27 marzo, 2016
Lucha incansable. El activista David Acosta (centro) en una demostración de United for AIDS Action en Nueva York, en 1992. Fotografía: David Acosta para La Nación.
Lucha incansable. El activista David Acosta (centro) en una demostración de United for AIDS Action en Nueva York, en 1992. Fotografía: David Acosta para La Nación.

Gabriela Arguedas Ramírez

En este volumen de Queer Brown Voices , construido gracias al encuentro de un grupo de personas que resonaron en lo afectivo, lo político y lo ético, encontré un mosaico de voces que dan testimonio sobre lo que fue organizar la rabia y el dolor producidos por la homo-lesbofobia, la misoginia, la xenofobia y el racismo en Estados Unidos durante los 70, 80 y 90. Esa rabia y ese dolor –organizados– fueron el punto de partida para movilizar una intensa lucha social en favor de la justicia, la libertad, la igualdad, la no discriminación y la reivindicación del derecho a construirse cada quien una vida feliz, una vida que vale la pena vivir.

Uriel Quesada, Letitia Gómez y Salvador Vidal-Ortiz conforman el equipo editor y , más que eso, fluyen desde una complicidad que se siente a lo largo de cada página. Este trío logró consolidar un trabajo que combina el rigor de la investigación cualitativa, con la toma de posición desde las heridas y los gozos personales.

Las historias que se recogen, se entrelazan y dialogan en este libro, hablan de lo que ha quedado oculto bajo las capas de silencio que nos hemos acostumbrado a tolerar, en diversos espacios sociales. Hablar del racismo presente dentro de los grupos de activistas LGBT, hablar del sexismo normalizado y ejercido por hombres gais –tanto latinos como no latinos–, hablar de la homofobia y lesbofobia dentro de los grupos de activistas latinos y de migrantes, es un acto de atrevimiento y valentía, tanto en Estados Unidos como en Costa Rica, y considero que esa es la realidad, en términos generales, en toda América Latina.

Las entrevistas y narraciones personales compiladas en Queer Brown Voices dan cuenta de múltiples formas de discriminación; es decir, de múltiples formas de encarnar y navegar los modos en que se construye la otredad. Queda claro que ser parte de un grupo social históricamente excluido no habilita –de un modo espontáneo– la sensibilización y la solidaridad frente a otros modos de pertenencia y de existencia en los márgenes de la blanquitud, la heteronormatividad y la ciudadanía.

Estas advertencias ya las hacían las feministas chicanas y las feministas negras en EE. UU., durante los años 60 y 70. Este reclamo constante lo lanzaban a las feministas blancas, de clase media, profesionales.

El libro fue editado por Uriel Quesada, Letitia Gomez y Salvador Vidal-Ortiz. University of Texas Press. 2015.
El libro fue editado por Uriel Quesada, Letitia Gomez y Salvador Vidal-Ortiz. University of Texas Press. 2015.

Las diferencias de clase, de color de piel, de nacionalidad, de acento, de idioma, siempre emergen. Sin embargo, se hacen invisibles detrás de un nosotros que representa cierta clase, cierto color de piel, cierto tipo de habla y de nacionalidad. Señalar esa doble moral, ese privilegio que ostentan algunos a pesar de que experimenten rechazo social debido a su orientación sexual, con frecuencia fue calificado de separatismo, de traición, de reclamo infantil, inoportuno, desleal.

Esa experiencia de desgarro provocada por la imposición que venía de quienes, supuestamente, debieron haber comprendido el costo vital que implica negar la propia forma de vida, detonó la organización de un activismo que diera cuenta de cómo se vive en carne propia el rechazo y la privación, cuando se es mujer, lesbiana, de origen latinoamericano, o migrante sin documentos; o cuando se es hombre, chicano, homosexual y desempleado.

¿Qué sabe un hombre gay, blanco, de clase media, con título universitario y un buen trabajo; de la angustia vivida por un hombre latino, homosexual y que apenas terminó la secundaria, que no puede acceder a un servicio de salud? ¿Es la identidad como hombres homosexuales lo que podría acercarlos?

La teoría queer , la interseccionalidad, y la propia experiencia de vida de Vidal-Ortiz, Quesada y Gómez, son algunas de las herramientas teóricas-metodológicas utilizadas para profundizar la reflexión sobre estos problemas, puestos sobre la mesa de intercambio y reflexión en este libro, que, a su vez, tiene diversos niveles y posibilidades de lectura.

Hacer la historia

Si es cierto que la historia la escriben los vencedores, un recuento testimonial como el de las 16 personas que hablan a través de Queer Brown Voices no solo es necesario, sino obligatorio de conocer para quienes hoy continúan organizando la lucha por los derechos y la vida de las personas que no entran dentro de las formas hegemónica y excluyentes de ver el mundo.

