Hasta hoy, quien observaba la cúpula de la sala de Derechos Humanos del Palacio de las Naciones Unidas en Suiza, sentía que ante sus ojos se desplegaba un inmenso desierto blanco de 1.400 metros cuadrados. Ahora, gracias a la obra de Miquel Barceló, le parecerá que está sumergido en un mar agitado.
El mural que fue inaugurado ayer en un acto solemne que contó con la presencia de del rey Juan Carlos de España y el jefe del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon se ve distinto desde cada una de las 700 butacas que hay en la sala: de arriba cuelgan cientos de estalactitas de hasta dos metros de largo y 50 kilogramos de peso , mientras una gigantesca corriente marina desplaza siete olas en dirección Sur-Norte, África-Europa, y 26 colores estallan abriéndose a varias miradas y lecturas, de la prehistoria a la carrera espacial.
“Es una cueva que se mueve y un mar que también se está moviendo”, explica Barceló que a sus poco más de 50 años se ha convertido en uno de los artistas contemporáneos más cotizados del mundo: “La cueva es una metáfora del ágora, el primer sitio de reunión del hombre, el gran árbol africano donde sentarse a hablar, y el único futuro posible: diálogo, derechos humanos. El mar es el pasado, origen de las especies, y la promesa de un futuro nuevo: la emigración, el viaje... Creo que es posible que el futuro sea así: una cueva y el mar”.
La magnificencia de la obra que hizo que algunos críticos la compararan con la Capilla Sixtina del Vaticano pintada por Miguel Ángel logró acallar la polémica que se había desatado sobre su financiamiento.
Y es que tras dos años y 35.000 kilogramos de pintura invertidos por el artista, se supo que el costo de la remodelación de la sala, financiada por España, ascendió a unos 20 millones de euros (unos 25 millones de dólares), de los cuales medio millón (casi 650.000 dólares) corresponde a los fondos de ayuda al desarrollo (FAD), destinados a luchar contra la pobreza en el Tercer Mundo.
Desde el Ministerio de Exteriores de España, se insistió en la falsedad de la afirmación.