
¿Qué es lo primero que usted hace cuando ocurre un temblor muy fuerte y alguien en su casa entra en pánico? La respuesta más sensata y humana sería ayudarle: darle un abrazo, prepararle un té o buscar cualquier forma de devolverle la calma.
Se lo pregunto por una razón muy específica. Este lunes 24 de agosto, mientras iba en el autobús de camino a mi trabajo, me topé con un video de un supuesto creador de contenido costarricense, el cual fue grabado minutos después de los sismos de 5,0 y 4,5 que nos asustaron y despertaron a todos.
La particularidad del metraje era indignante: este joven —que parece de una edad similar a la mía— decidió sacar su teléfono para grabar a su madre en evidente estado de shock, recién levantada, envuelta en llanto y con los nervios a flor de piel.
“Ya tranquila, ma. Tengo a mi mamá en un ataque de nervios”, decía el muchacho a la cámara mientras a la mujer le bajaban las lágrimas e intentaba respirar para controlarse. Ante una escena así, la duda es inevitable: ¿de verdad su primera reacción ante el sufrimiento de su madre fue encender el teléfono y ponerse a filmar?
Entre la rabia, la impotencia y hasta la incredulidad de lo que veía, me cuestioné: ¿Cómo se puede ver tan mal a la mujer que le dio la vida y priorizar la pantalla antes que el abrazo? ¿Cómo se atreve a exponer la vulnerabilidad de un ser querido y, para colmo, pedir en la descripción del video que lo sigan?
Por si fuera poco, publicó un segundo video donde muestra a la señora acostada asegurando que “hay que darle seguridad a los que amamos”. La contradicción es absoluta. ¡Suelte el celular y acepte que se equivocó!
Prueba de su error fue que tuvo que restringir los comentarios de la publicación original. ¿Por qué lo hizo? Porque al igual que yo, cientos de costarricenses se indignaron ante semejante insensibilidad y se lo hicieron saber.
El pánico ajeno —y sobre todo el de una madre— jamás debería utilizarse como carnada para cazar seguidores. Sea humano: abrace, cuide, respete y valore. Los números en una red social no le van a dar ni la mitad del amor y respaldo que esa mujer, a la que expuso en su momento más vulnerable, le brinda día a día.
Si usted no tolera la crítica y prefiere borrar comentarios, pues haga una pausa y antes de “publicar” su contenido, pregúntese si el video que hizo edifica a la sociedad o si solo revela la alarmante erosión de su propia empatía.
