El domingo 15 de junio, el vuelo 6313 de Iberia aterrizó en el aeropuerto Juan Santamaría. Claudio Fantini y Rolando Faba, apenas se bajaron del avión, se apuraron a recoger su equipaje.
Más que sus maletas, estos dos artistas costarricenses ansiaban reencontrarse con las obras que horas antes habían embarcado en Barcelona. Son los mismos cuadros que, desde ayer, se encuentran en las paredes del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (MADC), expuestos a la admiración y la crítica del público.
En el aeropuerto se conocieron Faba y Fantini, aunque el destino, hace rato, se había encargado de hermanarlos.
Ambos empezaron a estudiar en la Universidad de Costa Rica y, tras consagrarse aquí como artistas emergentes, los dos decidieron irse del país y emigrar a España. Faba lo hizo hace 20 años y, poco después, asentó en ese país su residencia permanente. Fantini se fue hace unos meses y aún no sabe cuánto le durará su “exilio”.
El MADC hizo crecer las coincidencias entre estos pintores cuando los convocó a exponer al mismo tiempo sus trabajos más recientes, que pintaron lejos, durante los últimos dos años. Fantini con ¡No hay cadáver! se apropió de la primera planta y Faba instaló Mirando al sur en el entrepiso del Museo.
Verde que te quiero verde. La obra que Faba trajo al país en esta ocasión es monocromática: completamente verde. Solo muy de cerca el ojo avizor del espectador creerá descubrir un viso dorado o algún resplandor blanco.
Y es que para apreciar esta exposición vale la pena acercarse hasta casi pegar la nariz a los lienzos. Solo así es posible disfrutar la individualidad de cada cuadro.
De lejos, se ven todos iguales, como si estuvieran hechos con los mismos trazos. Lo mismo ocurre, según el pintor, con los emigrantes, que, gracias a la asimilación, dejan de parecer extranjeros, parecen nativos hasta que algún dejo verbal los delata.
“Cuando estaba aquí, miraba constantemente hacia afuera. Luego, me fui y, cuando me curé un poco la nostalgia, comenzaron a aparecer las referencias a lo contextual, a mi propio lugar de origen”, señaló el artista recorriendo la muestra.
Faba, entonces, desde Barcelona miró hacia el sur y decidió retratar la naturaleza tica enmarañada, mucho más caótica que bucólica, imparable; dispuesta, como él mismo, “a crecer siempre más y a pesar de todo”.
Resurrección pictórica. Ya desde el título de su exposición, ¡No hay cadáver! , Fantini incita a buscar en sus cuadros un muerto.
Al público, aunque de entrada sepa que no lo encontrará, le cuesta creer esa ausencia porque, en casi todas las pinturas y en absolutamente todos los dibujos de la muestra, abundan los cuerpos caídos o derrumbándose. Cuerpos y más cuerpos desnudos o rasgándose unas vestiduras hechas de piel que, al romperse, no descubren un esqueleto, sino un hombre nuevo.
Pese a las apariencias, el pintor explica que no se trata de una masacre, sino de un renacimiento: la hecatombe de Fantini es, al mismo tiempo, dramática y triunfal.
Estos cuadros, como toda la obra del artista, hacen referencia a la historieta, al videojuego y al cine negro. Como si hubiera surgido del rincón oscuro de cualquier ciudad.
“Las referencias geográficas, sin embargo, son difusas. San José y Barcelona están desdibujadas, no hay ni un aquí ni un allá”, dice Fantini, como si el viaje que decidió emprender fuera más bien interno.