27 marzo, 2016

Todos alguna vez hemos repetido la frase de que no se debe juzgar un libro por su portada, y todos alguna vez hemos tenido que comernos esas palabras al encontrar, para bien o para mal, un libro cuyo contenido ya estaba revelado en su frontispicio.

Sin embargo, a pesar de la frase y su persistencia, casi nunca nadie menciona las portadas en una reseña, y sería bueno corregir por una vez esa injusticia y decir que el libro Música prosaica (cuatro piezas sobre traducción) , de Marcelo Cohen, es tan bueno como su portada: un tiquete de tranvía hacia Dessau, un billete de trasbordo cuyo diseño recuerda más una reacción química que un mapa urbano, y un fragmento con compases de música coral; todo impuesto sobre un fondo de infinito celeste smog como el del cielo o el de las posibilidades y preguntas que aún plantea ese viejo tema de traidores, la traducción.

En ese diseño están contenidos los principales temas de los cuatro ensayos que recoge el libro: la traducción como movimiento o viaje físico y lingüístico; la traducción como trasbordo, como punto de unión entre dos puertos; la traducción como multiplicidad de voces que forman, de una manera quizá invisible sobre el papel, una armonía inteligible a la hora de plasmarse en sonido y discurso, y la traducción como química o ciencia de las mezclas de elementos (o palabras).

Cohen entiende que verbo y música se entroncan por el lado del silencio, y trae a colación a Juan José Saer y su frase “Otros, ellos, antes, podían”: ese staccato en tres troqueos y un yambo, una tos humilde que le da cuerpo a la duda y a la espera; un rompimiento con la direccionalidad y un reconocimiento de los límites de la linealidad y la armonía.

En Nuevas batallas por la propiedad de la lengua , Cohen expone sus desencuentros editoriales y personales con la variedad léxica del español. Algunas de sus páginas más memorables sobre la ética de traducir están aquí: “nadie que piense con frecuencia y alguna profundidad en el lenguaje puede no desembocar en la política, o cambiar su manera habitual de pensarla” (p. 33).

El libro Música prosaica, de Marcelo Cohen.
El libro Música prosaica, de Marcelo Cohen.

Tributaria de esta reflexión ética es la tercera pieza del conjunto, Dos o más fantasmas , donde de nuevo la argentinidad por nacimiento se ve cara a cara con la peninsularidad por destierro, y donde Cohen enfrenta la realidad de ser “bilingüe” en una sola lengua.

La pieza final, Persecución , es una breve crónica sobre un día en la vida de un traductor, sus dudas neuróticas y sus manías persecutorias. Tanto aquí como en los demás ensayos, Marcelo Cohen logra exponer la traducción como un oficio real y una manualidad contable sin la bruma del misticismo y sin los imponderables teológicos que tanta incomprensión le han acarreado entre editores y lectores.

La prosa de Cohen revela a menudo un claro tic de traductor en ese “autoborramiento” (querría decir self-effacement ; algo así como modestia o humildad) que practica sin restarle una gramo de contundencia borgeana a tantas de sus páginas: “Creo que la única forma de ir al grano es atacar la enésima variación de algunos episodios” (p. 29).

“La traducción”, dice Cohen en otra página de este librito imprescindible, “permite cotejar y renovar las ideas propias con el lenguaje del otro”. Música prosaica se presenta como un libro sobre traducción, pero quien tenga un rato para escarbar un poco se dará cuenta de que en realidad es un manual para pensar mejor, en cualquier idioma.

Acerca del libro

Marcelo Cohen (Buenos Aires, 1951). Música prosaica (cuatro piezas sobre traducción) . Ensayo. Entropía 2014. 86 páginas. A la venta en las librerías Duluoz y Buhólica.