“Aquí somos una vieja estampa de dos niños nacidos pobres como un pedazo de pan enmohecido” (p. 168)
El tono rojizo, crepuscular y premonitorio del mercurio se confunde con los explosivos colores de una estación que añoramos, con el origen de la belleza y la inquietud de la nostalgia, con la marca de nacimiento y la marca de la separación, con el fuego ligero de unos pies alados: niño-dios que lleva el mensaje de los dioses hasta que es atravesado por el rayo final de la muerte, su humanidad destruida.
Pocas carreras literarias son capaces de arrancar de un modo tan claro y tan contundente. El escritor Byron Salas lo ha logrado con su primera obra narrativa, Mercurio en primavera , una novela que explora la vida asfixiante de un pequeño pueblo y de sus típicas familias, los oscuros caminos para salir y el tormentoso interior de Lucas, su protagonista, quien aparece como un antihéroe despreciable y a la vez vulnerable.

El relato se mueve alrededor de tres personajes: Julita y sus dos hijos, Carlos y Lucas. El primero sostiene una aventura con una vecina mayor, que permite elaborar un drama en torno a las costumbres y a la figura materna; el segundo, de personalidad más volátil, intenta escapar de esa figura materna y se interna en el mundo del porno, un universo que aparece como promesa y liberación.
Carlos y Lucas vivirán un proceso de descomposición moral y física, mientras Julita se desmorona a solas en su incapacidad para articular discurso alguno. Sin embargo, aquella descomposición no resulta moralizante ni admonitoria, al contrario, se plantea como el camino para la propia redención: consumirlo todo y consumirse parece ser el motivo de Lucas, quien sin freno se lanza en una vorágine donde el cuerpo es la metáfora última.
Poderosas características
Se trata sin duda alguna de una de las novelas más arriesgadas de la literatura costarricense, un derroche poético que se mueve con la fluidez y la gracia que solo alcanzan escritores consumados.
Las voces, los narradores, los protagonistas desfilan ante nosotros como en un sueño, como en un baile de máscaras, como en una bruma que desdibuja un paisaje ya de por sí caótico.
La habilidad narrativa de Salas, su lenguaje exuberante y su trazo poderoso tienen pocos referentes en el país: “los niños se tomaron de la mano, y al llegar al final del mundo, al llegar al final de todo, el pájaro se elevó como una boca, borrando la luz, dejando tan solo la oscuridad total de una boca que grita en contra de la tierra” (p. 178).
El relato aborda temas complejos y ahonda en una serie de tabúes sexuales. He ahí su primera apuesta y su primer reto para el lector. Pero una vez superados, lo que se convierte en una verdadera proeza es su lenguaje, que adopta un estilo decidida y ferozmente barroco.

La novela se propone como un artefacto que dispara palabras y secuencias oníricas por igual. Con especial énfasis hacia el final, las imágenes líricas sustituyen la narración, como si todo fuese diluyéndose poco a poco, o más bien, desgastándose, consumiéndose en una suerte de hoguera verbal.
Si los temas tocados pueden provocar atmósferas densas y asfixiantes es el despliegue técnico de Salas el que realmente nos atrapa y nos ahoga. Hay un paralelismo entre el agotamiento (la descomposición, la desintegración) del cuerpo y el ascenso y elaboración del lenguaje que lo crea, como una conciencia que se expande.
Quizá mi única objeción a esta ópera prima sea el tono alegórico que adopta en algunos momentos, merced a un juego onomástico.
Mercurio en primavera es desde ya una lectura necesaria, que refleja los cambios de nuestra época y nos hace plantearnos asuntos sociales urgentes que deben ser abordados para poder seguir madurando en tanto comunidad. Y, en definitiva, si alguna novela se ofrece como una ética y una erótica es esta historia lírica por un lado y desgarradamente cruel por otro, una corriente de lenguaje que lo consume todo, empezando por el cuerpo de sus personajes, carne entre la carne, verbo encarnado: prodigio.
Byron Salas, Mercurio en primavera (novela, Colección Bartleby, n.° 10), San José: Ediciones Lanzallamas, 2017, 210 pp. Pedidos: info@edicioneslanzallamas.com