De seguro que usted tiene en su mente aquellas escenas de la serie televisiva Los Picapiedra , cuando Pedro se disponía a darse una buena comilona
Lo que ocupaba el mayor espacio en su mesa, y en su plato, eran las enormes costillas de brontosaurio.
Bueno, quiero decirle que si usted es amante de este tipo de comida, hay un pequeño lugar esquinero, camino a San Antonio de Escazú,en donde le pueden servir costillas, no de brontosaurio, pero sí de grandísimo tamaño. Y también, si no le agrada la carne roja, puede elegir un buen muslo de pollo a la parrilla.
El sitio se llama Fabricio's Ribs Shack, y se encuentra sobre la calle que pasa por detrás de la Iglesia de San Miguel Arcángel, en el centro de Escazú, y sube hacia las alturas (al sur) de ese cantón. Es una esquina bien identificada con su rótulo, pero a la que en realidad lo que la delata es el intenso olor a carne asada.
Fabricio Benavides, el dueño y parrillero, aprendió sobre el arte de cocinar costilla nada más y nada menos que en la cuna de ese tipo de placer gastronómico: Estados Unidos.
Ahí conoció todos los secretos y, sobre todo, lo que tiene que ver con la forma en que interviene la leña y la altura de la parrilla en el resultado final que llega a su mesa y luego a su boca. Eso es, a su juicio, lo que le da el verdadero sabor a las costillas y también define qué tan suave queda la carne.
Fabricio dice que en Costa Rica todavía no hay tradición, y son pocos los fiebres de las costillas, pero él está dispuesto a ganarse a la gente, y para eso se suda frente a la parrilla.
Su local es bastante pequeño, pero no por eso incómodo.
Aún así, los que prefieren comer en casa, tiene todas las facilidades para que la gente haga su pedido y pase a recogerlo, e incluso está empezando a introducir el servicio express para los alrededores de Escazú..
El plato estelar ahí, como dijimos, son las costillas, pero Fabricio hace unos frijolitos ahumados de morirse, y de vez en cuando ensaya con chicarrones a la parrilla.