Fernando Chaves Espinach. 4 febrero, 2018

La reputación de Danilo Kiš siempre ha resultado insuficiente para la altura de su obra. Es raro que, en nuestra época de posverdad y del peligroso resurgimiento del autoritarismo, no esté más presente en la discusión cultural un libro como Una tumba para Boris Davidovich, con su demostración de las fronteras lábiles entre la verdad y la mentira, así como su firme defensa de la humanidad.

Quizá la escasa fama del escritor serbio (1935-1989) se deba a que murió antes de que las guerras que asolaron Yugoslavia pusieran a sus autores en la palestra internacional o a su inconformidad con toda ideología –izquierda y derecha salen dañadas por igual en sus ensayos y ficciones–. El caso es que, a pesar del silencio, Danilo Kiš fue uno de los mejores novelistas del siglo XX, el único que pudo haber parido un personaje así.

Danilo Kis, escritor serbio, autor de 'Una tumba para Boris Davidovich'.
Danilo Kis, escritor serbio, autor de 'Una tumba para Boris Davidovich'.

La editorial Acantilado ha editado gran parte de su obra en español, y recientemente prolongó esa labor con una rica recopilación de ensayos y entrevistas, Homo poeticus.

En una serie de piezas breves, ensayos críticos extensos y conversaciones, el libro dibuja un intelecto fértil, riguroso y convencido de la urgencia moral de la literatura. A Kiš le tocó vivir en la Yugoslavia comunista y se exilió en París, donde murió demasiado joven; siempre rehuyó de intentos de encajonarlo y desprestigiarlo, con acusaciones de plagio, en su patria. Fue lo que quiso y vivió a su modo.

Pero Kiš es una figura forjada en el combate por la dignidad que está en el corazón del siglo XX. “El nacionalismo es, ante todo, paranoia individual y colectiva”, escribió una vez, resumiendo su aversión por la retórica chovinista que predominó en debates culturales y políticos de su patria en otro momento –y que aún prolifera, lamentablemente, en muchos países del este de Europa–.

La alergia de Kiš por el pensamiento totalitario se explora en sus análisis de la literatura de su país incluidos en Homo poeticus, como “Dogma y resistencias”, “Predicamos en el desierto” y “Por el pluralismo”.

“El nacionalismo es, ante todo, paranoia individual y colectiva”

En este último texto, reclama la pobreza de la crítica de su país para confrontar la literatura “realista”, más partidaria que verdaderamente comprometida con “reflejar la realidad”. Escribir “al margen y a pesar de los cánones y exigencias del momento que dictan los grupos dominantes”, dice Kiš, “significa luchar por la libertad moral y política de una cultura”.

En su propia literatura, Kiš perfeccionó “el arte de mentir verazmente”, como describió su obra Guy Scarpetta, difuminando los límites de la realidad y la fantasía, diluyendo la veracidad y la mentira, contrastando la imaginación con la pobreza moral e intelectual de una sociedad oprimida y cansada.

Hay dos corrientes en la ficción de Kiš, sobre las cuales se explaya en las entrevistas de Homo poeticus: una de inspiración autobiográfica, poética y en ocasiones fantasiosa (como la espléndida novelita Jardín, ceniza), y otra, pseudodocumental, traviesa con los “hechos” y de feroz crítica política, como Una tumba para Boris Davidovich.

En ese libro, el más conocido de sus títulos, Kiš entrelaza siete historias de persecución y censura en la Yugoslavia comunista y eviscera la hipocresía de su época ante los crímenes del totalitarismo.

En una entrevista incluida en Homo poeticus, el autor explica que Boris Davidovich nació del enojo ante la “ignorancia política” que existía en Francia con respecto a los campos de trabajo forzado y otros flagelos que determinaron el siglo.

Portada de 'Homo poeticus', de Danilo Kis.
Portada de 'Homo poeticus', de Danilo Kis.

Es un libro rudo, pero hay algo de luz: “A menudo un hombre puede cambiar con su coraje civil tanto el destino personal como el destino humano en general”, dice Kiš en la entrevista. Es ficción escrita como si fuera testimonio, un juego de verdad y mentira que crea su propio método literario para denunciar la barbarie de los campos.

Hay en Homo poeticus bastantes posibilidades para comprender tanto ese como los libros más autobiográficos de Kiš. Si bien la compilación incluye algunas piezas francamente malas, y un par versan sobre artistas lamentablemente casi inaccesibles en español, es un contundente testamento intelectual y poético.