunas negras (kalamata), queso feta, calamares marinados, pulpo marinado o chiles morrones. En el apartado de las entradas calientes Jimmy tiene calamares empanizados, camarones flameados, salchichas negras ( loukanika ), pulpo a la parrilla ( octopus skaras), queso kefalotiri flameado ( saganaki opa) , hongos salteados o hígado de pollo flameado ( sikotaki).
La recomendación de la casa: absolutamente todo, no hay nada que desmejore ante el mesero.
Los calamares marinados son una exquisita opción, acompañados de pan pita con aceitunas negras, pepinillos con vinagre, chiles picantes, alcaparras y un dip griego llamado tzatziki (yogur, pepinillos, aceite de oliva, ajo, limón, sal y pimienta).
Si usted es de los que prefiere algo más liviano entonces podrá degustar dos clases de sopa: avgolemono (de pollo) o fakir (de lentejas). Las dos tienen un sabor que bien levantarían el ánimo más alicaído.
Hora de la verdad. Ya con el espíritu a tono con la música griega y las entradas aún en el paladar, los platos fuertes irrumpen con saña y alevosía.
¿Qué le parece un lomito de cordero, de pollo o res a la parrilla?
El de cordero sencillamente cortó la respiración a rajatablas; la saliva brotó con pasmosa facilidad. Una y otra vez los trozos viajaban inexorables hacia su destino final, el estómago. El platillo estuvo acompañado de arroz pilar griego (más suelto y al horno, de aspecto dorado) y vegetales hervidos.
Si de mariscos se trata no puede dejar pasar la oportunidad de probar un delicioso pulpo a la parrilla o camarones jumbo a la parrilla.
Si usted va solo o acompañado por otra persona pueden pedir un platón pequeño, compuesto por: lomito de cerdo, lomito de res, pechuga de pollo, lomito de cordero, pulpo a la parrila, camarones jumbo a la parrilla y calamares empanizados, todos acompañados de arroz, papas asadas, pan de ajo y cuatro ensaladas.
Este platón igual se sirve para siete u 12 personas. Eso depende la cantidad de bocas hambrientas.
Nada mejor para bajar la comida que un café costarricense o uno griego, acompañado de un baklava (pas tel de nueces), un halva (tarta de sémula con almendras, jugo de limón, canela y azúcar) o un cheesecake de fresas o moras.
Una vez cerrado el ritual déjese llevar en el tiempo de la mano de Zeus, que gustoso lo estará esperando nuevamente.