Fernanda Matarrita Chaves. 16 junio

Este Día del Padre será aún más especial: la fecha coincide con el debut de Costa Rica en el Mundial de Rusia 2018. Por eso reunimos las historias de los progenitores de tres seleccionados nacionales, quienes en este momento son parte de esta fiesta futbolística.

Las vivencias de Honorio Moreira, papá del portero Leonel Moreira; las de Danilo Ureña, padre del delantero Marco Ureña, y las de Robert González, progenitor del defensa Giancarlo Pipo González rememoraron los momentos más importantes, y en algunos casos, los más difíciles que vivieron mientras sus hijos se enrumbaban en el mundo del deporte.

Las historias de estos tres padres coinciden en un punto fundamental: tuvieron que apoyar a sus “pequeños” para que pudieran cumplir sus sueños en las canchas. Hoy, su esfuerzo dio el fruto esperado al ver a sus hijos disputar la copa del mundo.

Honorio Moreira es el padre del arquero Leonel Moreira. Fotografía: Alejandro Gamboa Madrigal
Honorio Moreira es el padre del arquero Leonel Moreira. Fotografía: Alejandro Gamboa Madrigal
Honorio Moreira: Sacrificios para ver a sus hijos realizados

Después de varios enojos, Honorio Moreira comprendió porqué su pequeño hijo Leonel siempre quebraba los bombillos y los adornos de la casa. Aquel chiquillo, quien desde sus primeros años se mostró atraído por el balón, no paraba de patear y atajar la pelota.

“Estar practicando lo llenaba a él. Uno asimilaba que tantas eran las ganas que tenía por el bendito fútbol que para él todo era bola”, recordó el padre del seleccionado.

Don Honorio, de 60 años, es el orgulloso papá del portero Leonel Moreira, quien funge como uno de los arqueros de la Selección Nacional en el Mundial de Rusia.

“Me siento honrado con él. Es un hijo excelente. Bien portado. Estoy orgulloso de lo que ha hecho con Heredia y con La Sele”, destacó el padre.

Don Honorio tiene muchos recuerdos bonitos que evocar. Bromea diciendo que él anheló tanto ser futbolista que sus hijos “agarraron sus técnicas” (su hija María Fernanda Moreira estuvo en un campeonato mundial, pero se retiró por una afección en su rodilla).

Leonel es el tercero de cinco hermanos. Cuando inició en el deporte sus papás hicieron el esfuerzo para que pudiera entrenar. El talento no podía desperdiciarse a pesar de las limitaciones económicas.

“Uno con cinco hijos y un salario, viera qué difícil. Cuando Leito comenzó a jugar teníamos que comprar los tacos, las espinilleras y demás implementos; era caro, pero recortábamos de un lado y hacíamos el sacrificio. No fue nada fácil, pero cuando se está ante algo así uno tiene que aportar”, recordó quien durante 32 años trabajó en las bodegas de Cervecería de Costa Rica, sitio del cual fue despedido recientemente.

Moreira recuerda con cariño cómo cada fin de semana iban en familia a ver entrenar a Leito, como llaman en casa a su hijo. Con risas, este afable señor recuerda que a su hijo menor, Josué David, no le gustaba para nada asistir a los partidos.

“Apenas terminaba el primer tiempo, Josué David preguntaba que si ya nos íbamos y todavía quedaban 45 minutos de juego (risas). Nunca le gustó el fútbol, pero hoy por dicha es estudiante de Microbiología de la Universidad de Costa Rica.

Don Honorio junto a su hijo Leonel Moreira. Foto: Honorio Moreira para LN
Don Honorio junto a su hijo Leonel Moreira. Foto: Honorio Moreira para LN

”Desde los 9 años yo salí de la escuela para trabajar. Nosotros íbamos a cortar cáscaras. Era mucho trajín, a puros brincos y saltos saqué el sexto en la escuela; eso es parte de la vida. A puros empujones uno ve a sus hijos realizados”, contó el orgulloso papá.

Como padre, don Honorio se siente satisfecho de ver que su hijo Leonel, además de destacar en el ámbito profesional, es un padre y esposo entregado.

