Con voz pausada, salvo en algunos momentos en que se le hizo un nudo en la garganta, el escritor peruano nacionalizado español pareció saborear cada palabra de su discurso, donde recuerdos de su Arequipa natal, de París y de Barcelona se mezclaron con personajes salidos de las páginas de Julio Verne, de Alejandro Dumas, de Víctor Hugo, de Gustave Flaubert y de Jorge Luis Borges.
“Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Bolivia. Es lo más importante que me ha pasado en la vida”.
Así empezó el discurso del Premio Nobel de Literatura 2010, que durante una hora cautivó y emocionó a los cerca de 200 privilegiados que tenían entradas para escucharlo en un salón de la Academia Sueca, en Estocolmo.
Vestido con traje azul oscuro, camisa celeste y corbata gris, el escritor nacido en Arequipa hace 74 años rememoró su infancia, durante la que “viajó con el capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino”, luchó “junto con D’Artagnan, Athos, Porthos y Aramis”, y se arrastró “por las entrañas de París, convertido en Jean Valjean”.
El primer Nobel de Literatura de lengua hispana desde el español Camilo José Cela, premiado en 1989, dio gracias por haber podido dedicar buena parte de su vida a esa “pasión, vicio y maravilla que es escribir”.