Está generalizado en nuestro idioma el título señor antes de algunos cargos y posiciones de importancia: el señor Presidente, el señor Ministro, el señor Obispo, el señor Juez ...
El DRAE, en ediciones anteriores, presentaba la acepción 12.ª de señor como “término de cortesía que se aplica a cualquier hombre, aunque sea de igual o inferior condición”. El diccionario VOX ofrecía una más sencilla explicación: “Como tratamiento se antepone al nombre común (señor cura, señor profesor) o al apellido (señor Martínez)...”.
La edición actual (22.ª) del DRAE establece en la acepción 5: señor . Título que se antepone al apellido de un varón... señor González , o al cargo que desempeña... señores diputados … En España se antepone al don que precede al nombre: señor don Pedro , señor don Pedro González … En gran parte de América, al nombre seguido del apellido: señor Pedro González … Y, en uso popular, al nombre solo: señor Pedro …
[Ese señor don (usado básicamente en documentos y cartas) constituye, viéndolo con lógica, un auténtico pleonasmo o redundancia si consideramos que don proviene (apocopado) del latín dominus , que significa, precisamente, señor ].
La evolución semántica de señor abarca desde un origen de edad (en latín senior /más anciano/), pasando por el sentido de dueño, título de nobleza, cortesía para gente de alcurnia y, finalmente, tratamiento para cualquier hijo de vecino.
Lo conveniente o inconveniente del uso de señor está condicionado a aspectos meramente sociales y a prácticas y costumbres de tiempos y lugares. El título señor parece obligado ante cargo importante si se trata de un vocativo: Buenos días, señor Ministro... ; Señor Presidente, queremos ...; Con la venia, señor Juez . Sería inadmisible –al menos desde un punto de vista social– un Buenos días, Ministro..., Presidente, queremos... o Con la venia, Juez, sin el correspondiente señor .
En algunas oportunidades podría parecer que la lógica queda un tanto malparada ante un empleo de señor , normal en el señor cura o el señor Obispo, pero totalmente inusual en el señor Papa; común en el señor Ministro o el señor Presidente, pero realmente grotesco en el señor Rey.