La vida de una mujer cubana que medía solo 66 centímetros de estatura y quien logró convertirse en una celebridad de los teatros de variedades en la Nueva York de finales del siglo XIX obsesionó al escritor Antonio Rodríguez a tal punto que la hizo protagonista de su más reciente novela.
Chiquita es la obra literaria que a este autor cubano le ha tomado más tiempo escribir, pero no se arrepiente del resultado pues logró el libro que quería y, además, le valió el Premio Alfaguara de Novela 2008.
La obra es una biografía ficticia de Espiridiona Cenda, un personaje real, aunque bastante desconocido en su natal Cuba.
Esta pequeñísima mujer dejó su país en 1896 a la edad de 26 años, luego de una ruina económica, para instalarse en Nueva York en busca del estrellato.
La escasa estatura de Chiquita no fue un impedimento para convertirse en una de las más cotizadas estrellas del género vodevil o teatro de variedades.
Rodríguez reveló a La Nación algunos detalles de su más reciente publicación.
¿Por qué dedicar cinco años de trabajo y 560 páginas de novela a Chiquita ?
Escribo los libros que me apetece leer. Al descubrir Chiquita me pareció increíble que un personaje tan complejo y contradictorio no hubiera sido utilizado por ningún autor como protagonista para una novela. Encontré un personaje fuera de lo común que tenía todo lo que buscaba para la heroína de una novela de aventuras.
“Lo que me terminó de seducir fue la época histórica en que transcurre su vida, ese tránsito del siglo XIX al XX con todas sus transformaciones sociales, políticas, tecnológicas y morales”.
¿Cuál es la diferencia entre la Chiquita verdadera y el personaje de su libro?
La Chiquita de mi novela conserva los rasgos esenciales de la personalidad, psicología y temperamento de la verdadera Chiquita . Al igual que ella, es seductora, audaz, transgresora y es una sobreviviente. Lo que sucede es que en la novela todos esos rasgos se acentúan y uno puede enriquecer el personaje jugando con lo que pudo haber sucedido.
Usted deja muy claro que existe un gran componente de ficción al reconstruir una historia real...
No soy un biógrafo ni un historiador. Respeto en gran medida su vida, pero lo que me pareció aburrido, decepcionante o los detalles que que no pude comprobar los sustituyo con mi imaginación.
¿Y cuánta fidelidad existe en la reconstrucción de los acontecimientos históricos?
Si bien me tomé libertades con el personaje de Chiquita en lo que se refiere a la puesta en escena de la época, traté de ser riguroso y reproducir los hechos con la mayor exactitud posible.
¿Cómo es el acercamiento que usted hace sobre el conflicto entre Cuba y España por la independencia cubana y el papel que jugó Estados Unidos?
Traté de abordarlo lejos de la historia oficial y más cerca de los testimonios de la prensa de la época para evidenciar las posturas, a veces antagónicas, de los protagonistas y testigos de aquel conflicto.
“Hago énfasis en algo que desconocía, que descubrí cuando empecé a investigar: la gran curiosidad y expectativa generalizada que había en Estados Unidos sobre el futuro de Cuba como país independiente”.
¿Cuál es la imagen que le interesa rescatar de la época dorada del vodevil o teatro de variedades en Estados Unidos y Europa?
El libro tiene muchos elementos de fantasía y de absurdo incorporados, pero traté de ajustarme a los hechos históricos para mostrar todo ese mundo de los espectáculos de vodevil, los teatros, los circos y las ferias ambulantes.
“Para mí había un doble vodevil en esa época. Por una parte el de los escenarios y, por otra, había un mundo político muy vodevilesco con intrigas, conflictos, atentados e intereses económicos y políticos de las grandes naciones”.
Una estrella desconocida.
¿Cuáles fuentes consultó para dar sustento histórico a su obra?
Fue una investigación muy ardua pues, a pesar de haber sido una figura tan célebre y popular, Chiquita había caído en el olvido.
“Quizá por venir del mundo del periodismo, mi primera fuente fueron los periódicos estadounidenses del siglo XIX. Es muy fácil encontrar crónicas y noticias sobre Chiquita, por ejemplo en The New York Times . Luego pasé a otra fase de la investigación, busqué folletos y fotografías sobre ella y visité las ciudades por donde viajó esta mujer.
¿Es cierto que también utilizó la astrología?
Cuando se me acabaron todas las fuentes tradicionales de investigación la única forma que encontré para averiguar más sobre ella fue pedirle a dos astrólogas que le hicieran la carta astral.
“Obviamente no es una forma científica de investigación histórica, pero como yo soy un novelista puedo usarla y esas cartas astrales de Chiquita me ayudaron a perfilar la psicología del personaje y hacerlo más humano”.
Una vez recopilada la información, ¿cómo dio forma al libro?
Fue un trabajo muy difícil hallar la estructura de la novela, el equilibrio de las partes, así como encontrar los dos narradores principales y que sus voces fueran contrastantes. “Para mí lo más importante era el dinamismo y fluidez de la obra. “Mi objetivo era que, a pesar de toda la información histórica que contiene la obra, el lector pudiera deslizarse fácilmente por el texto”.
¿Cree usted en las moralejas dentro de una obra de ficción?
No, soy alérgico a ellas. Para mí lo principal es seducir al lector con una historia, unos personajes y su deambular por la ficción.
“Si logro que el lector reflexione me parece maravilloso, pero no es mi prioridad”.