“Leito es muy especial como esposo y papá. Tiene un don. Él ha sido la base fundamental de mi nieto Santiago (quien en 2016 fue operado en Madrid para poder caminar con normalidad, pues sufría una diplejia espástica, mal que le impedía caminar). Leo lo ayudó a salir adelante. Ese güila (Santiago) daba pasitos solo con andadera; ahora el bandido juega hasta bola. Eso fue un regalo para un 25 de diciembre. Esas cosas son puras bendiciones de Dios”, recalcó el agradecido papá y abuelo.

Para este Día del Padre, mismo que coincide con el debut de Costa Rica en el Mundial Rusia 2018, don Honorio solo tiene un deseo en mente: “Que mi chiquito esté bien y que no haya lesión para ninguno de los compañeros. Espero que disfrute bastante. Con eso me siento muy feliz. Para mí es satisfactorio. Yo nunca he podido salir ni a Panamá, pero todo lo que él ha recorrido del mundo, para mí es muy bonito. Yo siento como si fuera yo. Me siento feliz”, agregó.

Robert González papá de Giancarlo 'Pipo' Gonzalez. Alejandro Gamboa Madrigal
Robert González papá de Giancarlo 'Pipo' Gonzalez. Alejandro Gamboa Madrigal
Robert González: Un orgullo que da sensación de mariposas en el estómago

Robert González es el padre del defensor Giancarlo Pipo González. Este señor de 63 años tiene grandes anécdotas de la infancia de su hijo futbolista, que si bien ahora causan gracia, en su momento fueron motivo de angustia.

“Le voy a contar uno de los recuerdos que no olvido. Él podía tener entre los cuatro y cinco años y un día se me ocurrió comprarle una pijama de Superman... pues resulta que se subió a la mesa y se tiró a volar. Se golpeó y lo tuvimos que llevar al hospital. Esa semana de la pijama, Gianca fue como tres veces al hospital. Bendito Dios que en esa época mi esposa trabaja en el Hospital Nacional de Niños o si no nos lo hubieran quitado, porque en una semana el travieso tuvo tres golpes diferentes”, recordó entre risas.

Otro de los momentos que más enternecen y siguen asombrando a don Robert fue uno que se dio cuando el conocido Pipo tenía un cachorro y le ofrecieron ¢500 para comprarlo. “Era un niño al que le gustaba la plata (risas) y cuando me voy dando cuenta vendió al perrito”, agregó.

Cuando Giancarlo González cumplió ocho años, las travesuras pasaron a segundo plano. Su papá cuenta que aquel pequeño ya no quería fiestas, ni pasteles, ni piñatas. Todo lo que pedía era entrar a una escuela de fútbol y jugar “mejenga loca”. Desde esos años empezó todo.

“Verlo hoy es impresionante. Uno no sabe ni qué decir. Es algo así como cuando a uno le gustaba una chiquilla y sentía ese montón de mariposas en el estómago, eso siente uno. Es un orgullo indescriptible. A uno hasta se le eriza la piel”, contó González, quien trabaja en una empresa de transporte de estudiantes.

Don Robert aparece en la foto con Pipo, quien en ese entonces tenía cinco años, y con el cachorro que el niño vendió en ¢500. Foto: Robert González/LN
Don Robert aparece en la foto con Pipo, quien en ese entonces tenía cinco años, y con el cachorro que el niño vendió en ¢500. Foto: Robert González/LN

Antes este papá trabajaba como mecánico, por lo que siempre encontraba ocasión para acompañar a su hijo en los entrenamientos y en cada partido que pudiera.

Hoy, al ver a su hijo como un destacado jugador de fútbol, este transportista se siente agradecido por haber sido un padre presente.

La relación de padre e hijo es estable y fuerte. Don Robert además de sentir orgullo, también admira a Giancarlo.

“No es porque Gianca sea mi hijo, porque siento que nosotros como padre de familia no vemos defectos... pero verdaderamente Gianca es excepcional. Sigue siendo el mismo desde que era chico. Mantenemos la misma relación. Si se le mete algo en la cabeza él lo hace, pero lo piensa mucho. Es muy ordenado y determinado”, contó el padre, quien está ansioso por ver a su hijo figurar en la gran fiesta del balompié.

