Como antesala a la celebración de su día, el segundo domingo de marzo, ayer se inauguró en San Antonio de Escazú , San José, el Monumento al Boyero.
Con esa obra, realizada por un costarricense con productos nacionales, rinde homenaje al oficio del boyero en la historia del país.
El mural, esculpido en concreto con pigmentos terracota, es producto del ingenio artístico del costarricense Mario Parra, quien destaca en su creación a los boyeros, sus animales y las carretas.
En él se representan todos y cada uno de los elementos característicos de este tradicional oficio, que tuvo su auge en el siglo XIX, cuando era prácticamente imposible acceder a más medios de transporte.
Las carretas eran el soporte sobre el que se colocaban los productos; los bueyes eran los que cargaban con el peso y representaban el movimiento, y los boyeros eran los conductores, los que dirigían a los animales.
Así, sin perder detalle, Mario Parra refleja en su escultura la labor campesina de este pueblo: el café, el maíz, la carreta con la madera o la caña, la cantina, la iglesia, los boyeros, las ruedas de las carretas, los cerros de Escazú e incluso la mujer boyera.
El autor quiso que la mujer boyera también estuviera presente en la obra como forma de luchar contra el machismo que ha existido durante años en los pueblos e, igualmente, en el oficio del boyero, y alabar su liderazgo asumido en los últimos años.
Año dedicado al boyero. Más de un año ha sido el tiempo invertido por el artista para realizar el monumento. Utilizando la técnica del modelado, Mario Parra fue creando los moldes por separado en su taller hasta tenerlos todos. Una vez así, los ensambló de una vez en la plaza de San Antonio, dando lugar al actual mural de 48 metros de largo y cuatro de alto.
El concreto fue el material utilizado para realizar la obra, al que se añadió arcilla para darle un tono terracota que recuerda el color de los caminos del país; de ahí que no parezca puro concreto, sino barro.
En el 2005 la Unesco declaró al boyero y la carreta como patrimonios intangibles de la humanidad, algo que parece haber fomentado el recuerdo y la recuperación de esta antigua tradición entre los ticos.
El autor. Mario Parra es un reconocido artista y profesor de la Universidad de Costa Rica. Lleva más de 25 años viviendo en San Antonio, y desde hace algún tiempo quería dedicarle una obra a este lugar. Asegura que ha perdido dinero al realizar la obra, pero tiene como recompensa el disfrute de la gente. “Con los agradecimientos y honores que me brindaron en la inauguración ya me puedo morir”, expresó.