Fernando Chaves Espinach. 10 marzo, 2016
Roxana Pinto fue embajadora en Francia del 2005 al 2010. Uruk Editores publica su nueva novela. Paula Guerra para La Nación.
Roxana Pinto fue embajadora en Francia del 2005 al 2010. Uruk Editores publica su nueva novela. Paula Guerra para La Nación.

Hay tantos París como personas que lo visitan. “Tanto recorrer las calles de París me hizo creer que conocía esta ciudad como la palma de la mano. Sin embargo, hay algo esencial en ella que siempre se me escapa; también algo que me sorprende: una pequeña fuente, una placita, cierto rincón encantador, o un claustro convertido en taller de artista”, narra la protagonista de Ida y vuelta , una más de tantas autoexiliadas en la urbe que parece ofrecerlo todo.

Como la ciudad no se agota, la novelista Roxana Pinto la explora de múltiples maneras en su nuevo libro (se presentará este jueves, a las 7 p. m. en el Instituto de México). Embajadora en Francia del 2005 al 2010, ha conocido París de muchas maneras: “La viví como adolescente, como turista, como diplomática… Y la he vivido como escritora”.

También como pintora. Anadí, de 33 años, vive en Francia persiguiendo sus sueños de arte. Es el 2005, tiempo de renovadas protestas estudiantiles. Polo magnético de la diversidad cultural, París abre sus puertas a una mujer como ella, libre de todo, en busca de sí misma.

“Esta mujer fue y se quedó 13 años. Es un exilio largo, en el que no sabe si quiere volver o no”, dice Pinto. Su exilio es elegido, pero la acerca a otros personajes que se cruzan en su camino. “Ella pinta y escribe, porque el artista es un exiliado también, en su propio mundo, se exilia con sus personajes, en el espacio donde escribe o pinta”, describe la autora.

Tránsito. Así, hilvanando su vida en una ciudad tan antigua como moderna, hecha de claroscuros. “Ella tiene un pie en Costa Rica cuando recuerda y otro en Francia cuando vive sus experiencias –encuentros, desencuentros, experiencias sexuales, frustraciones, alegrías–”, detalla la escritora.

“Ser exiliado tiene altibajos. Por un lado está el deslumbramiento de la gran ciudad, y por el otro lado, el rechazo”, dice, y así, recorre todos aquellos estados emocionales como la pintora que explora su paleta a placer.

Pinto viajó a París a terminar su secundaria en los años 60. Era una época convulsa, un punto de cambio en la historia. Volvería como adulta y la hallaría cambiada, pero familiar. Como diplomática, buscó tener puentes entre dos naciones que, a lo largo de las décadas, han estado muy cerca.

“La novela habla de esa relación que influyó tanto en nuestra identidad, pero no olvida las influencias indígena, caribeña y española. Hay todo el mestizaje que nos caracteriza”, describe Pinto. Como recuerda Anadí de una de sus relaciones, desmenuzan juntos lo que define su cualidad de extranjeros: “exilio, añoranzas, discriminación, soledad, aversiones y preferencias gastronómicas”.

¿Tiene algo de su autora la mujer? “Los hechos que despiertan la imaginación en uno son aquellos que dejaron huella, que están escondidos, sumergidos”, dice. Surgen ahora en otra mujer, un doble suyo exiliado por voluntad, atenta a la ida y a la vuelta .