A las 6 a. m. de este Día del Padre, Giancarlo González será uno de los 11 ticos que se enfrente al cuadro de Serbia. Don Robert solamente tiene un deseo para la fecha especial.

“Voy a levantarme a ver el partido. Mi regalo ideal para ese día es que gane la Sele y que Gianca brille con luz propia”.

Danilo Ureña, padre de Marco Ureña. Fotografía: Alejandro Gamboa Madrigal
Danilo Ureña, padre de Marco Ureña. Fotografía: Alejandro Gamboa Madrigal
Danilo Ureña: Esfuerzo para potenciar al chico que tenía “pasta”

Don Danilo Ureña recuerda que cuando Marco Ureña fue aceptado en la Liga Deportiva Alajuelense, a los 14 años, su esposa Xinia Porras tuvo que conseguir un empleo para que el hijo de ambos pudiera viajar desde Palmichal de Acosta hasta Alajuela a entrenar.

“A los seis meses de haber entrado él recibió una ayuda. Se financiaba los pasajes. Esa época, cuando él viajaba y teníamos limitaciones económicas, fue un poco dura para la familia”, dijo.

Don Danilo trabajaba como guarda de seguridad y el dinero no daba para tanto. Aquel esfuerzo de los padres del delantero valió cada colón. Hoy es uno de los futbolistas más connotados, representante de Costa Rica en Rusia 2018, y además un hijo que ha honrado a sus padres.

“Qué puede sentir uno con un hijo como Marco. Si uno ha sido tan pobre en esta vida. A pura lucha no es que él ha hecho dinero, pero sí nos ha cambiado la vida con sus ayudas. Me hizo mi casita muy bonita, también le regaló un lote a cada hermano”, rememoró don Danilo.

Don Danilo y doña Xinia tuvieron siete hijos. Uno no nació y otro murió con 15 días de nacido, según cuenta. “Marco es nuestro cumiche”, dijo Ureña, de 69 años.

El esfuerzo económico no fue el único que hizo la familia. El papá recuerda que él fue a solicitar becas en algunos equipos para que su hijo pudiera explotar el talento deportivo que había demostrado desde temprana edad.

“Yo pateé bola, entonces uno veía que Marco tenía pasta. Yo sabía que podía llegar a una segunda división, o a primera... pero no pensé en que iba a llegar hasta donde ha llegado”, manifestó.

Cada logro de Marco era un logro para don Danilo. Aunque por su trabajo no podía estar en todos los entrenamientos y partidos, procuraba acompañar a su hijo cada vez que tenía el día libre.

Don Danilo@ (blanco) lloró de alegría al recibir a su hijo Marco (de negro) luego de que el deportista jugara en el exterior. Foto: Danilo Ureña para LN
Don Danilo@ (blanco) lloró de alegría al recibir a su hijo Marco (de negro) luego de que el deportista jugara en el exterior. Foto: Danilo Ureña para LN

“Un cuñado tiene carrito entonces yo me le guindaba a mi cuñado para ir a ver a Marco jugar. Me gustaba mucho el fútbol de Marco. Ha sido una persona muy rápida, le pone muchas ganas”, agregó .

Este Día del Padre, que coincide con el primer partido de la Tricolor en el Mundial, don Danilo tiene puesta su esperanza en recibir un especial obsequio.

“Me gustaría que me haga un golcito por lo menos. Me gusta que haga goles para darme bastante alegría. Esta vez no se lo pedí como regalo del Día del Padre. Solamente le dije que si podía hacerle un gol a Brasil (risas); sé que es difícil pero en la vida no hay nada difícil si uno se lo propone”, aseguró.

Don Danilo quiso destacar que Marco Ureña sigue con la misma personalidad de cuando siendo un adolescente madrugaba para viajar desde su natal Palmichal de Acosta hasta el destino que lo conduciría a cumplir su sueño futbolístico.

“Para nosotros es impresionante. La gente de la comunidad lo admira. Es un muchacho muy humilde. Sigue siendo el mismo. No ha cambiado de forma de ser”.