Desde los diversos movimientos feministas, y en distintos momentos, se han encendido las señales de alerta: si no somos nosotras las que escribimos la historia, las que contamos lo que pasó y lo que hicimos, lo que nos costó, lo que ganamos y lo que perdimos, nadie más lo hará. Y nadie más lo hará porque la historia la escriben esos a los que –justamente– les estamos disputando poder, espacio, capacidad para nombrar y para decidir.

No obstante, claro, la historia y las ideas no solo se divulgan a través de lo escrito en el papel. El registro de los hechos, de los pensamientos, las emociones y los gestos, no se limita a la palabra escrita. Es, en primera instancia, una tarea que se ha realizado desde los albores de las sociedades humanas, a través de la oralidad. Es la palabra hablada, es la narración lo que ha permitido que tanta información no se perdiera en el tiempo, no cayera en el olvido de lo innombrado o innombrable dentro de la historia escrita por los vencedores.

Otra versión. | UNA DE LAS VOCES EN EL LIBRO ES DE LA ACTIVISTA TRANSGÉNERO ADELA VÁZQUEZ; FOTO EN SAN FRANCISCO, 1995. FOTOGRAFÍA. CORTESÍA DE JAIME CORTEZ.
Otra versión. | UNA DE LAS VOCES EN EL LIBRO ES DE LA ACTIVISTA TRANSGÉNERO ADELA VÁZQUEZ; FOTO EN SAN FRANCISCO, 1995. FOTOGRAFÍA. CORTESÍA DE JAIME CORTEZ.

Y esta realidad ha sido subrayada y demostrada una y otra vez, desde los inicios de los diversos movimientos feministas, incluyendo el campo de la investigación académica feminista. Asimismo, los estudios descoloniales, el trabajo teórico y metodológico comprometido con desmontar las lógicas racistas, sexistas, homofóbicas y xenofóbicas, dieron cuenta de que la producción y circulación cultural reproducía ese silenciamiento de las voces subalternas, de las voces de los sujetos “vencidos”, es decir, “no existentes”

Por esta razón, Queer Brown Voices me hizo pensar, además, en proyectos editoriales paradigmáticos como Kitchen Table: Women of Color Press .

El esfuerzo de Uriel, Letitia y Salvador honra y se nutre de esa escuela de resistencia cultural y de producción crítica que iniciaron en Estados Unidos, durante los años 70, mujeres negras y latinas, feministas y lesbianas, como Gloria Anzaldúa, Audre Lorde, Barbara Smith, entre otras.

Al mismo tiempo, pienso en lo que falta por documentar y en lo que tal vez corra ya el riesgo de caer en el olvido. Pienso en la historia aún no contada o contada solo en parte, de los movimientos queer/ LGBTI en Centroamérica. Y pienso también en los riesgos y en la pérdida, que podría significar para los movimientos sociales queer y no queer , el desconocer el camino recorrido durante los últimos 40 años de movilización social, de producción intelectual, de estrategia política y dinamización cultural impulsadas por las organizaciones activistas feministas, queer y lésbico-gays.

La autora es investigadora del Centro de Investigación en Estudios de la Mujer y profesora de la Escuela de Filosofía de la Universidad de Costa Rica.

Acerca del libro

Queer Brown Voices. Personal Narratives of Latina/o LGBT Activism

Editado por: Uriel Quesada, Letitia Gomez y Salvador Vidal-Ortiz University of Texas Press. 2015

Este libro cubre gran parte de los Estados Unidos y la historia de las luchas de la comunidad LGBT latina desde 1980 hasta el principio del siglo. Hay historias sobre organizaciones culturales y sociales (Gloria Ramirez y el Esperanza Peace and Justice Center en San Antonio, Texas), programas de radio que dan visibilidad a la comunidad (Jesús Cháirez y su programa Sin Fronteras en una radioemisora de Dallas), servicios a personas trans de color (Adela Vázquez), grupos de apoyo a madres lesbianas (Mona Noriega en Chicago), la fundación, desarrollo y crisis de las más importantes organizaciones LGBT latinas en el país (Letitia Gomez en Washington D. C.), el proceso de rescate y archivo de materiales efímeros como pósters o programas de eventos para documentar la historia (José Gutiérrez, Washington D. C.), la epidemia del sida, sus consecuencias y las luchas para tener acceso a tratamiento y medicamentos (Moisés Agosto-Rosario, Puerto Rico) y las peculiaridades del movimiento social LGBT en Puerto Rico (Olga Orraca Paredes).