Jorge Arturo Mora. 16 mayo
Horacio Castellanos Moya suele incluir temas políticos en sus novelas. Fotografía: Alejandro Gamboa Madrigal
Horacio Castellanos Moya suele incluir temas políticos en sus novelas. Fotografía: Alejandro Gamboa Madrigal

Horacio Castellanos Moya nunca ha tenido reparo en decir que el desarraigo ha sido un tópico tanto de su vida personal como de su literatura.

Ahora, en medio de la celebración del festival literario Centroamérica Cuenta, el escritor salvadoreño confirma lo que siempre ha dicho, pero desde otra perspectiva: entiende la identidad como una suerte de configuración preconcebida que permea su obra.

Acerca de sus reflexiones sobre el cruce entre el mundo tangible y el universo de letras que lo ha consolidado como un referente inmediato de la literatura del istmo, Castellanos conversó con Viva. A continuación, un extracto de esa conversación.

—Este festival nos da una oportunidad de hablar de Centroamérica. Usted ha manifestado un desarraigo que marca su literatura, ¿qué significa para usted la región?

—Yo creo que Centroamérica es un territorio de pertenencia. Uno como escritor siempre vive en una contradicción, a pesar de que tiene este tipo de situación. Yo a este sentimiento le digo extrañamiento de la realidad, sentirse como en un estar y no estar. la parte mía que está es la centroamericana. Yo nací en Tegucigalpa, crecí en El Salvador, donde más he vivido es en México y también Guatemala... Creo que Centroamérica es un espacio geopolítico, histórico, un territorio común en términos de herencia y lengua. Creo que Centroamérica es una realidad diversa en la que, aunque el escritor tenga una situación de identidad quebrada, encuentra un punto de referencia.

—Usted salió hace décadas de El Salvador, pero el país sigue siendo un punto de regreso en su literatura. ¿Por qué?

—La identidad no es un pensamiento; es una forma de ser. No tiene relación con el desafió de escribir. Uno escribe porque tiene algo que contar. La identidad es algo que se carga; a veces uno ni es consciente. No me lo planteo que al escribir una obra debo pensar en la identidad o en las raíces, sino que se va a ir expresando porque está dentro de mí, pero no a través de una definición conceptual. Yo apropio las novelas a través de los personajes. Para mí, las historias que cuento están relacionadas con ciertos períodos de mi vida, la adolescencia y primera juventud, porque es un periodo que se marcan más los golpes en términos psíquicos y emocionales, y esos términos pasaron en El Salvador.

No encuentra relación directa...

—No... Mi última novela Moronga habla sobre migrantes en Estados Unidos, pero no me lo planteé así. Yo lo que tengo son dos personajes con historias específicas que empiezo a describir. La relación es inversa. El comienzo es particular.

—Aprovechando la reflexión de que la identidad es algo que se trae, ¿cómo asume usted su identidad? ¿Con brazos abiertos o como una carga?

—Creo que en el proceso de reflexión uno asume la identidad con espíritu crítico. Uno ve su propia forma de ser no de una manera complaciente. Mi planteamiento es que uno trata de asumir las contradicciones, los claroscuros y las partes que uno no conoce de uno mismo. No puedo vivir absolutamente complacido con mi identidad, lo que me motiva a escribir es vivir en una crisis permanente, con esas partes oscuras de mí mismo. Es el movimiento permanente.

 Horacio Castellanos regresa al país casi un año después de su última visita. Fotografía: Alejandro Gamboa Madrigal
Horacio Castellanos regresa al país casi un año después de su última visita. Fotografía: Alejandro Gamboa Madrigal

—Usted escribe sobre El Salvador residiendo fuera del país. ¿Alguna vez le ha atemorizado referirse a su patria aunque no esté en el día a día de los ciudadanos locales?

—No. Creo que escribir implica no estar atemorizado. Si yo tengo miedo de escribir sobre algo, independientemente de donde se desarrolle, pues seguramente no lo escribiría.

—¿Le gustaría dejar de escribir de El Salvador?

—Tal vez me lo he planteado en algún momento, pero no es algo que se pueda concretar. Está ahí, va a salir y yo lo acepto.