Los murales portátiles miden 1,83 por 2,44 metros, pesan 454 kilos cada uno y ya se habían mostrado una vez al público en en una exposición que el MoMA realizó en 1931.
Sin embargo, después fueron vendidos por separado y terminaron en colecciones privadas y públicas en Estados Unidos y México.
Las piezas, realizadas sobre acero y hormigón, muestran escenas de la Revolución mexicana y de la época de la Gran Depresión en Nueva York. “En 1931 no era normal hacer una retrospectiva de un artista vivo en el museo. Esa exposición demostró la importancia de Rivera y comprobó que él tenía algo que decir en ese momento de crisis económica”, comentó la curadora de la muestra, Leah Dickerman
La exposición, titulada
Seis semanas antes de la muestra de 1931, el artista trabajó de forma intensa en una galería vacía del museo con la ayuda de tres asistentes y creó cinco frescos con escenas de la historia de México.
Después de la exposición –que rompió un
De los ocho murales, el MoMA muestra ahora tres frescos con escenas mexicanas y dos con escenas neoyorquinas. Los murales
“Una de las cosas casi increíbles sobre Rivera es que él encontró la forma de hablar sobre los valores políticos y sociales y de hacerlo de una manera que realmente emocionaba e impactaba a la gente”, opinó Dickerman.
La curadora señaló que escogió este momento para la organizar la exposición en parte debido a la crisis económica que vive el país pues Rivera se valía de sus obras de arte para plantear críticas al sistema social, político y económico.