La Galería Luis Adelantado en Valencia, España, acoge la más reciente propuesta artística de la costarricense Priscilla Monge.
La exposición, titulada Rojo , reúne un conjunto de obras recientes que se caracterizan por lanzar una ácida pero, a la vez, elegante crítica a varios asuntos cotidianos.
Una vez más, Monge despliega su versatilidad creativa en una muestra que combina distintos soportes y medios de expresión.
Dos series de fotografías, esculturas realizadas a partir de pupitres escolares, una instalación con pizarras y varias telas estampadas con sangre humana integran la segunda exposición que la artista presenta en ese espacio.
Irónica y sutil. Reconocida por su participación en la 49.° edición de la Bienal de Venecia en el 2001, Monge (1968) confronta al espectador con temas que muchos prefieren ignorar o de plano ocultar.
“Su obra no es nada complaciente y propone una mirada cercana a la cruda realidad que se esconde bajo la superficie del día a día”, opinó el director de la Galería y curador de la muestra, Luis Adelantado.
Según el curador, la artista se vale de una agudeza y humor extraordinarios para desenmascarar las verdades sobre temas cotidianos como el sistema educativo, los juegos de poder, la violencia social, la ausencia que causa el trauma, y la dualidad entre vida y muerte.
Los pupitres escolares de Monge sustituyen la mesa de madera por una estructura de mármol semejante a una lápida.
En la fría superficie de esos pupitres se leen textos como “Te ando buscando para matarte, pero me robaste mi pistola”.
El salón de clases queda completo con una instalación formada por pizarras escolares en las que aparecen frases que se repiten una y otra vez, a modo de castigo, como “No debo perder las piernas”.
Una serie de telas estampadas con sangre humana llaman la atención sobre la violencia social que no discrimina sexo, edad ni condición social. El diseño de las serigrafías recuerda a un mosaico cerámico y cada obra lleva el nombre de personas cercanas a la artista que murieron en circunstancias trágicas.
“Estas serigrafías también aluden a la historia del arte, y sus motivos van desde la abstracción geométrica hasta estilos más complicados y barrocos”, dijo el curador. La propuesta fotográfica comprende dos series: Máscaras y Maniquíes . La primera de ellas presenta varios autorretratos en los que Monge es la protagonista de sus propias obras en una especie de melodrama romano.
En la segunda serie, la artista utiliza un maniquí con aspecto preadolescente violentamente maquillado, al que la artista le pegó unos ojos y boca recortados de una revista de moda.
“Al tomar una fotografía de esa figura, el resultado es una imagen inquietante que nos molesta, una especie de collage , sin serlo, que nos avisa que algo no anda bien”, afirmó Adelantado. La exposición se exhibirá hasta el 30 de abril.