
Luego de escuchar, por casi dos horas, risas nerviosas mezcladas con gritos de espanto del público, no quedó duda que
Hasta el teatro El Triciclo llegamos el domingo, motivados por recomendaciones de distintas personas que aseguraban que ese montaje mostraba una historia capaz de poner los pelos de punta.
Cuando las luces de la sala se apagaron y se abrió el telón, todo parecía normal. Al frente estaba el señor Arthur Kipps (Carlos Alvarado), un viejo algo tímido, de anteojos pronunciados y con unas hojas en sus manos.
El objetivo de Kipps era aprender elementos de actuación, para poder contar una historia que vivió en carne propia siendo joven.
Para cumplir su objetivo acude a John Morris (Carlos Martínez), un actor profesional quien promete convertirlo en un actor shakesperiano, si se apega a sus consejos.
Luego de varios intentos llegan a un acuerdo y juntos comienzan a ensayar la obra del aspirante a actor, con el objetivo de presentarla en el teatro.
La historia de Kipps comienza con una asignación que le encomiendan cuando era empleado de una agencia de seguros. Su jefe le pide que acuda al funeral de un cliente, la señora Alice Drablow.
De paso, Kipps deberá ir a la mansión de la muerta y reunir una serie de documentos, tarea que le llevará varios días.
El joven emprende su misión, pero cada vez que se encuentra con alguien y menciona el apellido Drablow es como si invocara al mismo Mefistófeles.
Conforme pasan los minutos crece la tensión en el público. Cuando finalmente Kipps llega a la mansión, los gritos de pavor por parte del espectador ya eran numerosos.
Pese a lo valiente que se muestra Kipps al comienzo, este decide aceptar que en la mansión pasa algo que no es nada normal.
La historia da un giro inesperado cuando el protagonista descubre a un personaje extraño: la dama de negro (Gabriela López).
Enrique Solís, de Cartago, fue uno de los espectadores que aseguró salir encantado con la propuesta y, desde luego, algo asustado.
Por su parte, para Jafet Castro, de Pavas, la obra cumplió con su objetivo de generar terror. Él agregó que es bueno encontrar propuestas más allá de las comedias.
Según Mauricio Astorga, director de la obra, asustar al público fue el mayor reto que se enfrentó. Para lograrlo, los creadores trabajaron en elementos como los silencios, las miradas de los personajes, los efectos de sonidos y la luz, aspectos que juegan un papel protagónico.
“Para mí es más difícil asustar al público que hacerlo reír. Sin embargo, en
El montaje en escena se vale de recursos sencillos para contar su historia. Ocupa solamente dos sillas, un baúl enorme y, como le dice Morris a Kipps durante la obra, mucha imaginación.
Además del trabajo hecho por los artistas nacionales, la obra llegó al país con un excelente currículo. En Londres lleva 21 años de presentarse en el teatro Fortune, mientra que en España alcanzó los 11 años y en México, suma 17.